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  LO MISMO, PERO NO Buenas noches nocturnas… Una vez satisfechas las primeras tareas domésticas de la jornada, acude, como todos los días, a su habitación. Abre la ventana. Recoge de la mesilla de noche la agenda. Se dirige a la entrada de la casa y la deposita en la mesita del recibidor. Luego desanda el camino, cierra la ventana y regresa al lugar mismo donde dejó el necesario cuaderno. Echa un último vistazo, comprueba que lleva lo necesario, toma la agenda y sale a la calle. Expuesto así, acabo de comunicar una sucesión de actos carentes de todo brillo. Puede presuponerse, con razón, que se trata de una costumbre. Ni más ni menos. Ahora bien… Una vez satisfechas las primeras tareas domésticas de la jornada —al fin y al cabo, aún puede valerse por sí mismo y nada le impide cumplir con el mantenimiento de su propia vida—, acude, como todos los días, a su habitación. Se dispone a realizar lo que hace tan a menudo porque es su manera de no olvidarse de las cosas: repetir es automat...
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  IMPRODUCTIVO, PERO ATLETA Buenas noches nocturnas… Cada vez que dispongo de un documento en blanco y no tengo, a bote pronto, nada que comunicar, entiendo que lo más sensato sería desentenderse de todo afán por escribir. Para no reeditar sensaciones similares a las que se producen cuando alguien intenta eludir el silencio mediante comentarios insustanciales durante un trayecto de ascensor que apenas dura unos segundos. Sin embargo, no hago esto solo por agradar, por establecer en un breve comunicado algo que otros juzguen digno de atención. Escribo a diario, salvo por fuerza mayor, porque me gusta, porque me entretiene y porque mi cerebro necesita de este tipo de gimnasia. Se trata de un ejercicio mental —y una destreza— sostenido por la componenda de que ustedes me prestan atención haciendo gala de generoso desprendimiento. A mi vez, concibo todo lo que llega a este blog para ser expuesto de la mejor manera que aprendí, aunque comprenda que ustedes fingen: al fin y al cabo, solo...
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  OCTUBRE ESTÁ PARA RECIBIR TIERRA Buenas noches nocturnas… Tras la recientísima catástrofe ferroviaria, en muchos lugares se han decretado días de luto y se han suspendido acontecimientos ligados a distintos festejos con motivo de este final de mes en el que se citan los monstruos, los fantasmas, los galanes despiadados —y luego arrepentidos— y los muertos. No sé si es una medida acertada. No tengo una opinión en contra ni la tengo a favor. Estimo que debería garantizarse la libertad de contribuir o de abstenerse. Y eso supone, por supuesto, que lo que estaba previsto no decaiga. Me parece bien que las instituciones cumplan con protocolos y, dentro de las costumbres sociales, fijen una posición representativa. Pero el dolor, la empatía y sus otras manifestaciones son patrimonio de cada uno. Cada uno ha de reaccionar como entienda que debe. Los médicos, por ejemplo, se sentirán abrumados por lo que acaba de ocurrir, al igual que muchas otras personas, y siguen haciendo su trabajo. ...
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  ¡ATENTOS A LA CONVOCATORIA! Buenas noches nocturnas… Entre mis supersticiones de juguete, o presunciones al margen de la ciencia en las que en realidad no creo, aunque tienen su sitio en cierta retórica del día a día que suelo manejar, está la de eludir que se presenten determinados acontecimientos o acudan los indeseables a una llamada involuntaria con solo mencionar aquello que no se desea. Incluso con lo que se desea, si se demuestra una voluntad expresada con visos de comunicación, puede darse la particularidad de obtener justo lo contrario. Por ejemplo, de regreso de la excursión matutina, atento a mi condición de copiloto, encargado de observar los alrededores sin otro particular, me acuerdo de los que se desplazan a lomos de una motocicleta, pues por esa vía circulan a menudo numerosos ciclistas. Pienso que, al revés de los que dan pedales, apenas si hay testimonio de ellos y, justo después, nos cruzamos con cinco. ¿Comprenden? O, en el otro lado, el de la desestimación de...
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  TAMBIÉN SE LLAMA MARMITA Buenas noches nocturnas… Al pasar, vi en un escaparate una olla metálica, reluciente, hermosa por su generoso volumen. Nada que me sugiriera las posibilidades de una cocina como las que existen en los domicilios privados actuales. De hecho, ante el auge de las comidas elaboradas fuera de las casas y de la estancia en establecimientos de restauración para, al menos, cumplir con las expectativas de la principal comida de la jornada, alguien ya ha pronosticado que desaparecerán. Desde todos los ámbitos nos animan a cocinar y responsabilizarnos de lo que comemos, pero no hay ni tiempo ni ganas, salvo que se sea muy forofo de los fogones y se disponga de espacio y materiales adecuados. Cuando los cocineros de televisión preparan sus recetas ante las cámaras, dan por sentado que quienes atendemos a sus recomendaciones tenemos a nuestra disposición todo el despliegue de menaje que ellos utilizan profesionalmente. Y no es así. Pero, a la olla. La olla era, como i...