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  UN DIOS EN LAS LETRINAS Buenas noches nocturnas… En un episodio —del cual no recuerdo el título— perteneciente a la serie *Star Trek: La Nueva Generación*, tres de los tripulantes de la nave *Enterprise* quedan atrapados en una estructura que recrea el contenido de una novela manifiestamente mejorable. De esta novela, el capitán Picard lee la frase de inicio —«Era una oscura y tormentosa noche»— y se lamenta por la escasa calidad. La frase aparece, por primera vez, en 1809, «entre las páginas de la novela *Una historia de Nueva York* de Washington Irving, el escritor estadounidense que alumbraría los famosos cuentos “La leyenda de Sleepy Hollow” y “Rip Van Winkle”. Pero en aquel momento nadie reparó en dicha frase ni intuyó su potencial como delatora de plumas cargadas de clichés. Veintiún años más tarde, el primer capítulo de la novela *Paul Clifford* se abría con otro anochecer pasado por aguas, pero mucho más amigo del drama y la teatralidad: 'Era una noche oscura y tormentosa...
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  ANTE TODO, CAUTELA Lo admito: cultivo la desconfianza. Leo que existe un “truco” para lograr que una fruta dulce como la sandía resulte incontrovertiblemente dulce. Y, sin llegar a discutir lo que fuere —porque ni he realizado experimento alguno ni lo haré—, dudo mucho que tal información no sea otra cosa que una maniobra encubierta de comercialidad. Es decir, congraciarse con el consumidor proponiendo una ventaja que haga irresistible, por la consecución de un secreto, la tenencia de un bien —en este caso, alimenticio— del que, por todo lo anterior, se disfrutará seguro. La difusión de truquitos, de atajos, de “vente, que nos colamos por la puerta de atrás”, al margen de todos los que se autoproclaman Robin de los Bosques, concluye en una tienda: física o virtual. Y, si es de las segundas, con el riesgo de todo tipo de abusos. Que no diré que aquellos a quienes se dirigen estas invitaciones pasemos por la vida en medio de las fragancias de lo angelical, porque los tramposos obje...
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  UNIDAD DE MEDIDA DE LA ESTUPIDEZ TODAVÍA SIN ACUÑAR  Buenas noches nocturnas… Esas cosas acerca de las que uno evita hacerse preguntas simplemente porque las desconoce. Por ejemplo, si algo ante mí obrara hasta producirme perplejidad y estuviera en compañía de otros, tal vez sintiera la necesidad de que se me administrase un pellizco: para despertar, no por otra cosa. Cuando se duerme y se experimentan acontecimientos turbadores, no viene mal la interrupción de ese tormento, sea por decisión ajena o por virtudes del azar. Por lo tanto, convencido de estar cautivo de un sueño malo, o demasiado bueno, ese aguijón de insecto, practicado mediante la presa de una pequeña porción de piel de tal forma que produzca daño, lo demando y, si despierto y la suerte me favorece, digo albricias; y si todo continúa en mi contra, ¡pies pa’ qué os quiero! Pues bien, pellizcar es tanto como pizcar, verbo del que no sabía nada: «Tomar una porción mínima de algo». Viene *pizca*, de *pizcar*, y tu...
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  UNO A DOS El caso es que aprendió a cantar la canción de chiquilla. Y, en esos momentos, después de dar a luz, mientras tenía a su hija entre los brazos, cantaba sin parar: «Quisiera ser tan alta como la luna, ¡ay!, ¡ay!, como la luna, como la luna...» Sin embargo, nada de lo que sucedía se debió al azar. Su hija tenía la vocación de mirar a los rascacielos desde las nubes. Tal vez porque ella, la madre, era muy pequeña y porque la niña, un verdadero gigante en ciernes que hasta hacía muy poco se ocultaba en su vientre, revelaba ya sus intenciones: había nacido con una proporción de uno a dos. La madre lo comprendió desde el primer momento y no quiso que su hija se convirtiera en un monstruo de feria. Vendrían las preguntas, la extrañeza, los comentarios, las comparaciones, la codicia. Una vez, en una feria, vio a una mujer de trescientos kilos rodeada de curiosidad y espanto. No quería eso para su hija. Sabía que lo excepcional atrae primero la mirada, luego el temor y finalment...
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  Y LOS MÚSCIDOS TAMBIÉN Buenas noches nocturnas… Decir «todo el mundo parece estar de acuerdo» es tanto como sostener algo sin verificación previa. Por lo tanto, he de ahorrárselo al lector. Diré, a cambio, que existe consenso cuando se alude a lo pesadas que son las moscas. Llegan con la primavera y ya no se van hasta que concluye el verano: otra penalidad. Porque a los que no nos gusta el calor, ni las aglomeraciones ni las fiestas, hemos de compartir la vida, adicionalmente, con este inoportuno invitado. Además, las moscas, a juicio de muchos, son extremadamente dañinas por aquello con lo que cargan. Por eso, entre los especímenes más peligrosos del mundo están los siguientes: La mosca tsé-tsé, que transmite enfermedades mortales a los humanos. La mosca del gusano barrenador, porque devora el tejido vivo de los mamíferos. Mosca humana de la ruda (*Dermatobia hominis*): es nativa de América tropical. Utiliza vectores como mosquitos para depositar sus huevos en la piel humana. La...