CÓMICA EN SALSA VERDE La mar… —puesto que el lenguaje me lo permite, elijo la forma femenina porque la concibo más agradable de recibir en cuanto suena—, la mar nunca satisface del todo. Hoy, por ejemplo, muy agradable para el baño, resulta sosa. Privada de la energía arrebatadora de los días salvajes, de tan retenida parece un gigantesco cucharón de caldo. Diría más —una manera de proponer que lo digo— acerca de todo esto: entre sopa y crema, ya que la metáfora me ha llevado por estos derroteros gastronómicos. Agua espesa, ignorante de sí misma. Para ser contemplada, sin fomentar la contrariedad y el enojo, no transmite emociones. Uno ha de ponerlo casi todo en esa transacción. Por el contrario, cuando cañonea vehementemente la costa, estremece e invita al sueño. Hablo de algo distinto a lo que experimentamos cuando se produce la desconexión de la conciencia, cuando, sin reparar en lo que nos rodea, imaginamos aventuras que comunican con nosotros mediante el influjo de las artes...