CRÓNICA DEL HOMO URBANUS Y EL ENIGMA DE LOS PECES Buenas noches nocturnas… Empezó la temporada de desayunos. Dependiendo de los azares del clima a los que está sometida la vida del «homo urbanus» que pretende acercarse a la orilla de la mar con ciertas garantías de sol —finales de marzo, primeros de abril—, ya se puede estar en la codiciada mesa, a salvo de parroquianos con idénticas ínfulas. Quien llega primero se marcha antes de que todo se convierta en una plaza de mercado en la que soltaron a un millón de turistas. Digo que las tazas de la vajilla, acostumbradas a contener el café reglamentario que se prepara y se sirve tras el abandono del lecho y las distintas contemplaciones a las que remite la salud y el aseo diario, descansan en el estante hasta después de la siesta, al menos en días como este: sin duda se sentirán agradecidas por el descanso, aunque algo disconformes. Una vez pasan cuarenta y ocho horas, llegan a comprender que no serán reemplazadas. Entonces, dis...