ENTRE EL VICIO Y LA VIRTUD, AUTOMÁTICAMENTE Desconozco el tiempo necesario que hubo de pasar para que esta comunicación diaria, sostenida por mí sin reservas salvo por razones de fuerza mayor, se instaurara entre mis actividades hasta convertirse en hábito. Hablar de esas conductas que se integran en el diario acontecer de las personas por “repetición de actos iguales o semejantes” es arrimarse al concepto de automatismo: de acuerdo con la segunda acepción que figura en el diccionario de la RAE, “desarrollo de un proceso o funcionamiento de un mecanismo por sí solo”. Así pues, escribir —con mayor o menor talento, porque hay cosas que me apetece contar o porque considero adecuado ofrecer mi opinión— es un proceder consciente y no un fenómeno cuyos resultados admitan semejanzas con los de una cadena de montaje industrial. El hábito se advierte únicamente en las razones mecánicas del propósito. Escribo todos los días para ejercitar mis habilidades cognitivas y disfrutar de la forma ...