TACONES Buenas noches nocturnas… Rara vez me ocupo de los tacones, lejanos —como en la película de Almodóvar— o próximos. Digo, de los que calce en algún momento. No lo hago porque me interesa poco la verticalidad extraordinaria. Otras personas, sin embargo, prefieren ver el mundo desde más arriba y, sin dejar del todo los suelos, caminan, por tanto, a menos de cinco centímetros por encima del suelo, a entre cinco y siete, o a una altura superior a los ocho centímetros. Algunos y algunas desempeñan sus habilidades locomotoras con tacones de longitud aún mayor. Hay quienes no se conforman y utilizan zancos. Existen quienes se decantan por las escaleras y, por último, en el apartado de los muy inquietos, figuran aquellos que imitan las costumbres de los pájaros o de los insectos voladores y se compran un avión o encargan un aparato de hélices, automático, para que observe el mundo mientras ellos lo escrutan todo tras una pantalla. Eso sí, en el caso de que Pedro diga verdad —asunto no de...