SEPTIEMBRE TIENE UN BOLLO
Buenas noches nocturnas… De vez en cuando me gusta saber qué hay dentro de las cosas. Es curiosidad, no pericia. No me paso la vida desmontando objetos ni averiguo por otros procedimientos las interioridades de lo que sea. No vayan a pensar que tengo vocación de relojero, de cirujano o de mecánico.
Hoy, sin embargo, me he interesado por lo que se esconde dentro de la palabra *septiembre*. Es el mes que vivimos, y a mi antojo figurado, tiene un recorrido más largo que el asfixiante agosto, que —como el ocho, número que ocupa en el orden de los meses— es, acostado, infinito… para mal. Por el calor, ya pueden imaginarse.
Entonces me puse en contacto con varios bibliotecarios electrónicos. Gracias a ellos, y entre otras palabras que me han sugerido, encontré una que puede formarse con las letras que sirven para aludir nominalmente a este periodo del que hemos consumido diez días: tengo conmigo un bollo. Un bollo de pan. Concretamente, de pan de escanda.
La escanda es un cereal rústico, de espiga larga y vigorosa, ideal para suelos pobres y climas húmedos. Su alta resistencia a enfermedades y su bajo rendimiento lo hicieron menos rentable en la agricultura industrial, aunque valioso para producciones tradicionales y ecológicas. Los bollos suelen ser redondeados u ovalados, aunque también adoptan formas simbólicas como cruces, espirales o trenzas. La miga, compacta y densa, proporciona un sabor más intenso y ligeramente dulce o tostado en comparación con el pan de trigo moderno. A veces se elaboran con formas geométricas, flores, iniciales o motivos religiosos antes de hornear.
Ahora bien, ¿cómo es posible que la palabra *bollo* se obtenga empleando solo las letras que figuran en *septiembre*? En esta última no hay más que dos vocales: la “e” y la “i”. Y no hay “l” alguna.
Pues me explico. Este bollo de escanda es propio de las fiestas de los Santos Mártires de Valdecuna, el 27 de septiembre. Ocurre en Mieres, en Asturias. Y *Mieres* es una palabra que se puede formar utilizando algunas de las letras de *septiembre*.
Durante la celebración, los romeros ascienden a pie hasta la ermita de San Cosme y San Damián para pedir buena salud. Qué menos. Después de la misa solemne, se realiza la *Puya del Ramu*, y aquí es cuando se subasta el tradicional pan de escanda. La jornada continúa con un concurso de baile regional al son de gaita y tambor, seguido de almuerzos campestres y música folk.
Asunto resuelto. No dirán que fabulaba. Dentro de *septiembre*, gracias a Mieres, y a la pareja de santos dicha, siempre hay un bollo. Un bollo y, aunque no tenga que ver con este aspecto de la fiesta, una leyenda propia de esa localidad.
Ya que estamos, aprovecho para hablarles de *Velasquita*. Un trágico romance sucedido entre la nombrada muchacha —según algunos, allá por el año 983— y el rey Bermudo "el Gotoso". El monarca, aquejado por su enfermedad, se distrae de los deberes que le corresponden para buscar remedios en la peregrinación a Oviedo. Al adentrarse en esa zona del hoy Principado, se enamora perdidamente de la belleza de la humilde y muy hermosa Velasquita.
La relación se desarrolla en secreto, con encuentros furtivos, mientras Almanzor amenaza al reino. En estas, el honor de Velasquita queda mancillado. Por un noble. Un noble que resulta ser el propio rey Bermudo. El padre de la violentada, Mantello, busca justicia por esta deshonra y acude al conde del Pino. Esto desencadena un conflicto directo entre el rey y el conde, y todo acaba mal: el conde del Pino irrumpe durante un encuentro entre el rey y Velasquita, y se arma la de Dios es Cristo contra toda la corte de Belcebú.
Finalmente, a pesar de la valentía de Bermudo, Velasquita queda sumida en la desgracia, perdiendo su felicidad, el amor y la inocencia.
Estas cosas tiene septiembre.
Me destoso.
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https://www.descubreleyendas.es/Info/Consultas.aspx?idLeyenda=796
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI




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