EL QUESO EN LA RATONERA


Buenas noches nocturnas… A veces busco en unos versos, en un poema, la encarnación de una palabra, de un concepto, y creo que tuve éxito en esta ocasión. Porque, efectivamente, este es uno de esos instantes cuyos resultados responden a la idea con la que se iniciaron las pesquisas. Así y todo, el autor del poema —pues es un poema mi tesoro—, nacido en Guanabacoa en 1929 y fallecido en La Habana el 31 de octubre de 2013, se llama Luis Marré. En la Wikipedia figura anotado que fue, además de poeta, novelista, ensayista y traductor, y que fundó la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Antes de ahora no sabía nada. No había leído ni una sola línea de su obra. Nada. Pero se aparece ante mí —o yo lo convoco sin querer— muy alegremente, por cierto...


«¡Alegría! ¡Alegría!»  

—dice mi corazón.  

Todo arde y vibra con  

mágica simpatía.  

Llama de sangre mía  

enciende el flamboyán  

y hasta los muros dan  

—tañe mi pulsación—  

cálida melodía.  

«¡Alegría! ¡Alegría!»  

—dice mi corazón.


Con este exceso, con este clamor, puesto que la pieza se llama *Simpatía*, cabe contagiarse. Yo no lo haré, pero esto quedará justificado —espero que sin duda alguna— más tarde. Digo que, de haber tratado al poeta, de haber conocido su obra mínimamente, podría haberme resultado simpático. Esta es la única posibilidad, en cuanto a lo que pueda concernirme, ya que lo otro —la estimación con agrado, sin que medie interpelación ni comunicación unidireccional, solo por la constancia de la existencia de un ser— no es algo que case con mi manera de pensar. Entenderé a quien diga sentirse próximo, con regocijantes expectativas, ante quien quiera que sea, aunque me parezca algo que linda con cierta temeridad. Porque la simpatía, cuando tiene su origen en un desconocido, puede ser tan solo forma, es verdad. Parte de la conducta que uno tiene con otros, independientemente del tiempo que haga que esas personas hayan conectado. Sin embargo, sin que —como escribí antes— medie nada sustancioso… no sé. Me parece digno de toda sospecha.


Por ejemplo, los halagos puestos en circulación cuando se trata de efectuar una campaña de propaganda o de exponer las virtudes de un producto a la venta. Al anunciante le interesa, una vez que —voluntariamente o por contingencia— demostramos estar atentos, que la información condicionada a facilitar surta los efectos que depararía alguien próximo; que sus interlocutores se sientan distinguidos, que experimenten aprecio de parte de quienes los tratan, que proporcionen alto valor a los sujetos, que se sientan fascinados por estar con quien se esté. Y dan la coba. Dan la coba y lo peor es que, casi siempre, aciertan.


Esos halagos funcionan como en un motor la gasolina de la que se surte. Ayudan a la combustión que produce los gases mediante los que la maquinaria hace que el vehículo en cuestión circule. Del mismo modo, los receptores de tanta alegría deciden que merece la pena ir más allá, tras haber escuchado lo rebuenísimos que son, y pasan por el aro. Es así. Y con esto no quiero designar mi sitio como único a salvo de tales pericias. Ni mucho menos. Ocurre que, simplemente, sospecho.


Si, de pronto, no solo se me dice que me quieren mucho, sino que se me trata de campeón de la humanidad, hasta el punto de competir con Donald y con Pedro por el Premio Nobel de la Paz, hay queso en la ratonera. Si muerdo —y a veces lo hago— no podré escudarme en las malas artes ajenas. Habré perecido por mis propias ansias. Por mi propio narcisismo. Por mi propia incapacidad para estar prevenido. Será mi culpa, del mismo modo que es mi responsabilidad ser el administrador de algún crédito. La confianza es necesaria, es importante. Y preciosa. Por eso hay que saber a dónde se va con las propias simpatías y de quiénes se reciben.


Como sucedió, para mal, al pastor de la fábula de Esopo:


«Acompañaba un lobo a un rebaño de ovejas, pero sin hacerles daño. Al principio el pastor lo observaba y tenía cuidado de él como a un enemigo. Pero como el lobo lo seguía y en ningún momento intentó robo alguno, llegó a pensar el pastor que más bien tenía un guardián de aliado. Cierto día, teniendo el pastor necesidad de ir al pueblo, dejó sus ovejas confiadamente junto al lobo y se marchó. El lobo, al ver llegado el momento oportuno, se lanzó sobre el rebaño y lo devoró casi todo».


Los lamentos restantes pueden imaginarse. 


Me destoso.



https://www.poeticous.com/luis-marre/simpatia?locale=es



https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Marr%C3%A9



https://ciudadseva.com/texto/el-lobo-y-el-pastor/



La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.





Selección gráfica del día...

CAÍN en La Razón 30 de septiembre de 2025



TOMÁS SERRANO en El Español 1 de octubre de 2025



MIKI y DUARTE en Diario de Sevilla 1 de octubre de 2025




Selección de contenidos...

Primera:

Pablo Guerrero - Ecos de sociedad

En el Canal lefuser

https://youtu.be/8wuzoOieE5U?si=FMFn_KNSC0Clmj88



Segunda:

Shawn Colvin - "The Boxer" (with Alison Krauss & Jerry Douglas, Live at Paul Simon Gershwin Concert)

En el Canal ShawnColvinVideos

https://youtu.be/E0EdQ-axmDc?si=EFCbUQ0d3Fuu-1wh



Tercera:

Take Me Home, Country Roads - The Petersens (LIVE)

En el Canal The Petersens

https://youtu.be/qap9Qm-Q894?si=LCUJpuLMAa2qnEQL















Comments

Popular posts from this blog