CAOS EN LAS VIALIDADES Buenas noches nocturnas… Cuando salió de la casa, se estremecieron los cimientos de la finca. Había discutido sin querer discutir. Diego era, a menudo, impertinente, incapaz de mentir o de callarse. Porque no se puede decir todo, como acostumbran quienes presumen de una transparencia propia de los que no tienen inconveniente en mostrar el interior de sus intestinos. “Mi trabajo”, “mis modelos”, “la belleza de la chica”… ¿Acaso no sabía lo perturbador que resultaba todo eso para ella? ¡Cuántas veces se lo había hecho saber! —Prefiero que no me cuentes nada. Pues otra vez la burra al maíz, y el burrito a los elotes, se dijo Frida. Así que no le hurtó filo a la lengua y, como sintió que se la combatía con el desdén, nada que se sostuvera podría evitar la conmoción que lleva aparejada el paso de un coloso. Desairada y presurosa llegó al portal y, a pesar de los pesares de su dolor físico y su cólera emocional, abordó el taxi que la esperaba, cual sube un genera...