LA ESTACIÓN DE LOS CUERPOS
Buenas noches nocturnas… Dice Ángel Antonio Herrera, poeta y escritor, que “el verano es la estación de los cuerpos”. A partir de ahí —más allá del parecer del autor y de la palabra que lo sostiene— tomo impulso y reconozco, entre los materiales que examino, el sospechoso fulgor de una cita de mercado. Se trata de unos complementos alimenticios que aseguran que el verano no es una estación, sino una sensación. Los promotores mencionan cinco variantes: ligereza, combustión, capacidad de brillo, equilibrio y calma. Una propuesta mística, casi metafísica. Una fiabilidad que, en ciertos casos, se alcanza por medios propios, sin necesidad de intervenciones externas; aunque, en la mayoría de los casos, para el resto de los mortales, se trata de una aspiración asequible siempre que se adquieran las mercaderías que ofrece el fabricante.
En consecuencia, los cuerpos deben estar acreditados dentro de la norma. El verano exige cuerpos consecuentes, presentables, triunfadores. Opinión que, por cierto, no comparte Ángel Antonio. En sus crónicas, el verano es mandato, sí, pero también territorio fértil para la diversidad de lo contrahecho. Y, si no deforme, al menos insurrecta promulgación de configuraciones que se alejan de la estética escultórica heredada de la antigua Grecia.
Así somos usted y yo, señora: gente con curvas poco proporcionadas, con bultos, con aristas donde podrían estar otras formas, con ausencias y con demasías. Sobre todo, con demasías. Ahora bien, dependiendo del lugar —de la plaza pública en la que se debata este asunto— quienes no nos parecemos ni remotamente a los modelos de rigurosa confesionalidad estética, contamos con valedores. No sé si usted los ha buscado. Yo, desde luego, no. No busco quien me otorgue visa ni quien me impida el acceso a ese recinto donde el derecho de admisión está reservado.
Tarde o temprano, los acontecimientos se suceden. Como en una partida de cartas, cada cual juega a su tiempo con los triunfos que el azar facilita. Lo que pasa es que debe haber fuerzas, intereses políticos y comerciales bien vistos y florecientes. Cuando la belleza —canónica o no— es privilegio de unos pocos, las posibilidades de venta y persuasión se reducen. Por eso hay que ampliar el nicho: deben caber más. Y, con concierto o sin él —no soy partidario de teorías conspiranoicas— lo que se mueve termina, inevitablemente, convirtiéndose en dinero.
En uno de sus poemas, Herrera afirma: “Contra el paradero del verdugo, tengo un verano de antídoto”. De modo que, frente al mal, el verano resiste. Esto lo digo yo. Hay una oportunidad para la defensa. Si los cuerpos, al ser expuestos por el abandono de la ropa —¡oh sol, a ti te debemos el abandono de las costumbres textiles!— se muestran tal como son, y si enseñar las hechuras de la carne nos enfrenta a una nueva batalla, entonces hablamos del verano como enemigo y también como protector. En este último caso, porque encontramos refugio sumergiéndonos en las aguas, lo cual equivale, simbólicamente, a bautizarse.
No salgo de lo religioso. Necesito, otra vez, la ayuda del poeta: “Contra el ahogo de tanto calendario, queda la autoría de la imaginación y el taller de la lluvia”. Es decir, dependemos de nosotros mismos. Y también de la razón climatológica que riegue los campos. Que riegue, no que anegue. En la mente, los fuegos y las tempestades a las que llamamos DANA.
El poeta, cronista, dice en prosa: “Ya sé que pudiera hacerse mucha vida interior solo tomando un yogur desnatado, pero es que uno hace mejor vida interior con un chuletón tamaño Beyoncé y una siesta posterior, para quemar las grasas. Naturalmente, por encima o por debajo de todo esto, no hablamos de usos de salud, sino más bien de vicios de escaparate. Porque hoy todo es escaparate, empezando —o terminando— por la felicidad, que ahora sucede si eres maniquí".
Si eres, que no lo somos. Nosotros pertenecemos al batallón de los cuerpos, una forma soldadesca de decir que, como en los montones de ropa de los mercadillos, hay de todo, y la ganga está enterrada entre muchísimo manoseo. Gasto que concluyo en este instante, aunque el domingo respire, y yo esté necesitado de un buen lunes.
Me destoso.
https://www.abc.es/noticias/bikini-talla-felicidad-20250823003409-nt.html
https://www.zendalibros.com/los-espejos-nocturnos-la-poesia-reunida-de-angel-antonio-herrera/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI




Comments
Post a Comment