EL INFIERNO DE LAS BUENAS INTENCIONES Buenas noches nocturnas… En un lejano lugar, donde las gentes no solo viven en casas que, por indignidad, no merecen tal nombre, sino que, para acceder a ellas, han de atravesar zonas desérticas, pantanosas, selváticas o de evidente desnivel, una familia —madre y tres hijos— regresaba de la ciudad donde ella trabajaba y los niños asistían a sus clases escolares. Empleaban gran parte de la jornada en acudir a la cuna de la civilización para sobrellevar la vida y, tan solo los fines de semana, los niños quedaban en casa custodiados por su yaya. Sin embargo, tras atravesar una carretera, antes de comenzar el ascenso a la montaña en cuya cumbre residían, tuvieron que iniciar una penosa aventura. Porque una losa que comunicaba el arcén de la carretera con las primeras elevaciones, como si fuera un puente, se había removido y caído hacia el interior del hueco sin precipitarse del todo, seguramente a causa de las lluvias. La madre bien hubiera podid...