UN MILLÓN DE PIEDRAS
Buenas noches nocturnas… Todas estas piedras, son muchas piedras. ¿Ha calculado cuántas habrá? Y, sobre todo, ¿por qué empezó esta colección? "Venga", me dijo como respuesta. "Voy a mostrarle algo". Se desplazó al fondo de la estancia, a la que podríamos llamar cueva, y de entre todas las clasificadas, en un orden que solo él podría descifrar, salvo que se estuviera al tanto de las claves a esos efectos, tomó uno de los ejemplares. "Observe esta piedra", me dijo. "¿Qué le parece?" Bueno, respondí. Es una piedra de río, un guijarro redondeado, que no pesa mucho, en fin, a su modo, interesante. "Claro", se apresuró a interrumpirme, aunque la verdad es que hubiera callado al pronto… "Claro: es solo una piedra. Inconfundiblemente. Es la piedra que parece ser tan solo lo que es. Y esto es raro. Porque las piedras tienen formas y representan a casi tantos personajes de la historia de la humanidad como registro de tales criaturas tengamos. Algunas de ellas, incluso, se asemejan a parte de los que de entre nosotros seamos magníficos en el futuro. Seguro que, si salimos a dar un paseo, encuentro una que se parezca a usted", terminó mientras depositaba en su sitio la piedra que me había enseñado. Luego, sin mediar otra cosa, se sentó y fue deshilando la madeja. Dijo: “Esta piedra que acabo de enseñarle no se parece a la torre Eiffel, ni a las Pirámides de Egipto, ni a Einstein, ni a Buda, ni a la directora general de la Organización Mundial de Comercio nombrada en febrero de 2021, la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala. Como le decía antes. Es tan solo una piedra. Nada puede decir, nada puede hacer. Si otros la empujan o la lanzan, al impactar puede causar daños, pero serán golpes indeseados. A su pesar. A pesar de los deseos de la piedra. Las piedras que son como esta piedra, por tanto. Son como los espacios entre palabra y palabra, como el silencio entre nota y nota musical: la capacidad de respirar que nos permite entenderlo todo. ¿Y qué hay que entender? Debemos entendernos a nosotros mismos. Somos, entre otras cosas, los que estamos observando. Los que, conscientes de lo que nos rodea y de ser el ser vivo y mortal que puebla el planeta, comunicamos, compartimos, disfrutamos, damos y quitamos. Es nuestra responsabilidad. Y, por responsables, debemos asumirnos con pleno conocimiento. De ahí, las piedras que se parecen a todo tipo de criaturas, a objetos, a ideas… Mire. Mire esta otra”. Se levantó de nuevo e inclinándose para tomar una de considerable tamaño y formas inmediatamente reconocibles, que estaba cerca del suelo, puso en mi mano lo que yo interpreté como una joya. Luego me dijo que no era así. Que esa piedra representaba la versión rocosa de una mariposa “morpho”, que son insectos de alas de un encendido color azul metálico, aunque a mí me pareciera la pieza que sostuve entre el lapislázuli y el topacio, y que nunca jamás la tocó artesano alguno. “¿Lo ve? Todo está en la piedra. Las piedras son nuestro recuerdo. Solo hay que salir y encontrarlas. De hecho, esta colección es parte de un proyecto a fin de incluir las aparecidas hasta ahora y todas las que están por ahí, esperando a ser descubiertas, a fin de hacer un palacio de la historia universal”. Eso me dijo. Y me dijo, coincidiendo con unos versos suyos, que durante los días soleados se quedaba en casa. Para él son días sin preguntas. Días de hacer inventario. De clasificar. Pero los días nublados, días con interrogantes, pronto echaba a andar en busca de alguna sorpresa de granito, por ejemplo. Esas piedras, o tal vez otras, sostiene, son la respuesta. Y luego me marché. Por un día, la vida mineral. Me destoso.
La imagen se obtuvo gracias a los servicios que proporciona Microsoft Designer.






Comments
Post a Comment