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  EL PARTIDO DEL AMOR Buenas noches nocturnas… Hay un cuento de Vicente Blasco Ibáñez titulado «El beso». El escritor valenciano se vale de un narrador en primera persona que actúa como testigo: no interviene en la acción, solo observa. La historia transcurre a principios de septiembre de 1914, días antes de la batalla del Marne, cuando el avance alemán llega a las cercanías de París. La ciudad vive a oscuras por miedo a los «taubes» (aviones alemanes), con los cafés cerrados y los bulevares llenos de gente que espera noticias... «Algo pasa por la acera que interrumpe estos propósitos desesperados. Avanza lentamente un matrimonio de viejos: dos seres pequeñitos, arrugados, trémulos, que se detienen un momento, respiran con avidez, gimen e intentan seguir adelante. Ella, vestida de negro, con una capota de plumajes roídos por la polilla, se muestra la más animosa. Es enjuta y oscura; sus miembros, flacos y nudosos, parecen sarmientos trenzados. Se pasa de mano a mano una maleta que ...
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  ¡PAREN LA MÚSICA! Buenas noches nocturnas… A veces el camino parte de un determinado lugar porque es el adecuado para llegar a una localización particular, aunque conduzca a otro sitio. Este recorrido, crónica escrita de un desplazamiento mental, lleva la vitola de sorpresa y cumple con los requisitos de la salvedad a la que acabo de aludir. Entonces, en una televisión, informan del reciente episodio meteorológico, todavía no concluido, y ofrecen imágenes de las riadas, de las consecuencias de la lluvia extrema, y acompañan esta secuencia con una música propia de los filmes de suspense o de terror. Desde mi punto de vista, cabe interpretar esto que termino de describir como narrativa. La información enuncia la realidad que se conoce y ofrece los datos desnudos. Es decir, por si la secuencia visual no estuviera cargada de dramatismo y moviera por sí misma a la inquietud, se añade fuego al fuego, tal vez lodo al lodo, para asustar. Las moralejas y las amenazas sobran. Se valieron d...
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  DECIR QUESO ES ESTAR A SALVO Hoy estuve recordando. Acerca de una lectura realizada antes de que concluyera el verano, de viaje en tren —eso es audacia, considerando las circunstancias actuales del transporte de viajeros por ferrocarril— con primer destino en la capital de España. Supe, pues lo desconocía, según cuenta Álvaro Cunqueiro en “El consolador de los tristes”, uno de los artículos que aparecen en el libro *El laberinto habitado*, que las revistas italianas publicaban con frecuencia determinado tipo de anuncios: «… “Fulano o mengana se ofrecen, no solo a averiguar el desenlace de una determinada situación personal, sino que darán consejos que destruyan las dificultades que se oponen al sujeto que acude a ellos y, además, lo consolarán con pláticas adecuadas, haciéndole olvidar lo que ha sufrido y poniéndolo ingenuo y limpio ante un futuro nuevo”.» Después, Cunqueiro menciona a Plutarco y ofrece una información confusa, pues lo que dice en ese libro parecen ser actos del ...
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  SALIENTES Y PRECIOSOS Buenas noches nocturnas… Usted sale de su casa. Se dirige a donde sea que vaya. Supongamos: a realizar unas compras. Entra en el recinto elegido, toma los artículos que ha previsto consumir o considera otros y acude a los lugares de pago. Puede que ahí intercambie unas palabras con el personal de la tienda. También es posible que se extienda en ese diálogo porque conozca a los profesionales o porque sea usted una de esas personas locuaces. Salvo alguna posibilidad de conflicto, lo más normal es que regrese de su excursión sin daños. Ahora bien, en un escenario distinto, usted sale de su casa y se dirige a una plaza de la ciudad o del pueblo en el que reside, a sabiendas de que a esa hora habrá gente. Se sube a un banco y, como no habrá autoridad que le reproche esa falta de civismo, comienza a disertar sobre lo que haya pensado o improvisa. Puede que le tomen por loco. También es posible que, como en aquella escena de *La vida de Brian*, lo tomen a usted por...
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  CARPINCHO Buenas noches nocturnas... Si he de atenerme al nombre que escuché en primer lugar, es «carpincho», pero ahora sé que también puedo referirme a una especie de roedor de gran tamaño, nativo de Sudamérica, con el nombre de «capibara». Paradójicamente, esta última denominación sí que la conocía. Poca información más acerca de esta especie. Ahora, sin embargo, una vez me nutro de algunos detalles que recojo de la Wikipedia, puedo decir que: «Tiene un cuerpo pesado en forma de barril y una cabeza pequeña, con un pelaje pardo rojizo en la parte superior del cuerpo que se vuelve pardo amarillo. Puede crecer hasta 1,30 m de largo y llegar a pesar 65 kg. Presenta pies ligeramente palmeados y, de manera similar a otros cávidos, carece de cola y cuenta con veinte dientes. Sus patas posteriores son algo más largas que las anteriores, y los hocicos son romos, con ojos, narinas y orejas en la parte superior de la cabeza. Las hembras son ligeramente más pesadas que los machos». Pero ¿...