ANTONIO Buenas noches nocturnas… Los grandes temas. Esos a los que se vuelve sin motivo relevante, porque parece que estén ahí como la velocidad de la luz. Nada puede superar, ni nadie, la velocidad de la luz. Así que, llegados a un punto, ¿para qué más? Ya se conoce el límite. Es mejor reparar en las medianías, en los detalles de la tierra suelta, como cuando una piedra o un grupo de pedruscos llaman la atención. Por ejemplo, según ELLA me contó, ese espécimen humano que tiene por costumbre obrar con desahogo, relativizando las consecuencias de sus actos, siempre que, como mucho, perjudiquen a terceros. En la playa, hoy cargadita de África por la presencia de partículas que la brisa mantiene en el aire —enseguida la mar a borbotones porque el sol, a veces clemente por interposición de las nubes, cuando no encuentra obstáculos, se dispone a matar—, un individuo que acaba de instalarse es interpelado por otro: —Oiga: ha dejado usted su coche en un lugar que me impedirá el paso cua...