LOTÓFAGOS Buenas noches nocturnas… Todavía no he decidido qué es lo que olvidaré hoy. Tampoco debo preocuparme, por el momento. Carezco de nociones acerca de la posibilidad de que mi cerebro falle. Y, mientras esto esté fuera de sospecha, cabe depositar toda la confianza posible en el buen oficio del órgano que me anima. Es decir, por las razones que sean, al cabo del día habré perdido las conexiones necesarias para que alguna parte de la información contenida en ese conjunto de neuronas llamado «células de engramas» pueda activarse. Según los expertos, lo que se advirtió permanece, no se ha esfumado y, sin embargo, es —no sé si temporal o definitivamente— un mundo aparte. Por lo tanto, voy a olvidar, quiera o no quiera. Y, me estuve preguntando todo el día acerca de la voluntad de olvidar. Digamos, más allá de las funciones ejecutivas inconscientes atribuibles a la materia gris que se aloja en el cráneo de cada uno. Un supuesto cuya consecución no parece sencilla porque, del mis...