DIVAGACIONES Buenas noches nocturnas… El Tour de Francia finalizó el domingo en los Campos Elíseos, como suele ser. Digo, como meta o destino último: el resultado deportivo cambia. Son muchos años de historia. Por eso no voy a entrar en datos ni valoraciones especializadas. Si lo menciono es porque, como aficionado sin arte ni parte activa —confieso mi miedo a las carreteras y, como viajero en automóvil, sin embargo, admito que los que se desplazan sobre dos ruedas (los motoristas también) son una fuente de incordio para la circulación—, me gustan estas competiciones, por otra parte consuelo de veranos generalmente pródigos en desavenencias termales. Y, si ha terminado el Tour —pobre de mí, pobre de mí—, ¿qué me queda? Habrá que esperar a que comience la Vuelta: a rey muerto, rey puesto. El anunciante contrata a una empresa para promocionar sus productos. Los profesionales sugieren el ejemplo de una persona que sale de viaje. Una mujer. Urgida, desatada, ansiosa, muy preocupada. ...