ENTRE TARDE Y NOCHE, ENTRE NOCHE Y DÍA
Buenas noches nocturnas… Durante el fin de semana pasado hubo procesiones. Por lo visto, se trasladan, de unas parroquias a otras, los tronos solos, y algunas imágenes, que tendrán su punto de partida en espera de los muchos desfiles que se producirán, una vez llegada la Semana Santa, en templos que las acogen extraordinariamente, o por legítima titularidad. Son ese tipo de cosas desconocidas para mí. Lo menciono porque, desde fechas precedentes, con motivo de las festividades religiosas que se avecinan, se habla del clima. Que si va a llover, que si no. Que está muy bien que llueva, pero solo cuando nos interese… y todos los exhortos que se recitan en estos casos. Pues bien, nada de esto me interesa. La Semana Santa porque sucederá quiera yo o no quiera, y no tengo motivos para desear una cosa o su contraria. Y pasa lo mismo con la lluvia o el sol. Ocurrirá lo que naturalmente deba y no soy de los que se atreven a imprecar a Dios o a cursar exigencias al presidente del gobierno. Pero, sí que he pensado en el día después. Ha sido al acabar de ver un episodio de Star Trek Voyager. Da igual, ahora, la trama narrativa específica. El asunto es que mientras suenan las fanfarrias del final y salen los títulos de crédito, los protagonistas han desaparecido. Quiero pensar, de hecho lo hago, que la vida en la nave estelar continúa. Algunos de estos que digo fueron los que llevaron el peso de la acción durante el episodio, continúan su turno y otros se retiran a sus camarotes para descansar o acceden a otras estancias a fin de disfrutar del ocio o socializar… ¿Sobreviene, por tanto, la rutina, a la espera de los acontecimientos que los guionistas tengan previstos para la siguiente aventura? ¿Cómo saberlo? GROK, el bibliotecario o bibliotecaria de don “Elondo”, el dueño, ya no sé si tan amigo de Donald “aranceles” Trump, opina lo siguiente: “La Voyager seguiría una rutina funcional: turnos asignados, mantenimiento de sistemas, comidas en el refectorio. Pero esta rutina es un equilibrio precario. Sin los protagonistas, la nave perdería parte de su chispa para resolver crisis, y el Cuadrante Delta no es un lugar que perdone la complacencia. La ausencia de figuras clave podría llevar a momentos de introspección o conflicto interno (como vimos en "Latent Image" con el Doctor o "The Void" con la alianza frágil de la tripulación). La rutina existiría, pero estaría constantemente amenazada por lo impredecible, tanto dentro como fuera de la nave”... Una calma tensa diría yo. Salimos de una jornada calenturienta de trabajo: vamos a la ducha; nos revestimos, más tarde, de atuendos limpios; tomamos algo reconfortante; tal vez nos ejercitamos suavemente; proponemos una conversación o nos entretenemos, sea culturalmente o no. Todo con orden y con cuidado, porque, en cualquier momento, puede sonar la alarma. Como para los bomberos de guardia, o los policías, o los médicos, en urgencias, como para todos los profesionales sujetos a la esperada sorpresa: saben que puede ocurrir lo que ocurrirá, pero desconocen exactamente cuándo. Y, parte de lo que sucede justo al punto de haber concluido una celebración o las vacaciones: retornamos a la estación de servicio, a proveernos y a surtir. Temporada de mantenimiento mientras suceden todas esas cosas que conviene aguardar de lo rutilante, a veces aciagas experiencias… Particularmente, soy muy partidario de esa indefinición que se produce entre el resplandor y su cese, ese territorio gris, en realidad mucho más amplio que el simple, pero deseable destello: porque los preparativos ya han hecho camino y si no se dispone nada, igual se vive: sin sobresaltos, razonablemente seguros, con el control. Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona FREEPIK.




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