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  SOSPECHOSA MARCA Buenas noches nocturnas… No negaré que me hace gracia. Cuando observo a una persona hablando en serio acerca de sí misma, al tiempo que señala que tal acontecimiento o cual persona supusieron una marca, que la marcaron, esbozo una mueca de diversión. Admito que esos seres humanos a los que me refiero ponderan la historia de sus vidas y reconocen, en el origen de los efectos de algo que hacen o manifiestan, una trascendentalidad a la que se deben. Podría ser que, cuando las personas se sienten singulares y exigen atención personalizada, funden sus intervenciones en público en una apetencia de futuro. Esta debe distinguirse de cualquier otra, y eso me parece que incluye cierto patetismo. Digo que las declaraciones, a menudo, se interponen entre la realidad de los actos y lo que estos puedan valer a ojos de quienes no observan ese reducto de la obra terminada. Si digo: “soy el mejor”, en lo que sea, y elaboro ese aserto de manera que cautive como lo hacen los fuegos...
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  IRENE Buenas noches nocturnas… Así que hube de empezar por el principio. Pero ¿cuál fue? ¿El miedo? ¿La valentía? Una persona que padece un trastorno fóbico llamado “misofonía”, involuntario origen de mi interés, me ha puesto en esta disyuntiva. Ahora conozco que este padecimiento consiste en la intolerancia “a los sonidos cotidianos producidos por el cuerpo de otras personas, como comer, sorber, toser, masticar, o también por sonidos producidos al utilizar ciertos objetos, los cuales pueden desencadenar ansiedad y conductas agresivas en el paciente”, por causas neurológicas. Mediante la información que recojo de la Wikipedia debo verificar que, como quienes han facilitado ese detalle sostienen, “la misofonía se asocia a un trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad y, según algunos estudios, podría estar causada por experiencias negativas asociadas a sonidos específicos”. Contrasto este contenido y parece que no hay discrepancias. Por lo tanto, estoy ante una fobia que no ...
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  DE PALO Buenas noches nocturnas… No puedo recordar ahora; carezco de referencias. Algo sucedió y alguien dijo algo, y desde entonces me quedé con la idea de dar un palo. No de darlo yo, al menos si se entiende como alguna forma de agresividad: nunca estuvo entre mis planes. De hecho, ahora mismo no tengo objetivos concretos ni percibo nada que pueda predisponerme a tales lides. No soy de quienes recorren el mundo sosteniendo una porra como el rey de bastos. Pero me llaman la atención las resonancias. Creemos saber qué queremos decir cuando hablamos, aunque no sé si lo suficiente. Me preocupa la comunicación y, en ocasiones, los sobreentendidos generan lo contrario de lo que se pretende al entrar en contacto con terceros. Conviene retroceder y exponer lo que corresponde, más o menos exactamente, a lo que se denomina “dar contexto”. Si utilizamos esas tres palabras, “dar un palo”, podemos referirnos al delito —robar o cometer un atraco—; a una decepción, pérdida o impacto emocional...
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  SOSTENERSE: MÁS ALLÁ DEL ARREBATO Buenas noches nocturnas… Cada vez que, por las razones que fueren, he de estimar la pasión y sus circunstancias —por sí misma o por su aplicación en lo que acontezca— siento la tentación de refutar el universo. Me parece que existe un vínculo que exagera o enmascara la realidad entre lo que responden las definiciones quinta, sexta y séptima del diccionario —«Perturbación o afecto desordenado del ánimo», «Inclinación o preferencia muy viva de alguien a otra persona» y «Apetito de algo o afición vehemente a ello»— y lo que considero un orden admisible de las cosas. La atracción que podamos sentir unos seres humanos por otros funda la pasión. Esto ocurre en nuestro cerebro y, según sostiene la ciencia hasta hoy, tiene una duración determinada. Por lo tanto, toda pasión puede esfumarse al cabo de un periodo, a veces más largo y a veces más corto. Solemos decir, también, que sentir pasión es sentir amor. Yo no lo creo. El amor puede ser consecuencia d...
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  MIOMBO Y TIMBÓ Buenas noches nocturnas… Tal vez por su altura, su fortaleza o su grandiosidad, tal vez por ser criaturas vivas y eficaces a las que no encuentro contraindicaciones, me gustan los árboles. Eso no quiere decir que sea un experto. Ni mucho menos. Me asombran, los admiro, pero apenas los conozco. Me refiero a la identidad de la mayoría como especie. Mal por mí. Además, hay dos de ellos a los que puedo identificar por sus nombres, y he logrado conectar, a partir de esta consecución, dos continentes, valiéndome de un mecanismo elemental en mí: me digo que, si tiene pasado histórico, habrá una leyenda, un cuento. En África hay un bosque de unos cinco millones de kilómetros cuadrados. Al parecer, es el de mayor superficie entre los bosques secos del mundo. Se llama Miombo y comprende territorios de Zimbabue, Zambia, Mozambique, Angola, la República Democrática del Congo, Tanzania y Malaui. El árbol más común de este bosque se llama también miombo: «una palabra bantú para ...