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  SORBER Y SOPLAR AL MISMO TIEMPO Buenas noches nocturnas… A quienes estén ansiosos por jubilarse, digo: abandonen el inicio de este parlamento escrito. Sí, porque lo que sigue va a disgustarles. Y, si se quedan, lean: «En esta vida caduca, el que no trabaja no manduca. Ha venido de Roma: “que el que no trabaje no coma”. De tejas abajo, cada uno vive de su trabajo. Como el comer es diario, trabajar diariamente es necesario. Nace el hombre para trabajar y no para holgar». Dicho lo cual, no es extraño que asociemos el trabajo con la obtención de bienes y la rentabilidad de nuestras propiedades. Estas consideraciones de la llamada «sabiduría popular» los he recopilado de entre los que aparecen en la web de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, lugar por el que me he interesado a fin de obtener materiales para la puesta en marcha de esta comunicación. He visto a una empleada de la limpieza moviendo el culo, y este rasgo, ajeno al oficio propiamente dicho, me ha llamado la atención...
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  SOMBRAGUA Buenas noches nocturnas… Del mismo modo que existen los obituarios en la prensa, algunos entienden que la noticia de un nacimiento puede llamarse «natalicio». Ayer mismo, mientras examinaba un archivo de periódicos desaparecidos a principios del siglo pasado —no recuerdo ahora el nombre de la cabecera, escribo de memoria— encontré esta referencia: “Arroyo del Umbro, Sierra de la Adetana — 12 de noviembre de 1902”   “Caminantes de paso informaron que habían visto nacer a una extraña criatura. Lo hicieron después de ser detenidos por una pareja de la Guardia Civil para su identificación. Según explicaron, al registrarse los primeros rayos de sol, el agua del arroyo del Umbro —llamado así en recuerdo de un italiano nacido en la Umbría que lo descubrió— comenzó a oscurecerse, como si una sombra antigua despertara desde el fondo”. “Se formaron remolinos ascendentes con una lentitud casi ritual, reuniéndose alrededor de una figura que emergió sin romper la superfici...
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  LAUREL AMARGO Buenas noches nocturnas… Ni siquiera puedo describir su aspecto, y eso que debían de estar en las proximidades. Los nombres, porque se llamaban a voces, me parecieron árabes. Pero, claro, qué sé yo. Como si dominara las lenguas de otros, yo, que apenas conozco este idioma. En fin. Eran niños, jugaban, por lo que escuché —ya que ese parlamento lo reconocí—, a las escondidas, y exageraban mucho, llamándose antes de aparecer, fingiendo sorpresa. Deambulaba, de regreso a mi puerto de partida, por las cercanías de un parque, y me dio por imaginar. No a estos chavalines de domingo, sino a otros, muy aficionados a los juegos y especialistas, sin duda, en lo concerniente a esa actividad: ocultarse cual, a veces, solo se consigue revistiéndose de negro en la noche. La verdad es que, de haberse considerado oficio, habrían recibido el trato de maestros. Pugnaban por esconderse y les llevaba horas encontrarse los unos a los otros. Eran tres. Tres inseparables y, sin embargo, a ...
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  ORÉGANO Buenas noches nocturnas… El poeta vendrá a visitarme. Traerá entre sus manos una ramita de orégano y me la ofrecerá diciendo: «Hoy estoy feliz con las sábanas de la vida.   Lavé las sábanas.   Tendí las sábanas y las vi   aletear y elevarse como gaviotas.   Cuando estuvieron secas las descolgué   y hundí mi cabeza en ellas.   Todo el oxígeno de la tierra en ellas.   Todos los pies de todos los bebés del mundo en ellas.   Todos los calzones de todos los ángeles del mundo en ellas.   Todos los besos mañaneros de Filadelfia en ellas.   Todos los juegos de saltar pintados sobre las aceras en ellas.   Todos los caballitos hechos de trapo en ellas. Así que esto es la felicidad:   ese agente viajero.» Será su forma de decirme que se presenta con las mismas emociones y los mismos sentimientos con los que viene revestido. Al repetir estos versos de Anne Sexton y ...
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  CAPERUCITA, DE NUEVO Buenas noches nocturnas… Lo reconozco: es una ocurrencia. La materia prima es un cuento que casi puede reconocer cualquiera, pues constituye lo que bien se denomina historia universal. Es un juego de espejos y una elección caprichosa. Caperucita Roja, en una de sus exposiciones más breves. Veamos. Una niña que viste un atuendo con capucha de color encarnado recibe el encargo de llevar una cesta de comida a su abuelita. Esta vive más allá del bosque. La madre exhorta a su hija a fin de que siga sus instrucciones, y la niña parte contenta. Por el camino se encuentra al lobo titular del cuento, quien, fiel a sus maneras falaces, la engaña. Una vez obtenida la información necesaria, su idea es adelantarse a la pequeña y, tras comerse a la abuela, fingir de nuevo para cobrarse en las carnes infantiles el mejor de los postres. El lobo triunfa, no sin antes acceder a la letanía que todo el mundo sabe rezar: la de los ojos, la nariz y la boca enormes para ser los de ...