ELOGIO Y TEMOR DE LA LLANURA Buenas noches nocturnas… Se distinguía por poco. Una variación de gris separaba, a mis ojos, las aguas de la evanescencia atmosférica. Una ilusión. A falta de oleaje —digo, de rodillos en verdad voluminosos—, el imperio líquido era manifiestamente llano. De no haber sido por la distinción a la que aludí, a los efectos de mi conciencia ninguna otra cosa podría existir, incluso más allá de donde me alcanzaba la vista, que no fuera plano. A un caminante que no se desplaza sobre las aguas, sino dentro de ellas, la quietud del elemento actúa como un facilitador. Que la jornada todavía no haya desatado su ira de fuego, como la que se dice que nos espera, es un factor que sumar y, de esta forma, salen las cuentas: lo que percibo en conjunto me satisface. Por lo tanto, a pesar de la impertinente presencia de las expediciones arenosas provenientes de África, cabe contemplar, sin límites ni interposiciones, lo que confiere cierta tranquilidad. He de admitir, po...