PRONTO VIVIREMOS EN LA LUNA
Buenas noches nocturnas… Cinco años antes de que cayera el Muro de Berlín, Víctor Manuel —cantante y productor de cine— intuía, a juzgar por lo cantado, que este mundo acabaría por sucumbir. Las tensiones sociales, las catástrofes militares, el miedo nuclear: todo parecía conducirnos a un destino tan sombrío que pedir asilo en la Luna resultaba razonable.
“Hijo de Hiroshima y del Napalm
De este cementerio oiré hablar
Cuando ellos aprieten el botón
¿Dónde iremos a parar?
Solo somos carne de cañón
De una guerra nuclear
Eh, oh, eh, aleluya
Pronto viviremos en la Luna”
Entonces preocupaban las guerras, porque nunca descansó la artillería. Hoy, el mundo mira a Gaza, como hace poco miró a Ucrania. De allí, dicen, nos estamos cansando. Como nos hemos cansado de tantas otras guerras. Somos gente que tiende a la dispersión. Nos aburrimos de todo. Y, aunque no sin dificultades ni habiendo resuelto lo mucho que queda por abordar en materia de justicia, casi todos tenemos una mesa donde sentarnos a comer. No pasamos hambre. No ejercemos de desfavorecidos. Por tanto, bien podemos actuar como el funcionario: cumplir con unas horas de trabajo, seguir un sistema y ya. Raros son quienes se aplican cada jornada para llevar sus capacidades un poco más al frente.
Sin embargo, aquí estamos. De nuevo con el miedo a ser reducidos a cenizas o a padecer secuelas tremendas por culpa de las armas nuevas y las eternas. No sabemos lo que es el miedo, porque no lo sufrimos a diario, pero intentamos alejar de nosotros un futuro tan horroroso como el que exponía el artista asturiano.
Y dicho esto, en parte por lo dicho anteriormente, miro hacia la Luna. Ahora que han pasado todas las citas que urgían a dirigir la vista a la bóveda celeste en busca de “astros a lo lejos”, en contra de la inercia de la moda y la oportunidad, me fijo en ella. La Luna, como escapatoria, la luna como refugio, como nuevo destino inmobiliario. Porque, si hay quienes piensan en instalarse en Marte —ese suburbio cósmico— el satélite de la Tierra está, en comparación, a menos distancia que la que separa una parada de autobús de la siguiente.
Claro que los pioneros deberán examinar muchísimas variantes, resolver problemas aún no contemplados. Fuera de este planeta, los desafíos requieren ingenio y toda la ciencia conocida. De modo que ese reclamo según el cual la colonización está cada vez más cerca tiene de cierto lo que tiene de verdad que espera la muerte al recién nacido. Sí, ocurrirá. Pero no se sabe bien cuándo.
Y ya que estamos soñando, me pregunto por la fauna. Las personas querrán llevar a la Luna sus dragones, sus jirafas y sus escarabajos peloteros. Yo quiero llevar un pez, “Para tocar mi nariz en tu pecera / Y hacer burbujas de amor por donde quiera”. Un pez, porque tengo ese antojo. Otros serán más prácticos. No sé. Imagino el eterno desmoronamiento provocado por las termitas que habitan ese mueble vetusto que nunca se pudo vender. O las cabriolas de la mosca de la fruta cuando descubre que no hay perales, ni manzanos, ni mermelada.
Un pez. Y, en todo caso, ¿qué pez?
El bibliotecario de guardia menciona tres candidatos: tilapia, pez cebra y carpa. La tilapia, a menudo llamada “joya acuática”, destaca por su rápido crecimiento y su resistencia a condiciones difíciles. El pez cebra, además, tiene experiencia en el espacio: fue parte de la misión china Shenzhou-18, donde se estudió su comportamiento y fisiología en microgravedad. Su presencia en territorio selenita podría servir para investigaciones biológicas, aunque su resistencia también abre la puerta a futuras pruebas con especies más grandes. Y la carpa, por su parte, es muy adaptable a diferentes condiciones de agua y tiene una dieta variada, lo que la convierte en candidata preferente para un entorno lunar.
Otra encrucijada. ¿Por cuál decantarme? Ni siquiera sé si se construirán tanques —de agua— o piscinas donde ver evolucionar a estas criaturas, como hacen algunos particulares con sus familias: sean de osos o de caimanes.
Habrá que ver. De momento, estudio las alternativas. Estoy atento a cualquier convocatoria —no sea que se produzca una llamada a la evacuación— y recopilo toda suerte de datos y materiales. Porque, como los preparacionistas, prefiero anticiparme.
Esto se acaba, amigos. O no. Como siempre.
Me destoso.
https://www.youtube.com/watch?v=l9nQ9UQAPkk&list=RDl9nQ9UQAPkk&start_radio=1





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