ALGO RARO
Buenas noches nocturnas… Existe, aquí, un circuito municipal destinado a utilizarse por personas de distintas extracciones sociales, edades y condición, con fines educativos. Se reproduce en este recinto, un recorrido urbano, con sus cruces de calles, sus semáforos, etcétera. Muchos escolares acuden a tales instalaciones, pasan un buen rato circulando en bicicleta y, a la vez, aprenden, crecen. Se enteran de una serie de conceptos, de procederes, de códigos y de normas. Al cabo, cuando pasa un tiempo y ellos mismos, a pie o valiéndose de sus propios ingenios para desplazarse, mediante actividades mecánicas, recorren el municipio, demuestran que lo han olvidado todo, o que desestiman aquello con lo que se familiarizaron. ¿Por qué? ¡Gran pregunta! Merecería una respuesta sencilla y esclarecedora. Pero he de advertir al lector, que no la tengo. De hecho, me parece muy bien que se realicen estas actividades. Creo que contribuyen a formar a personas y a ciudadanos. Sin embargo, no parece bastar. Algo, después, lo que sea, enturbia lo conseguido, lo malgasta, y lo destina al cubo de la basura. Estaría bien un análisis científico no ocasional- No una de esas tentativas estadísticas que apenas si facilitan la lectura del momento. Mas, que yo sepa- y se sabe que mis conocimientos son limitados- nada así existe. Y me pondré del lado, por lo que diré a continuación, de esos ciudadanos que, cuando han respondido a la pregunta hecha para saber como advierten el futuro a diez años vista, manifiestan signos de entender lo que vendrá de manera claramente adversa. Porque, aunque no soy partidario de sostener que cualquier tiempo pasado fue mejor, al pensar en cosas como las apuntadas anteriormente, entre las desventajas de ser criaturas sociales, encuentro la de la corrupción. Y no estoy hablando de la materia de la que se sirven los periodistas para nutrir sus informaciones, trasladándonos una imagen real de la vida política, entre bochornosa y desasosegante. Imagen, por otra parte, a menudo cierta. No. Me refiero al hecho de estar unos con otros e ir incorporando ideas y costumbres del todo nocivas. Si estar en sociedad ofrece ventajas que difícilmente pueden ser discutidas, tiene otra serie de contrariedades antes las cuales cabe no otra cosa que saber identificarlas y darles remedio, si es que lo tienen. Desconozco si la corrupción a la que me refiero figura entre los equipamientos de serie de algunos individuos de la especie o, a fuerza de exponernos a los distintos grupos humanos con los que intercambiamos aspectos de la vida, a lo largo de los años en ejercicio, vamos degenerando sin remedio. Como ocurre con todo otro ser o artefacto, mientras está vigente. Los materiales fallan y, al final, llegan a ser inservibles o desaparecen. Qué nos pasará a todos y cuándo, para cambiar y hacernos insostenibles, por más que cada generación, a efectos prácticos, quién sabe si también en la medida de la notable humanidad, mejoremos: estemos progresando. Los números, es verdad, los datos, dicen que es palpable la diferencia. Que no nos atrasamos cada día más. Y, examinados con rigor, al margen de las manipulaciones a las que se los pueda someter, los números, los datos, no mienten. Es verdad. Pero no lo es menos la parte de este poema, “Proceso”, de Liliana Lukin, que escribo acto seguido: ”hay un silencio aquí que nada / tiene que ver con las palabras / haciendo barro en los cuerpos / esa triste música”. Un silencio o una inhibición, una manera de desatender. Algo raro. Como las termitas horadando la madera sin haber dado muestras de su incansable voracidad. Me destoso.
https://revistamalabia.com/poemas-liliana-lukin/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.







Comments
Post a Comment