PARÍS
Buenas noches nocturnas... Nunca se me hubiera ocurrido pensar en la moda. Nunca. De hecho, nunca ha sido así. No me importó y, sin embargo, estoy a punto de obrar en mi contra. Lean, lean y, después, pueden reír. Carcajearse ante mis narices. En los Juegos Olímpicos de París, se contempla la moda, como un factor a considerar. Y, si ocurre ahora en Francia, en otras ocasiones habrá sucedido otro tanto. Así pues, sigo en la inopia. Porque, a ver: no debe concernir solo a las indumentarias de paseo o utilizadas para los acontecimientos sociales de equipo; los atavíos puramente dedicados a la práctica de la especialidad deportiva de la que se trate, también cuentan. Y me choca. Es verdad que, en casi todos los deportes, de año en año, de temporada en temporada, se anuncian y presentan las nuevas equipaciones para el fútbol, el baloncesto, el hockey, el ciclismo... en fin. Parte de la competición resulta más eficaz si se dispone de materiales que faciliten, de alguna manera, el ejercicio atlético, las evoluciones... es, desde luego, algo muy serio. Los bañadores de los participantes en pruebas de natación, las mallas de los gimnastas. Ciencia en el textil. Y, si cabe cumplir determinados requisitos estéticos, mejor que mejor. De ahí a señalar detalles de diseño, cuales los que podríamos observar en una pasarela, a mí me parece exagerado. Admito que, el desarrollo de una competición internacional como la aludida es un negocio y, como tal, está a la espera de los muchísimos candidatos a sacar tajada. Por eso, tal vez, la gente de la moda, grandes nombres incluso, intervienen a fin de incrementar el valor propio de las cosas y beneficiarse de la atención general. Esto explicaría por qué, desde medios de comunicación vinculados con las luminarias textiles, se hace saber a la concurrencia lo expuesto por mí. De hecho, yo lo sé porque aparece en una noticia que puede ser vista en las publicaciones en línea de la revista Voge: llegué a ella mediante las selecciones de recomendados en algunos motores de búsqueda, tuve curiosidad, y aquí estamos. Yo con mis palabras y ustedes leyendo lo que consta en este párrafo. Luego, desconozco si los aficionados repararán en estas cosas. Digo la muchedumbre. Creo que la gran mayoría se contenta con ver en el uniforme de los suyos los colores que les distinguen. Es lo que aventuro, pero podría estar equivocado. Me temo que aquí, este movimiento, este interés, este intercambio, se realiza por cuestiones económicas más elevadas, acordes con valores de prestigio e importancia, digamos, aristocráticos. Yo no lo comprendo mucho. Más allá de estas consideraciones, carezco de juicio. Creo, eso sí, que hay muchas cosas de las que, como el volumen total de las islas de hielo a las que llamamos icebergs, apreciamos solo la menor parte, que es la que vemos a flote. No se nos dice todo, pues es otro lenguaje. Del mismo modo que la jerga juvenil no llega al adulto no solo porque es complicada de entender, sino porque cambia tan a menudo que, cuando se adopta, ha pasado a estar obsoleta... Cuando hacía deporte- y parte del que hice, con respecto a los de mi entorno, no se me daba mal- nunca me preocupé por las marcas o el diseño. Que sea esa la causa de mi inoperancia en estas materias, puede estar en discusión y no estoy seguro de descartar nada. Pero eso ahora no importa. Que vengan ya, que venga París, y ya veremos. Me destoso.
https://www.vogue.es/articulos/mejores-uniformes-juegos-olimpicos-2024







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