LOCOS O VOLATILIZADOS Diría que resido en una catedral del ruido, al menos durante unas horas: lo acabo de acuñar así, en pleno reflejo, antes de escribir. O que esta plaza se convertirá en algo semejante. Y, como sucede cada año, no debe pillarme por sorpresa. No obstante, esta realidad es material certificado por mí, que ahora comparto y al que me remite un artículo publicado ayer en ABC, del que es autor Carlos Sala: «Gabriel García Márquez solía pasar los veranos en Cadaqués. Desde que se estableciera en Barcelona en 1967 hasta que se marchó en 1975, la pequeña localidad de la Costa Brava había sido su refugio preferido para establecerse con su mujer, Mercedes Barcha, y sus dos hijos, Rodrigo y Gonzalo. Los veranos eran difíciles, por la masificación turística, pero había algo que odiaba más que los grupos de franceses o suevos en busca de sol y sangrías... el viento». García Márquez acudió a un territorio donde podría presenciar cómo se desencadenaba uno de sus miedos;...