ESPERANDO A LAS AMAPOLAS
Buenas noches nocturnas… Mucho se habla del tiempo cuando, como está sucediendo durante estos días, la atmósfera permanece, por así decirlo, turbia. Las nubes se interponen entre la festiva bendición del sol y llueve, llueve, en algunos lugares de golpe, como si todas las gotas de agua se desplomaran a la vez. Pero es que, antes de ahora, cuando la abundancia de días despejados no parecía producirnos inquietud, también se consideró la lamentable posibilidad de quedarnos del todo secos. Como fuere, siempre conversación. Hablamos por los codos. Y escribimos. Al menos, servidor… Próximos a San José, Día del Padre y a la celebración de las Fallas de Valencia, se impone la presunción de que la perspectiva de lo que suceda, habrá de contemplarse en blanco y negro, como en las pelis antiguas. Así que, con la agenda a la vista, pues a estas anotaciones elementales me vengo refiriendo, no encuentro otra cosa mejor que examinar el santoral del día. Aquí me encuentro que la iglesia católica conmemora a los santos Alejandro de Jerusalén, Anselmo de Mantua, Eduardo el Mártir, Frigidiano, Juan Thules, y a los mártires Leobardo, Rogerio Wrenno, Salvador de Horta. Pues ya está: elijo a Leobardo. Leobardo. Que significa algo parecido a ‘hombre ilustre del pueblo’ o ‘brillante entre la gente’. Se trata de una variante del nombre Leobert o Liobhard, que son voces de origen germánico. En resumen, este Leobardo fue un monje nacido en Auvernia, Francia, alrededor del año 559, en una familia noble. Era discípulo de San Gregorio de Tours y destacó por su humildad, ayuno y oración constante, además de su dedicación al estudio de las Sagradas Escrituras. Tras la muerte de sus padres, que intentaron comprometerlo en matrimonio sin éxito, decidió mudarse a Marmoutier como ermitaño, donde fue aceptado por los monjes y aceptó complacido una celda ocupada anteriormente por un prisionero, ganándose el apodo, muchos años después, de "San Leobardo, recluso". Durante 22 años, se dedicó a copiar pasajes bíblicos y memorizar salmos. A pesar de enfrentar tensiones con monjes vecinos, recibió apoyo de Gregorio de Tours, quien le envió libros de vidas de santos para reconfortarlo. Leobardo poseía dones especiales, como curar heridas, y muchos acudían a él en busca de consejo. Falleció en el año 593, siendo enterrado por el obispo de Tours en una tumba que él mismo, Leobardo, había cavado… O sea, este Leobardo tuvo cierta pasión por el sufrimiento, conforme a todo lo anterior. Y, si no pasión, voluntario acomodo. Digo, más allá de lo que pudiera tener de ascética la vida de un religioso comprometido con la fe hasta la privanza de todo disfrute. Tal vez reuniera su psique las condiciones que habrían hecho de él un tipo fascinado por lo macabro, que se identificara con víctimas conocidas en la historia de la humanidad, a la búsqueda de conectar con su sufrimiento; partidario de creer que experimentar dolor ennoblece, cual ha quedado registrado en los anales de la literatura, la filosofía y la religión; sujeto a estimar el magnetismo de lo paranormal o las energías residuales; o presa de traumas sufridos durante su pasado. Acaso, no obstante, fuera Leobardo como Poe o Byron. Precisamente, el primero, Poe, en uno de sus poemas, “El valle de la inquietud”, propone: «Una vez sonrió un silencioso valle donde nadie habitaba; se habían ido las guerras, confiando a las estrellas de suaves ojos cada noche, desde sus azules torres, la vigilancia sobre las flores, en medio de las cuales todo el día la roja luz del sol descansaba perezosa. Ahora cada visitante confesará la inquietud del triste valle. Nada es allá inmóvil, nada salvo el aire que cavila sobre la mágica soledad. ¡Ah! ¡Ningún viento mueve aquellas nubes, que susurran a través del sin sosiego cielo, inquietamente, desde la mañana hasta la noche, sobre las violetas yacen en incontables tipos para el ojo humano, sobre los lirios que allí se agitan y lloran sobre una desconocida tumba! Ondean: de sus fragantes cabezas el eterno rocío se derrama gota a gota. Lloran: de sus delicados tallos lágrimas perennes descienden como joyas»… Un poco gótico todo. De la subcultura gótica: ese gusto por lo siniestro. Y debe ser porque llueve y, a pesar de estar cerca de la primavera como estamos, todo paraguas es una cápsula hermética donde nos atrincheramos en espera de que se instaure el imperio de las amapolas. Me destoso.
https://www.dim.uchile.cl/~anmoreir/escritos/poe.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Subcultura_g%C3%B3tica
https://elcuadernodigital.com/2019/11/06/negroscuro-onda-siniestra-y-afterpunk-en-espana/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona FREEPIK y fue editada después.




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