DÍAS DE SOL, PERROS SUELTOS, JARDINES EN CASA
Buenas noches nocturnas… Es muy tarde cuando me pongo a escribir. No ha sido por desidia; al cabo, hay días en los que se conecta antes con lo que se quiera decir porque está alojado en algún sitio, en el interior de la persona, todavía sin examinar. Como cuando inspeccionamos un armario en busca de eso que estamos necesitando y, de pronto, observamos que tenemos al alcance algo que buscábamos días atrás. Y eso es lo que ha pasado: no encontré dentro del mueble otra cosa que polvo y, puesto que es lícito forzar a la palabra, escribiendo sus signos hasta ligarlos a un destino incierto a estas alturas, me decido por un poema. Una espinela de Ana Francisca Abarca de Bolea, monja cisterciense, poetisa y escritora española, nacida en 1602 y muerta en Casbas, Huesca, en 1686:
**DÉCIMA A UN JARDÍN**
Estrella entre verdes hojas
naciste radiante y bella,
errante en tu misma estrella
pues te ocasiona congojas.
De los alientos que arrojas
por ese candor nevado,
a presumir he llegado
que hurtó tu mano sutil
si la blancura al marfil,
la fragancia a todo el prado.
Como llegué al poema antes que a la persona, es pertinente que repare en esta mujer aragonesa, entre religiosas desde los tres años y «monja con todas las de la ley divina» desde 1624.
Mediante la información que he reunido, sé que se carteó con eruditos del círculo de Lastanosa, como el conde de Salinas, Uztarroz y probablemente Gracián, quien incluyó poemas suyos en *Agudeza y arte de ingenio*. Su obra, impresa desde 1646, alcanzó reconocimiento en 1650. Entre la producción principal de Ana Francisca es preciso citar *Vigilia y octavario de San Juan Bautista* (1679), miscelánea con poesía y narrativa en forma de diálogo humanista. Y este texto que he traído en mi auxilio, tiene su réplica musical, de la mano de un artista llamado «cantautor» y un poeta clásico: Joan Manuel Serrat y Antonio Machado:
«Érase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor
y el marinero se fue
por esos mares de Dios.
La España de charanga y pandereta
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y alma quieta
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
Érase de un jardinero
que hizo un jardín junto al mar
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor
y el marinero se fue
por esos mares de Dios».
Luego, si quieren, buscan un libro y leen las piezas del poeta o conectan un dispositivo de reproducción de música y escuchan al cantante jubilado catalán. Sea como fuere, estos dos jardines, uno al lado del otro, sin otro criterio selectivo que el de responder a un concepto en el que predomina la naturaleza, son de los que se disfrutan sin necesidad de acudir al jardín. Tal vez haya pesado la oportunidad, por desgracia, tantas otras veces experimentada de advertir que los jardines auténticos, innecesariamente, se ponen en duda: acudir a los parques puede convertirse en una fastidiosa oportunidad cuando los perros ajenos deambulan a su antojo. Porque los dueños, custodios o familiares de los canes quieren. Al parecer, gracias a que la autoridad lo permite.
Y, cuando no hay más, no queda otra. Firmar y despedirse. O decir adiós.
Me destoso.
https://www.poesi.as/anfaba03.htm
https://es.wikipedia.org/wiki/Ana_Francisca_Abarca_de_Bolea
https://jmserrat.com/project/parabola/
https://www.youtube.com/watch?v=EYQWKM275Ow&list=RDEYQWKM275Ow&start_radio=1
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.




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