FUTURO
Buenas noches nocturnas... Ese futuro, lejano y, sin embargo, repleto de afanes, de ansiedad por convertir lo venidero en presente, siquiera, al alcance de pocos pasos. Lo encuentro en un poema de Raquel Lanseros: «Soñaba un fin heroico de planetas en línea./ Cambiar por Rick mi puesto, quedarme en Casablanca/ sumergirme en un lago junto a mi amante enfermo/ caer como miliciana en una guerra/ cuyo idioma no hablo./ Siempre quise una muerte a la altura de la vida*». Un desenlace épico, una rúbrica espectacular. No solo por las arquitecturas resultantes, sino por la ingeniería, por la armazón, por todo lo previo que ha de consentir esa magnificencia... Claro, los poetas tienen un algo- al escribir esto certifico mi incapacidad para describirlo, lo admito- resolutorio. Llegan a dónde otros no podemos, y aún más, no concebimos llegar. Esta es su gracia. Transitan por el tiempo, van y vienen, hacen noche, madrugan o trasnochan con absoluta comodidad. Es decir: sí, sufren, pero de otra manera. Llegados aquí, puede que no hablemos de otra cosa: deseo. Se nombra, se traza, no sé si con el convencimiento de admitir sin reservas las consecuencias exactas de alcanzar las metas proclamadas, pero cautivos de una fiebre natural. ¿Y qué pasa con el deseo? ¿Qué pasa cuando se frustra? La poeta, en la estrofa siguiente a la que hice mención, propone: «Dos mil cincuenta y nueve./ Las flores nacen con la mitad de pétalos/ ejércitos de zombis ocupan las aceras./ Los viejos somos muchos/ somos tantos/ que nuestro peso arquea la palabra futuro./ Cuentan que olemos mal, que somos egoístas/ que abrazamos/ con la presión exacta de un grillete». Una manera de ver, no obstante, lo que se espere del horizonte. Una manera deudora de la fatalidad. Es el pesimismo. La gloria contrariada porque, aunque en el supuesto lírico cabe, entre la desolación, el triunfo, ganar el cielo cuanto todo alrededor es ruina, no parece agradable... Mucha densidad. Seguramente apunto a una diana cuyo emplazamiento resulta difícil de localizar. Lo digo pensando en mí. ¿Acaso me inclino por estas apetencias? No, no se parece. El futuro, más allá de algo, efectivamente distinto del presente, que no se ha de construir invirtiendo tiempo y esfuerzos, me interesa hasta el punto de saber donde está el escalón que he de bajar. Saber dónde está ese suelo, hacer lo que convenga para afianzarme sobre él, evitando toda posibilidad de descalabro y poco más. Es lo que sucede ahora, lo que está sucediendo, lo que sucederá a buen seguro. Otros, viven de otro modo, y me parece bien. Si me he traído a una poeta, que no conocía por cierto, es porque, de vez en cuando, igual que miramos las estrellas, y el mar, y los trigales, sienta bien exponerse a otras formas, a otras texturas, a otras luces. Y pensar las cosas. Otras cosas. Las que no necesariamente son de uno. O sí lo son. No lo sé. Me destoso.
*
http://raquellanseros.com/index.php/2015-11-17-17-47-09/poemas-en-espanol
http://raquellanseros.com/index.php/2015-11-17-17-47-09/poemas-en-espanol







Comments
Post a Comment