COMO EN EL LIBRO DE LOS MILAGROS DE AUGSBURGO Elegí acabar con todo desde dentro. Como los griegos mediante el caballo de madera, la celada consistirá en ofrecerme como cumplido admirador de los usos y costumbres predominantes hasta que todo el mundo deje de sospechar. Luego, cuando estén en verdad confiados, llegará mi momento. Lo he denominado «plan saturación». Por lo tanto, disimulen: aunque con esta advertencia sé que comparto lo anterior, importa poco; como poco importa que los lectores habituales de todos estos comunicados sean inexistentes. Así pues, confieso que el eclipse es una de esas cosas extraordinarias a las que atienden los astrónomos de toda la vida y quienes han estado cerca de los cuerpos celestes cada vez que consultaron el horóscopo o alguien les echó las cartas. Digo que el eclipse merece la pena y no hay nada mejor y más humano que disfrutar de la ausencia de luz durante un periodo inusual del día, por más que el fenómeno de la noche ya se conozca. En mi o...