ESTOY ARRIBA DE LA BOLA En compañía se hace mejor, pero se abstuvo de dar aviso: total, si hubiera que huir… aunque no parecía que fuera a ser el caso. Cuando, tras una fechoría, alguien aguarda y ayuda, existen más posibilidades de librar el pellejo. Cierto que, si hay botín de por medio, toca repartir después y, además, hay que dar muchas explicaciones y confiar. Confiar mucho. Con este planteamiento, evitó dar recado de sus decisiones a ninguno de aquellos con los que convivía. Su objetivo estaba claro: aguardar la oportunidad, entrar en la casa, tomar lo que necesitaba y deshacerse de ello cuanto antes. Conocía dónde compraban ese tipo de «adquisiciones». Sin hacer preguntas. Y llegó el día. Estaba harto de los ladridos del perro de los vecinos. Ellos estaban avisados, pero el animal —imprevisible y tolerado por sus dueños— carecía de preferencias horarias para dinamitar el silencio. Cruzar el patio, salvar la frágil valla que separaba las dos mitades, entrar en la casa con s...