MUDANZAS
Buenas noches nocturnas... En días anteriores, realmente la fracción de tiempo a la que me refiero, es pequeñísima, encontré en los lugares de internet que frecuento, alusiones temáticas al otoño. Faltaba yo. Ahora se cierra el círculo. No porque vaya a cesar este acontecer, ni porque aspire a dominar el mundo. Eso sí: para este escribidor ha fraguado el enlace y lo que suceda al respecto en la esfera planetaria y regiones ignotas del universo... o de los universos, vaya usted a saber, es parte de la lluvia cuando llueve: advierto que está cayendo, tomo las decisiones apropiadas, incluida la de no tomar ninguna, y el resto solo es edad. El caso, no obstante, es el que a continuación expongo. No diré que siento extrañeza porque, primero, no estuve atento a la jugada. Lo que me atrae, tal vez, haya estado ante mis ojos siempre. Y, segundo, la capacidad para obrar en consecuencia, toda vez que hayamos de estimar el mundo de las ventas, es notabilísima. Ya lo he declarado en otras ocasiones. Entonces. Se trata de «bolsas al vacío». ¿Para qué? Claro, son ustedes perspicaces. Para reordenar el armario. Unas ropas han de sustituir a las ahora en uso, pues se supone que, con la estación nueva, han de llegar temperaturas menos elevadas, cambian los actos sociales en los que participaremos, y, por lo tanto, es fácil de entender el abrigo como una solución indicativa de lo venidero. ¿Teníamos esta ropa en «archivadores» como los que acabo de traer a colación? ¿Sirven a los simples efectos de reemplazar unas prendas por otras? En el caso de que preguntemos a los fabricantes de mercaderías realizadas para apilar ropas y demás particulares en los armarios, adecuadamente, nos dirán que no. Que lo mejor es sustituir unas por otras. Que sería preferible reciclar, pero, dados los materiales, eso no es posible. Mejor destinar lo viejo a potenciales consumidores de artículos de segunda mano o a coleccionistas. Lo suyo, nos dirán, lo fetén, es disponer de la última generación en este tipo de artículos y conocer, de paso, las ventajas que proporciona tal consecución. Ellos, a lo suyo. Y nosotros, a la mudanza. Como las serpientes, cambiamos de piel, suplimos unos textiles por otros, renovamos nuestro depósito de complementos y nos presentamos en sociedad del todo brillantes. Tanto como para salir de compras inmediatamente. Porque careceremos de aquello que es indispensable para estar a la moda. Y la moda es importante. Salir al exterior de nuestros cubículos y que se nos detecte como personas incapaces, siquiera, de conducirnos como fieles imitadores de lo último, deviene en señalamiento. Míralos: ahí van. ¿Son eso formas? ¿Son eso maneras? ¡Cancelación! Y luego vienen los golpes de pecho, los lloros, la visita al terapeuta, un cambio radical de vida, pues el especialista percibe todo lo que va mal y exige, para mayor rentabilidad de nuestro dinero y mejorado desempeño profesional suyo, acometer una renovación añadida, para la que necesitaremos más bolsas de estas que ya les he dicho. Porque, a pesar de lo que diga el psicólogo, ¿cómo desprenderse de bienes que hemos tenido con nosotros durante tanto tiempo? Vale más alquilar un trastero e ir depositando en él, todo lo que, probablemente, no lleguemos a usar más, aunque nunca se sabe. En fin. El otoño. Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT







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