CHIN PUN
Buenas noches nocturnas… Enrique F. Borja, director científico de Órbita Laika, en una publicación facilitada por National Geographic, sostiene que "tenemos constancia de que en la parte del universo que podemos ver, el universo observable, hay unas cien mil millones de galaxias. En cada una de esas galaxias, estimamos que han de haber unas cien mil millones de estrellas. Y ahora sabemos que hay aproximadamente un planeta por cada estrella." Bien. Mucho territorio por explorar, si se me permite hacer uso de una metáfora propia de nuestro mundo. ¿Habrá alguien más, digo, dotado de una inteligencia parecida a la nuestra o a la de otras criaturas que residen en la Tierra? De momento, no se sabe. Supongo que están al tanto, más allá de las abundantes teorías conspiranoicas que suelen difundirse. No lo sabemos. Sin embargo... viajemos al año 1950. Será posible gracias a la lectura y a que alguien, previamente, se tomó el interés de legarnos su palabra. Me refiero, como indiqué con anterioridad, al señor Borja. Pues bien, "Fermi —un físico italiano naturalizado estadounidense conocido por el desarrollo del primer reactor nuclear y sus contribuciones al desarrollo de la teoría cuántica, la física nuclear y de partículas, y la mecánica estadística— Enrico Fermi, estaba pasando un día junto a otros tres colegas, Edward Teller, Herbert York y Emil Konopinski, y salió a colación la posible existencia de civilizaciones extraterrestres presentes en nuestra galaxia. Como no podía ser de otra manera, Fermi se mostró entusiasmado con la cuestión y, de hecho, se planteó la posibilidad de que tales civilizaciones nos hubieran visitado". De inmediato, se afanaron en considerar algunas cosas acerca del tema. Por ejemplo, que en nuestra galaxia existen alrededor de cien mil millones de estrellas. ¡Cien mil millones! Con bastante probabilidad, algunas de ellas serán orbitadas por planetas que sustenten vida, donde pudieran haberse originado grandes civilizaciones. En consecuencia, varias de estas comunidades culturales podrían haber conseguido tecnología avanzada y, aunque no lograsen viajar a la velocidad de la luz, habrían tenido tiempo para descubrir la Tierra. Entonces, si estas suposiciones son compatibles con la verdad, debería haber evidencia de visitas extraterrestres: navegantes que no se puede probar que hayan llegado hasta nosotros o que, en sintonía con los que participan de la creencia en extrañas maquinaciones, están ya aquí, de incógnito, gracias a la protección de gobiernos y demás autoridades. Esto es lo que se denomina la “Paradoja de Fermi”. Ahora bien. Vamos a imaginar, entramos en los terrenos de la ficción, vamos a imaginar que, girando en torno a una estrella muy, muy lejana, existe un astro habitado. Una pieza del cosmos en la que atienden sus asuntos seres tan inteligentes o más que nosotros: para esto la naturaleza no debería esforzarse mucho. Y, entre ellos, hay fontaneros, costureras, presidentas del gobierno, campeonas de lucha libre, redactores de periódico y guionistas, por ejemplo. Guionistas que, tal vez, en estos mismos instantes, están trabajando. Sentados frente a un artefacto similar mediante el que doy curso a las palabras que están leyendo, o a otros muchísimo más sofisticados. Laboran, idean, imaginan. Un planeta muy, muy lejano respecto de ese en el que vive un héroe interplanetario que llega a una masa esferoide de predominante color azul. Un mundo al que desciende y al que observa, como hacen en la serie *Star Trek*, sin intención de interferir. Como Gurb, el alienígena estrella de la obra de Eduardo Mendoza, más tarde, se adapta y sigue nuestras costumbres… lo que viene a continuación solo puede ser el delirio. A cualquiera que llegue —pongamos, sin ir más lejos, de esa casa encarnada a la que desea ir de inmediato Elon Musk— le parecerá que somos raros, que damos lástima, que protagonizamos actos hilarantes de los que solo cabe reírse como uno lo hace ante el absurdo, y obramos muy peligrosamente. Y, sí: también encontrarán virtudes entre nosotros, y virtuosos, no cabe duda. Lo que pasa es que, como el oro, están bien escondidos: hay que descender a la mina para que afloren. Todo eso estará calculando quien, en estos mismos instantes, esté consultando a los oráculos para poner título a la serie que será la más aclamada de todos los tiempos. Una tragicomedia que podría llamarse, en el idioma de esas gentes, “Chin Pun”. Me destoso.
https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/paradoja-fermi-y-existencia-vida-extraterrestre_14031
https://es.wikipedia.org/wiki/Enrico_Fermi
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona DEEP AI y se editó después.




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