SONRISA COTIZADA
Buenas noches nocturnas… En una revista para vender libros veo los retratos de distintos escritores. Ellas, las escritoras, abundan. Todos sonríen. Y empiezo a pensar que la sonrisa puede tener un valor de mercado. De hecho, en la web de una clínica dental informan que, independientemente de las variantes, el diseño de una sonrisa, mediante los actos médicos que correspondan, puede costar unos 3.000 euros. Y si por salud o por necesidades de representación alguien invierte esa suma de dinero en asegurarse la expresividad deseada, es porque tiene el propósito de reponerse e incluso lograr beneficios en el futuro. Amortización y negocios. Otro usuario de una red social dedicada a la toma de contacto entre profesionales menciona un estudio realizado en la Universidad Bangor, situada en el condado de Gwynedd, en el norte de Gales (Reino Unido), en la ciudad del mismo nombre. En este informe se dice, entre otras cosas, que “los investigadores calcularon el valor de una sonrisa genuina en el experimento en poco más de un tercio de centavo”. Imagino que de un centavo de libra. Según esto, hay que sonreír mucho para lograr el primer millón. Como fuere, parece que sonreír da dinero. Desde luego, tras entrenar adecuadamente, abre puertas y cierra ventanas. Porque, como tantos otros asuntos, valerse de una herramienta así, exige naturalidad y ese don no lo tiene todo el mundo. Shakespeare dejó dicho, según aseguran: “Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada”. Y sostengo, a continuación, que es porque, como el caballo de Troya que se acepta, las sonrisas son un artefacto mediante el que engañar a quien se quiera rendir, en la confianza de que el oponente creerá que se avecina un momento de felicidad relajada. Por otra parte, Tolstói, el escritor ruso, afirmó que “el niño reconoce a la madre por la sonrisa”… ¡hasta que alcanzó la adolescencia! El niño, claro. El niño que ya no reconoce a nadie. Ni el niño ni la niña. Es asunto de triste risa. Y lo es, generalizar. También cuando se nos propone sonreír como parte de una estratagema originada en la necesidad de caerle bien al prójimo. Al fin, de esto creo que se trata. De caerle bien al prójimo. De que piensen que no somos hostiles. De que nos admitan con simpatía, con confianza. De que nos tomen como modelo y, al cabo, como autoridad. Si Nadal sale en un anuncio de automóviles y sonríe, parece feliz. Nos gusta que esté contento porque es un deportista conocido al que estimamos. Y si está emparejado con la marca que sea, este hombre feliz, que por eso mismo debe saber lo que se hace, es un ser humano a imitar. Y ya está: hecha la venta con una sonrisa. De ahí que los escritores de la revista sonrían. Ellos desean que sus libros se vendan, como los fruteros quieren vender sus melones y los armadores sus buques. Es en ese momento, cuando se tramitan los negocios y cuando se concluyen, cuando las personas sonríen encantadas de haberse conocido. Sonríen en las revistas de libros y en las fotos que no salen en revistas. Porque si sonreímos, nos tendrán por seres gozosos, capaces de contagiar esa alegría. Y si contagiamos y nos contagian, todos seremos felices y brindaremos con naranjada, y caerá sobre la humanidad una lluvia de pétalos de rosas… aunque las rosas, tal vez, no sean partidarias de efusiones como las dichas. Como no es partidaria de sonreír a cámara la escritora Menchu Gutiérrez, poeta antes que novelista y autora de *Vida y muerte de un jardín de papel*. No es partidaria, si se hizo la foto para esta cita, o es que en la publicación no encontraron una instantánea de resplandeciente optimismo para ilustrar la entrevista hecha por Suso Mourelo. Que no es que ponga— la escritora— cara de vinagre, conviene que se sepa, pero no sonríe. Y esto, hoy, a mí, me parece un triunfo. Tal vez porque estuviera necesitando la excepción. Me destoso.
https://proverbia.net/frases-de-sonrisa
https://www.libreriasindependientes.com/revista-l
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT







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