LO MISMO, PERO NO Buenas noches nocturnas… Una vez satisfechas las primeras tareas domésticas de la jornada, acude, como todos los días, a su habitación. Abre la ventana. Recoge de la mesilla de noche la agenda. Se dirige a la entrada de la casa y la deposita en la mesita del recibidor. Luego desanda el camino, cierra la ventana y regresa al lugar mismo donde dejó el necesario cuaderno. Echa un último vistazo, comprueba que lleva lo necesario, toma la agenda y sale a la calle. Expuesto así, acabo de comunicar una sucesión de actos carentes de todo brillo. Puede presuponerse, con razón, que se trata de una costumbre. Ni más ni menos. Ahora bien… Una vez satisfechas las primeras tareas domésticas de la jornada —al fin y al cabo, aún puede valerse por sí mismo y nada le impide cumplir con el mantenimiento de su propia vida—, acude, como todos los días, a su habitación. Se dispone a realizar lo que hace tan a menudo porque es su manera de no olvidarse de las cosas: repetir es automat...