LAURELES, ROBLES Y OLIVOS


Buenas noches nocturnas… Lo negaré todo, como ha cantado Joaquín Sabina. Sin embargo, contrariamente a lo que pudiera pensarse, se apresurarán sin motivo quienes estén dispuestos a atribuirme intenciones de forofo: mi gusto por los deportes es elemental, tirando a pobre. No paso de espectador irregular. Baloncesto algunas veces, tal vez balonmano; fútbol, sí, sobre todo las finales; tenis, pruebas ciclistas… pero prefiero el atletismo.


En estos días se están disputando los campeonatos del mundo en Japón. Al mencionar esta cita, no pretendo decir que permanezca frente al televisor día y noche para seguir el acontecimiento de cabo a rabo. Ni es esta mi prioridad. Cuando coincide que enciendo el aparato y aparecen los atletas en pantalla, veo lo que puedo, o escucho, sin urgencias ni suspensión de las actividades que suelen ser preferentes para mí.


Aun así, me deleité con la prueba del salto con pértiga masculino, ganada por el sueco Armand —Mondo— Duplantis: seis metros treinta centímetros, nuevo récord del mundo. Cuando lo consiguió, el público asistente lo ovacionaba con el entusiasmo y los honores de quien ha merecido la medalla de oro, de quien la obtuvo en buena lid, pues además, antes de ese último salto, ya había ganado la prueba. Hasta ahí llegó su generosidad o su ambición.


Todo lo sucedido, a mi parecer, resultó ejemplar. Los atletas adoptaron en todo momento una postura de exquisita educación ante los rivales, una competencia sin mácula y un respeto fraterno, justo cuando lo que se dirimía estaba por finalizar. Ni malos gestos, ni palabras bruscas, ni protestas, ni desplantes. Y esto no solo afecta a quienes intervienen en la disciplina mencionada. Es cosa de todos los participantes que he visto durante este campeonato y en otros en los que estuve presente, mediante la tele, como espectador.


Casi es el único deporte en el que ocurre esto. Y me sobreviene cierta perplejidad. Incluso en el tenis, donde los deportistas juegan alejados el uno del otro, sin la evidente cercanía que caracteriza a las modalidades de varios competidores por equipo, incluso en el ajedrez, se han visto malas maneras, gestos de soberbia o violencia. En el fútbol, el baloncesto, el hockey, por ejemplo, a la fricción natural se le suman todos estos defectos humanos, y es algo que se contagia a las gradas. Quienes acuden a presenciar las evoluciones de estos deportistas actúan muy a menudo al margen de todo control y concitan, antes que los protagonistas, toda suerte de fatales inconveniencias. Y eso, en un estadio de atletismo, nunca lo he visto.


Cabe preguntarse si, en el futuro, a la vez que se confunde a un gobierno —me refiero al de Israel— con la totalidad de su ciudadanía, como ha ocurrido este verano en La Vuelta a España, empezará a haber puñetazos. De momento, en Asia, esto no está ocurriendo. No porque los japoneses sean mejores: simplemente, no se han contagiado. El recorrido de los asuntos, en muchas ocasiones, no se concreta enseguida.


En cualquier caso, volviendo al ámbito deportivo, ayer, mientras se disputaba la final del salto de altura —oro para Hamish Kerr, de Nueva Zelanda, tras superar el listón situado a 2.36; plata para Sang-hyeok Woo, coreano, tras superar el listón situado a 2.34; y bronce para Jan Stefela, de Chequia, tras superar el listón situado a 2.31— me sorprendió mucho el rostro de los dos primeros porque, antes de saltar, sobre todo el coreano, sonreían con la mirada puesta más allá de donde cualquiera pudiera ver, seguros de estar observando algo extraordinario.


No sé de qué se trataba. Pensé, más tarde, en una de esas consignas, técnicas psicológicas diseñadas para anticipar el momento de la victoria y los detalles de su logro, desde el instante mismo en que el atleta arranca, mediante las cuales el individuo puede concienciarse de una realidad posible gracias a la sugestión. Igual no era eso. No es suficiente para ganar. Aun así, era envidiable la alegría. Ni siquiera en mis mejores momentos he podido desplegar la expresión de una felicidad así. Estuve asombrado, a nadie quiero engañar. Y eso que la radiante faz del coreano me remitía a las caras de aquel cómico, Ángel Garó. 


Me destoso.


La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.





Selección gráfica del día...

JL MARTÍN en La Vanguardia 17 de septiembre de 2025



TOMÁS SERRANO en El Español 17 de septiembre de 2025



IAN MORA en Instagram 16 de septiembre de 2025




Selección de contenidos...

Primera:

George Harrison - Between The Devil & The Deep Blue Sea

En el Canal George Harrison

https://www.youtube.com/watch?v=iMJEtLjnO7E&list=RDiMJEtLjnO7E&start_radio=1



Segunda:

Year Of The Cat - David Perrico Pop Strings Orchestra Las Vegas

En el Canal David Perrico

https://www.youtube.com/watch?v=83Yx6yDYwZ4&list=RD83Yx6yDYwZ4&start_radio=1



Tercera:

Los Mejillones Tigre - Mejor que tú

En el Canal Los Mejillones Tigre

https://www.youtube.com/watch?v=Jn-SM3CnZk0&list=RDEMCNZ5akEcpU8fUnC-CxD9SA&start_radio=1















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