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  DEDICATORIAS: UN GÉNERO LITERARIO DE COMBATE Lo cierto es que no tenía vocación alguna, si es que la vocación logra algún espacio fuera de los discursos de sobremesa. Si la vocación consiste en sentir una preferencia indudable por una carrera —esa mezcla de emoción y coartada racional—, lo sensato es hablar de otra cosa. En ocasiones, esto se disfraza. No hay que olvidar lo teatreros, para mal, que podemos llegar a ser los seres humanos. Pero se hizo escritor. Empezó juntando palabras, luego frases, después párrafos y, con todo ese material, impreso en papel y en soportes digitales, publicó su primer libro. Por azar, por habilidad social y por cálculo, conectó con el público suficiente y logró unos ingresos que suponían la oportunidad de convocar a inversores y a grandes editoriales, y triunfó. Llegaron a un acuerdo con él para que se alzara como ganador en un premio literario de prestigio y, a partir de ese momento, todo lo que vino respondió a los entresijos de la maquinaria in...
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GANADOR NO HAY MÁS QUE UNO Buenas noches nocturnas… Si se sintoniza La 1 de Radio Televisión Española, una de las informaciones que suelen facilitarse en todas o casi todas las emisiones es lo que acontece en el llamado “Benidorm Fest”: un certamen de música y canciones que, este año, carece de correspondencia internacional directa a causa de la retirada de la emisora pública estatal del concurso europeo, Eurovisión. A mediodía, uno de los participantes —que salió bien parado tras la primera prueba y, por lo tanto, estará en la final— declaró, como suele hacerse en muchas otras competiciones relacionadas con la disciplina que fuere, que se sentía ganador por el solo hecho de haberse clasificado. Inmediatamente, quienes especulan con el futuro de manera profesional se han puesto en contacto con el ganador o ganadores —no se ha querido decir si es uno o son varios los que triunfarán— para decirles que desistan. Un compañero ha manifestado estar en condiciones de reclamar para sí la coron...
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  MANUSCRITO ENCONTRADO EN UNA EXPLANADA SOLITARIA CON FURGONETA Y MURO AL FONDO Buenas noches nocturnas… Así que no venían. Los de la plataforma elevadora no se habían presentado. Seguro que era obra de los agentes de su padre: otra intromisión, otro sabotaje, otro fastidio. Pero no impedirían el amor. El amor que aguardaba, cautivo, al otro lado de la ventana situada en lo más alto del castillo. Desde luego, su padre estaba en todo. A cañonazo limpio contra la familia de la dama a quien tanto deseaba su hijo y, sin embargo, capaz de movilizar a sus servidores para desbaratar la idea de casamiento que lo había llevado allí, previo rapto; la acción liberadora indispensable. Detuvo la furgoneta cerca del muro porque pretendía valerse de la escalera y subir hasta el enrejado del ventanal. Al menos, mientras los de la grúa llegaban, estaría cerca de su amor. Eso era lo que le urgía. Pero la maldita escalera no era más que la reproducción burlesca del atajo que imaginó como vía de lleg...
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DE LO QUE HACEMOS POR SI ACASO Buenas noches nocturnas… Se produjo un robo en una tienda de barrio. Esto lo vemos mucho en los telefilmes: alguien entra en un comercio pequeño y se lleva, por la cara, varios artículos de alimentación. Simplemente toma su botín y corre. El dueño presenta una denuncia y la policía pone en marcha las diligencias de costumbre, con la primera ronda de contactos para averiguar si, entre los sospechosos habituales, hay quien responda a los detalles que describen al presunto criminal. En este caso —forma expresiva pertinente— se trató de un hombre —en apariencia— vestido con un abrigo gris oscuro con capucha, que podría usarse para ocultar la cara. Llevaba pantalones vaqueros negros ajustados, zapatos deportivos del mismo color, una mochila pequeña, un gorro de lana gris y unas gafas de sol. Los policías de la zona, los que patrullan las calles, identificaron a varios delincuentes habituales que, en mayor o menor medida, podían encajar en esa descripción. Uno ...
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TACONES Buenas noches nocturnas… Rara vez me ocupo de los tacones, lejanos —como en la película de Almodóvar— o próximos. Digo, de los que calce en algún momento. No lo hago porque me interesa poco la verticalidad extraordinaria. Otras personas, sin embargo, prefieren ver el mundo desde más arriba y, sin dejar del todo los suelos, caminan, por tanto, a menos de cinco centímetros por encima del suelo, a entre cinco y siete, o a una altura superior a los ocho centímetros. Algunos y algunas desempeñan sus habilidades locomotoras con tacones de longitud aún mayor. Hay quienes no se conforman y utilizan zancos. Existen quienes se decantan por las escaleras y, por último, en el apartado de los muy inquietos, figuran aquellos que imitan las costumbres de los pájaros o de los insectos voladores y se compran un avión o encargan un aparato de hélices, automático, para que observe el mundo mientras ellos lo escrutan todo tras una pantalla. Eso sí, en el caso de que Pedro diga verdad —asunto no de...