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  UNIDAD DE MEDIDA DE LA ESTUPIDEZ TODAVÍA SIN ACUÑAR  Buenas noches nocturnas… Esas cosas acerca de las que uno evita hacerse preguntas simplemente porque las desconoce. Por ejemplo, si algo ante mí obrara hasta producirme perplejidad y estuviera en compañía de otros, tal vez sintiera la necesidad de que se me administrase un pellizco: para despertar, no por otra cosa. Cuando se duerme y se experimentan acontecimientos turbadores, no viene mal la interrupción de ese tormento, sea por decisión ajena o por virtudes del azar. Por lo tanto, convencido de estar cautivo de un sueño malo, o demasiado bueno, ese aguijón de insecto, practicado mediante la presa de una pequeña porción de piel de tal forma que produzca daño, lo demando y, si despierto y la suerte me favorece, digo albricias; y si todo continúa en mi contra, ¡pies pa’ qué os quiero! Pues bien, pellizcar es tanto como pizcar, verbo del que no sabía nada: «Tomar una porción mínima de algo». Viene *pizca*, de *pizcar*, y tu...
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  UNO A DOS El caso es que aprendió a cantar la canción de chiquilla. Y, en esos momentos, después de dar a luz, mientras tenía a su hija entre los brazos, cantaba sin parar: «Quisiera ser tan alta como la luna, ¡ay!, ¡ay!, como la luna, como la luna...» Sin embargo, nada de lo que sucedía se debió al azar. Su hija tenía la vocación de mirar a los rascacielos desde las nubes. Tal vez porque ella, la madre, era muy pequeña y porque la niña, un verdadero gigante en ciernes que hasta hacía muy poco se ocultaba en su vientre, revelaba ya sus intenciones: había nacido con una proporción de uno a dos. La madre lo comprendió desde el primer momento y no quiso que su hija se convirtiera en un monstruo de feria. Vendrían las preguntas, la extrañeza, los comentarios, las comparaciones, la codicia. Una vez, en una feria, vio a una mujer de trescientos kilos rodeada de curiosidad y espanto. No quería eso para su hija. Sabía que lo excepcional atrae primero la mirada, luego el temor y finalment...
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  Y LOS MÚSCIDOS TAMBIÉN Buenas noches nocturnas… Decir «todo el mundo parece estar de acuerdo» es tanto como sostener algo sin verificación previa. Por lo tanto, he de ahorrárselo al lector. Diré, a cambio, que existe consenso cuando se alude a lo pesadas que son las moscas. Llegan con la primavera y ya no se van hasta que concluye el verano: otra penalidad. Porque a los que no nos gusta el calor, ni las aglomeraciones ni las fiestas, hemos de compartir la vida, adicionalmente, con este inoportuno invitado. Además, las moscas, a juicio de muchos, son extremadamente dañinas por aquello con lo que cargan. Por eso, entre los especímenes más peligrosos del mundo están los siguientes: La mosca tsé-tsé, que transmite enfermedades mortales a los humanos. La mosca del gusano barrenador, porque devora el tejido vivo de los mamíferos. Mosca humana de la ruda (*Dermatobia hominis*): es nativa de América tropical. Utiliza vectores como mosquitos para depositar sus huevos en la piel humana. La...
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  FARFULLAR Buenas noches nocturnas… En un episodio de Los Simpson —sí, soy fan irredento—, Bart, el mayor de los críos de la famosa familia amarilla, bromea en el cole, aterroriza a sus compañeros y los muchachos abandonan el edificio como en estampida. El director Skinner y el superintendente Chalmers ordenan a Willy, el conserje, que reúna a la infancia dispersa. Cuando termina sus tareas de perro pastor, deja en las inmediaciones de la escuela a un grupo de chicos desarrapados, hijos de Cletus y Brandine. Se trata de una familia numerosa, representantes, dicen los entendidos, de lo que se conoce como «basura blanca» (white trash, en inglés), expresión que se utiliza para referirse despectivamente a las personas de tez blanca pertenecientes a las clases bajas o socialmente marginadas. El superintendente exige escolarizar a los muchachos y el director comenta que, de hacerlo, dada la supuesta desventaja formativa, se reduciría la media del provecho educativo de la institución y l...
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  TORO BIZCO Buenas noches nocturnas… Me llamó la atención. En una serie —ahora no recuerdo las circunstancias exactas— una persona entregaba a otra lo que denominó “planta del duelo”: un vegetal que vivía dentro de una maceta y que no pude identificar. A este respecto, tras algunas averiguaciones, podría haberse tratado del llamado “lirio de la paz”. O *Spathiphyllum* blanco, sirviéndonos del latín, que es su nombre botánico. Está asociado a la transmisión de calma y de pureza, conforme al ideal estético proporcionado por su flor y por la densa manifestación de hojas que componen cada uno de los ejemplares. Dicen, además, sus exégetas comerciales, que es una planta que perdura en el tiempo y ofrece un homenaje silencioso y lleno de cariño. Pero todo esto que acabo de comunicar, colindante con los símbolos y sus significados, actúa ahora como una cuña: la punta del zapato del vendedor a domicilio que impide el cierre de la puerta cuando los dueños de la casa que visitan declinan to...