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  PATATAS, HUEVO, ACEITE Y SAL Buenas noches nocturnas… Partamos de la base de que si el objetivo es comer, beber y bailar hasta perder el conocimiento —siendo consciente de sus implicaciones y libre de la confusión propia de la adolescencia—, me declaro ausente en sintonía con el rechazo que siento. Sencillamente, me parece una idea intolerable e inadmisible. Otra cosa sería poseer los atributos que permitieran resistir los excesos hasta el punto de superar el reto sin rastro de pesadumbre. Tal invulnerabilidad quizá sea posible en las páginas de un tebeo; no sé si existe, pero no dudo del poder de la imaginación y de lo infranqueable que suele ser la realidad cuando, tozuda, quiere imponerse. Al fin y al cabo, se podría dominar al mundo sometiendo al género humano mediante interminables jornadas de fiesta. «El ave-verde cantaba paralelepípedo paralelepípedo paralelepípedo El ave-verde cantaba volando en un velocípedo. Paralelamente la recta disparada por el puente. Los polígonos ...
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DEL CURIOSO CASO DE LA ESCRITURA FANTASMA Buenas noches nocturnas… Se trata de una localidad costera con apellido fluvial originada en una comunidad de pescadores. El municipio tiene historia, puerto deportivo, dunas, pinos, un castillo y muchos veraneantes, cuando toca. Sin embargo, desde hace algún tiempo está poniéndose de moda. Muchos son los curiosos y desocupados que acuden a esta villa marinera para pasearse por el llamado «Paraje de los fantasmas». Existe un paso inferior que comunica el núcleo urbano con unos anexos residenciales situados al otro lado de la carretera que conduce al sur. En sus tramos techados hay una abundante muestra de la simpática promiscuidad creativa de los artistas que confeccionan rótulos multicolores, muchas veces superpuestos sobre los originarios, lo que suele llevar a la confusión. Como ocurre en tantas actividades humanas, los individuos que pertenecen a un mismo gremio son los primeros en «combatir» a sus iguales, con un fin que este cronista no l...
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  SOSPECHOSA MARCA Buenas noches nocturnas… No negaré que me hace gracia. Cuando observo a una persona hablando en serio acerca de sí misma, al tiempo que señala que tal acontecimiento o cual persona supusieron una marca, que la marcaron, esbozo una mueca de diversión. Admito que esos seres humanos a los que me refiero ponderan la historia de sus vidas y reconocen, en el origen de los efectos de algo que hacen o manifiestan, una trascendentalidad a la que se deben. Podría ser que, cuando las personas se sienten singulares y exigen atención personalizada, funden sus intervenciones en público en una apetencia de futuro. Esta debe distinguirse de cualquier otra, y eso me parece que incluye cierto patetismo. Digo que las declaraciones, a menudo, se interponen entre la realidad de los actos y lo que estos puedan valer a ojos de quienes no observan ese reducto de la obra terminada. Si digo: “soy el mejor”, en lo que sea, y elaboro ese aserto de manera que cautive como lo hacen los fuegos...
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  IRENE Buenas noches nocturnas… Así que hube de empezar por el principio. Pero ¿cuál fue? ¿El miedo? ¿La valentía? Una persona que padece un trastorno fóbico llamado “misofonía”, involuntario origen de mi interés, me ha puesto en esta disyuntiva. Ahora conozco que este padecimiento consiste en la intolerancia “a los sonidos cotidianos producidos por el cuerpo de otras personas, como comer, sorber, toser, masticar, o también por sonidos producidos al utilizar ciertos objetos, los cuales pueden desencadenar ansiedad y conductas agresivas en el paciente”, por causas neurológicas. Mediante la información que recojo de la Wikipedia debo verificar que, como quienes han facilitado ese detalle sostienen, “la misofonía se asocia a un trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad y, según algunos estudios, podría estar causada por experiencias negativas asociadas a sonidos específicos”. Contrasto este contenido y parece que no hay discrepancias. Por lo tanto, estoy ante una fobia que no ...
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  DE PALO Buenas noches nocturnas… No puedo recordar ahora; carezco de referencias. Algo sucedió y alguien dijo algo, y desde entonces me quedé con la idea de dar un palo. No de darlo yo, al menos si se entiende como alguna forma de agresividad: nunca estuvo entre mis planes. De hecho, ahora mismo no tengo objetivos concretos ni percibo nada que pueda predisponerme a tales lides. No soy de quienes recorren el mundo sosteniendo una porra como el rey de bastos. Pero me llaman la atención las resonancias. Creemos saber qué queremos decir cuando hablamos, aunque no sé si lo suficiente. Me preocupa la comunicación y, en ocasiones, los sobreentendidos generan lo contrario de lo que se pretende al entrar en contacto con terceros. Conviene retroceder y exponer lo que corresponde, más o menos exactamente, a lo que se denomina “dar contexto”. Si utilizamos esas tres palabras, “dar un palo”, podemos referirnos al delito —robar o cometer un atraco—; a una decepción, pérdida o impacto emocional...