LA PAZ DE LOS AUTOBUSES


Buenas noches nocturnas… Accedí a un audio de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en el que intervenían Isabel Baeza Fernández, locutora y redactora, y Antonio Sánchez Fernández, profesor de Filosofía de la UNED. Lo encontré durante mis pesquisas en busca de precisión. Quería saber a qué atenerme exactamente a la hora de servirme de la palabra «utopía».


Pues bien, escuchándolo, encontré la introducción de Baeza Fernández, que se atuvo, más o menos, a estos términos:


«En la opinión cotidiana, utopía se identifica con irreal; parece que es, en este sentido, un término cargado de connotaciones negativas. Lo utópico, por irreal, se nos figura inalcanzable. Para los soñadores, en cambio, por crear ilusión, lo utópico aparecerá como lo deseable. Desde el punto de vista de la filosofía política, a veces no está tan claro; la ambivalencia se difumina y confunde. Desde Platón, con su diseño utópico de la polis, hasta Tomás Moro con los habitantes de Utopía, o la Ciudad del Sol de Campanella, hasta preguntarnos cómo se pone de manifiesto la utopía hoy.»


En el terreno que existe entre el deseo y la consecución, la utopía es una meta, o la validación de un trayecto, o la frustración de quienes se han proyectado hacia adelante sin medir bien sus fuerzas. Ese terreno se parece, muchas veces, a la caída constante que experimentan los cuerpos en órbita alrededor de otro de mayor masa.


Por ejemplo, creo que es utópica, en el sentido de irrealizable, la paz en el mundo. Los seres humanos disputan, combaten y se destruyen; si no todos a la vez en todas partes, sí por sectores e intereses. Lo hacemos. Me incluyo porque pareciera que uno está tras el burladero, ajeno al asunto.


Se me dirá que qué hago yo para evitarlo. Y no rehuiré la respuesta. Será lo que, tal vez, manifieste en otra ocasión. Porque, a salvo de los cascotes y de las bombas que no origina la naturaleza, y convencido de que cualquier día puedo experimentar ese horror, de momento descubro alguna paz pequeña en otros lugares.


¿Y dónde? Enseguida lo cuento. Hablo de la paz de los autobuses. Es un fenómeno que ocurre durante cualquier estación del año, pero resulta sobresaliente, si cabe, en verano. Ocurre siempre y cuando el trayecto elegido para ir de un punto A a un punto B, dentro de la ciudad, proporcione cierta holgura; es decir, que haya pocos viajeros reunidos con esa misma intención de desplazamiento. El aire acondicionado del vehículo, la marcha tranquila, la libertad de elegir posición o asiento, el silencio o el susurro de las personas. Porque esa tendencia a estar callados hace que quienes conversen se sientan concernidos, y obra como un listón rojo que nadie se atreve a superar.


Hace falta cierta habilidad para determinar cuándo, o tener suerte. Pero ya se sabe que el azar premia a quienes no lo buscan.


No obstante, no debe de ser el único reducto de estas formas pacíficas y pequeñas que surgen sin armar un gran alboroto ni clamar dramáticamente, como exige la gravedad de otros acontecimientos.


Me pongo a pensar y descarto la sala de espera del médico. Porque, sí: cobijo, inmovilidad, grupo reducido; pero demasiada incertidumbre, a no ser que la razón de aguardar en ese sitio tenga que ver con una contingencia tan leve como inapreciable.


El ascensor, salvo que vaya uno solo, es uno de esos espacios cambiantes, a menudo trampantojo de una violencia larvada que, por fortuna, se disipa a la hora de abandonar la cabina.


Las salas de cine, antiguamente, antes de que empezara la película, a sala medio vacía, sugerían el amparo de un sosiego expectante mientras llegaba el momento en que la iluminación se disipase. Tampoco caben en la lista porque, en sintonía con lo que adelanté, eso es tiempo pasado.


La biblioteca, sin embargo, es esa institución que nos acoge a sabiendas de que prestaremos una voluntad de silencio a toda prueba, a fin de disfrutar de la cultura literaria.


Como ocurre con el transporte urbano en superficie y con los templos de los libros —las librerías son un asunto comercial que no merece ese carácter sagrado a mis ojos—, también el interior de las iglesias, al margen de las ceremonias y servicios programados, ofrece ese refugio. Son espacios de oración, cosa que se hace para los adentros de cada uno, y de contemplación; incluso de inmovilidad inoperativa.


Temo, finalmente, que la difusión de este comunicado se multiplique y haya muchos que consideren adecuada esa experiencia. Esto sería una fatalidad. Cuando los individuos consienten en ser masa, por acción o por devoción, actúan como una horda allá donde se presenten.


Ojalá lean esto y guarden silencio. Como en los autobuses.



Me destoso.



https://canal.uned.es/video/5a6f6817b1111f4a398b45a8



https://utopialab.csic.es/el-concepto-de-utopia/



https://www.acfilosofia.org/59-hemeroteca/filosofia-moral-y-politica-democracia-y-ciudadani/214-utopias-y-distopias.html



https://filco.es/poder-de-la-utopia/



La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.





Selección gráfica del día...

PERIDIS en El País 29 de junio de 2026



VERGARA en El Diario 29 de junio de 2026


TOMÁS SERRANO en El Español 29 de junio de 2026




Selección de contenidos...

Primera:


Rosa León, Silvio Rodríguez - Para los demás (Videolyric Oficial) | María Elena Walsh


En el Canal Rosa León

https://www.youtube.com/watch?v=8IZh6CuDUU8



Segunda:

midori jaeger - planted (acoustic)

En el Canal midori jaeger

https://www.youtube.com/watch?v=rmRvROQP8zA



Tercera:

The Coral - Leave It In The Past

En el Canal The Coral

https://www.youtube.com/watch?v=W_vgyE4qjbE

















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