INTERCAMBIO DE NOTICIAS BAJO TECHO
Buenas noches nocturnas… Atribuyen a Antonio Gala, el poeta, dramaturgo, novelista, guionista y articulista nacido en Brazatortas, la siguiente frase: “Una casa es donde uno es esperado”. Siquiera por los lirios de la paz, planta de interior, en el caso de vivir al margen de toda otra compañía.
Aunque Gala bien pudiera haberse referido a la calidad de hogar, independientemente de los hechos arquitectónicos. Es decir: despídase el ermitaño de los valores de la familia, de los parientes o de los amigos, y de todo el bien que estar en contacto con los iguales de uno proporciona, a pesar de residir en un “lugar cerrado y cubierto construido para ser habitado por personas”.
Ahora bien, en el caso de admitir esta opinión —sea originada por el poeta o fruto de mis deliberaciones a solas— si lo han de esperar a uno, tendrá que salir. De acuerdo con esto, las personas salimos al mundo por muchos y variados motivos. Entre ellos, satisfacer necesidades y atender obligaciones. Más tarde, una vez resuelto ese capítulo, si resta tiempo, otro tipo de búsqueda puede que se produzca: nada en especial, pero con los sensores dispuestos a establecer contacto con lo inesperado. Por ejemplo, un jabalí ciclista.
Desde que la fauna se acerca más a las ciudades, es innecesario acudir al bosque, a la geografía rural, para encontrarse con ejemplares de mamíferos artiodáctilos de la familia de los suidos. Si uno, entonces, regresa a casa y manifiesta haber visto un “cerdo montés” dando pedales como el mejor de los contrarrelojistas, será puesto en cuestión de inmediato. ¿Acaso no sueñas todavía? Porque, ¿qué hiciste? ¿Mantuviste la calma a fin de evitar al protagonista brusquedades y ruidos que pudieran dar al traste con la demostración de sus habilidades? ¿Grabaste la escena para que te crea el mundo? ¿Tienes idea de la procedencia del animal? ¿Has descartado que deambulara por los parajes en los que estuviste, tras escapar de un circo?
Aunque hoy en día eso de someter a la fauna para deleite de grandes y chicos bajo una carpa itinerante ha caído en desuso, puede que aún queden por el mundo funciones clandestinas. ¿Contactaste con Iker Jiménez o con Avi Loeb en el supuesto de que la aparición tuviera relación con la visita de extraterrestres tantas veces anunciada? Al fin y al cabo, uno de estos jabalíes salvajes guarda parecido, si no con “E.T.”, sí con “Alf”.
Por lo tanto, o es cierto, o estás delirando y habrá que meterte en cama hasta que el galeno de atención primaria, dentro de quince días como mínimo, pueda recibirte. La novedad, en casos así, cuesta cara. Tan dolorosa como la noticia que proporcionen al viajero una vez traspasó el umbral del refugio donde se le espera. Por ejemplo, el horno. El horno que se niega a funcionar. Además, ha emitido un comunicado en el que explica las razones de su abstinencia. Al parecer, como es un electrodoméstico de última generación, ha podido detectar desasosiego y prisa. Algo del todo incompatible con su funcionamiento.
Un horno que se precie ha de encenderse y apagarse como está previsto para que se produzca el cocinado y los actos posteriores de alimentación alcancen un registro mínimo, de acuerdo a los estándares vigentes en materia de vida sana. Entonces, no: con ruidos, arrebatos, manías… no. Conviene la relajación y el silencio. Nada de poner la tele de fondo, o la radio, o un pódcast, o de conversar con otras personas por teléfono. Todo esto, si es imprescindible, lejos de las cercanías de la instalación. Por supuesto, en las más alejadas.
De esta forma, las personas, las que salen y las que entran, después del saludo —por cuanto se pondrán al tanto de la vida— o recitan los aburridos misterios de la rutina propia, o comparecen iluminados, como si fueran resistencias de estufa eléctrica a punto de irradiar el calor definitivo, y cuentan estas cosas. Y, llegados a este renglón, vale la pena aludir al dramaturgo y guionista estadounidense Arthur Miller, de quien dicen que sostuvo lo que anoto a continuación: “¿Por qué el final de las cosas es siempre tan irreal?”. No tengo una respuesta propicia, pero, si debiera ser consecuente, no podría callar que todo lo que experimentamos a menudo es bastante raro. Equívoco, colindante con los efectos de sustancias alucinógenas o con las propias fuentes del esperpento.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.




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