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  IRRELEVANCIA Buenas noches nocturnas… A estas horas faltan asuntos que definir, pero se actúa con solvencia si se dice que, al cabo de unos cuantos años, fallecerá. Podría llamarse John Doe o Jane Doe, si nace en Inglaterra; Pierre, Paul, Jacques, *monsieur tout-le-monde*, si nace en Francia; Tizio, Caio o Sempronio, si nace en Italia; Fulano, Beltrano o Sicrano, si nace en Portugal; Ivanov Ivan Ivanovich, si nace en Rusia; Erika, Max Mustermann, Hans u Otto, si nace en Alemania; Juan de la Cruz o Juanita de la Cruz, si nace en Filipinas; y, si nace en España, Mengano, Zutano, Perengano o Perencejo. En Argentina es más común Magoya o Mongo Aurelio. Terminará sus días un sábado por la mañana, después de su segunda taza de café, con independencia de la fecha estacional. Para suerte suya e indiferencia ajena —salvo para quienes lo conocieron— cabe atribuirle longevidad. Murió más allá de lo razonablemente estadístico, pero no tanto como para inquietar a nadie. Es decir, las causas d...
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  ONI Buenas noches nocturnas… Si se busca adecuadamente el nombre, en la web de la Real Academia de la Historia aparece esto que escribo a continuación: San Juan Arranz, Máximo. Máximo. Mambrilla de Castrejón (Burgos), 1933 – Madrid, 28.XII.2014. Humorista gráfico, dibujante y guionista. A continuación aparece un párrafo que pormenoriza un resumen de datos biográficos, con abundancia de fechas y nombres propios. Yo lo recuerdo de sus años en *El País*, mucho antes de que llegaran los dibujantes que actualmente figuran en la plantilla del diario. En casa hay un libro que se llama *Este País*, del que es autor Máximo San Juan. Y, en la contraportada del libro, un histórico periodista y escritor, Carlos Luis Álvarez, “Cándido”, puso de su parte, en resumen, que la obra literaria, ilustrada por las viñetas del autor, se comporta como una radiografía implacable del país por aquel tiempo: el volumen fue publicado en el año 1971. En él se examinan los espacios, rutinas, mentalidades e in...
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  LAS LENTEJAS SON LENTEJAS Buenas noches nocturnas… Dice mi peluquero que a uno le gusta la comida que le gusta. Y dice bien, como asentí mientras él podía rebanarme el pescuezo merced a la navaja con la que concluía el rasurado facial al que me avine. No por la amenaza, nunca percibida por mí, sino porque, efectivamente, comemos con gusto, a favor o en contra de lo que nos dicen que está rico. Y nuestro paladar, educado o sin la formación deseable, valiéndose de las referencias adquiridas durante el crecimiento en la casa familiar como primer activo, es capaz de apreciar las cosas de una determinada manera. Siempre y cuando las circunstancias no se modifiquen. Por eso, estoy de acuerdo con la persona que me presta sus servicios a fin de asear las manifestaciones capilares de mi cráneo. A este respecto, decir “mi peluquero”, o “mi fisioterapeuta”, o “mi esposa”, me satisface poco. Tengo la sensación de estar expresando el dominio que ejerce, con solvencia, quien es dueño de algo. ...
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  COMPLEJA Y COMPLICADA Buenas noches nocturnas… Son las cinco de la tarde, para lo que interesa a las palabras que acaban de leer. Quiere decir esto que todo lo demás se hace a continuación de la hora taurina por excelencia. A la vez, me doy cuenta, una vez este principio finaliza, de que sin haberlo previsto he propuesto, de alguna manera, el tema principal de este comunicado. O el que yo creo principal. Porque primero está la idea y luego, cuando se desarrolla, como los hijos, salen buenos o malos. Depende. Sea como sea, cuando digo toros, una de las cosas que digo es cuernos. Y el astado, como bien se sabe, supone mencionar, metafóricamente, cuando se produce, la infidelidad entre seres humanos que se han declarado amor a la antigua. Pueden ser dos o más de dos. A juicio de Arcadi Espada —que en su *Jornal* de hoy en el diario *El Mundo* habla del vino, porque otros periodistas dicen que se bebe menos, y de la pareja—. De la unión sentimental refrendada o no por el sacramento o...
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  EOLO ESTUVO DE VISITA Buenas noches nocturnas… Observo el exterior a través de la ventana. Es un día incómodo para realizar cualquier desplazamiento o actividad a la hora en la que redacto la pieza en curso. Sopla un viento que, según me dicen mis informantes, suena como el ensayo de una película de terror. Sus acometidas más intensas producen los efectos apropiados para que, quien recele, tema con el respaldo de los hechos. Por la calle, a pesar de todo, las gentes a pie no parecen experimentar dificultades y el tráfico evoluciona cual es común en días a medio camino entre lo laboral y lo ocioso. Una señora en bata entra en la tienda de la esquina. Su atuendo me hace pensar en su domicilio, que no debe de estar alejado. Y como la prenda, de un color entre Adviento y Semana Santa, llega hasta sus pies, comunica en mi mente con la imagen que tengo de esas obras cinematográficas del oeste norteamericano, cuando los intérpretes, varones recios y nada complacientes, aparecen arropado...