ALGO DEL PÁJARO QUE SE DESVANECIÓ, APARECE EN TU MÁQUINA DE CAFÉ
En una publicación de la BBC, destinada a dar cuenta de los seis —desconozco por qué seis y no cinco o nueve— robos de pertenencias, a juicio de la doctora Claire Asher, firmante de la pieza, indudablemente asombrosas, aparecen asuntos increíbles. La más loca —al menos hasta mayo de este año, fecha de la noticia— tiene que ver con los cielos y con la “evaporación”. Se trata del caso de una nave, un Boeing 727-223 que desapareció misteriosamente del aeropuerto de Luanda, Angola, en el año 2003: nunca más se supo de él ni de sus ocupantes.
Como se puede leer en la página cuya dirección aparecerá al pie de este comunicado, una vez traducido del inglés, “provocó una búsqueda global y mantuvo a las agencias de inteligencia estadounidenses en máxima alerta. La aeronave fue robada en el aeropuerto de Quatro de Fevereiro, en Angola, por un ingeniero de vuelo estadounidense y un mecánico de la República del Congo. Sin comunicarse con la torre de control de tráfico aéreo, el avión despegó con las luces y el transpondedor apagados, y se dirigió hacia el océano Atlántico. Los ladrones no se han vuelto a ver desde entonces y el avión, ni sus restos, han sido recuperados. Nunca se determinó de forma concluyente su motivo, pero las autoridades creen que pudo haber sido un elaborado esquema de fraude de seguros”.
Ahora, durante la última emisión del programa PARA TODAS LAS PREGUNTAS QUE SE RESPONDEN MEDIANTE EL ACCESO AL CORAZÓN DE LOS COMETAS, HAY QUE MARCAR LA CASILLA “B”, o, como se lo conoce popularmente, MARCALABÉ, por su presentador estrella Mark Labé, de los Labé de la tele de toda la vida, este suceso toma otro cariz. Al parecer, gracias a investigaciones que todavía no son del todo concluyentes, todo podría haber sido de otro modo.
Se especuló, en su día, con la posibilidad de utilizar la aeronave para realizar actividades ilegales: contrabando, narcotráfico o terrorismo. Algunos aseguran todavía que el avión pudo haberse estrellado en el océano sin dejar rastro. Y otros, por el contrario, que se pudo vender en el mercado negro con fines no del todo precisos.
Pues bien, algo de esto es lo que podría aflorar si se concretan las oscuras maniobras que se llevaron a cabo para perpetrar una de las operaciones logísticas más osadas que se hayan conocido. En primer lugar, el aparato de la Boeing pudo haber tomado tierra, de nuevo, en la región de Katanga, en la República Democrática del Congo, una zona fronteriza con Angola, de amplitud selvática y profusión de instalaciones mineras, apenas sin vigilancia. Es un lugar en el que, desde siempre, hubo pistas de aterrizaje clandestinas utilizadas por redes de contrabando de minerales, armas y diamantes. El avión pudo haber volado hacia el este desde Luanda y aterrizado en una pista minera abandonada o controlada por milicias.
¿Con qué motivo? Para desarmar el 727 e intercambiar las piezas por recursos mineros o venderlas a operadores locales. Un ingenio como este contiene componentes valiosos: motores, aviónica, tren de aterrizaje, sistemas hidráulicos, etc. En mercados con escasez de repuestos (como partes de África o Medio Oriente), estos componentes pueden alcanzar precios muy elevados. Además, el avión ya no estaba en servicio comercial y había sido modificado como cisterna, lo que sugiere que su valor como aeronave completa era menor que el de sus partes.
Sin embargo, lo más espectacular todavía no se ha llegado a entrever. Todo lo anterior es tal como lo que se ha dicho, mas, hay quienes aseguran que llegará a conocerse que ciertas piezas figuran en maquetas de robótica para el hogar, juguetes, drones de recreo y monopatines eléctricos modificados para alcanzar velocidades imposibles. De ser así, la población podría enfrentarse a una desventaja tecnológica con resultado de malignidad, como los que llevan a las personas a los hospitales, e incluso a la morgue. Elementos sin registro y sin fiabilidad, puestos sin inspección ni garantía en el mercado, pueden ser el origen de explosivas adversidades y dar muchos quebraderos de cabeza.
De ser así, las autoridades ya están tardando en coger el toro por los cuernos. Desde aquí, lo hemos avisado, como es nuestra obligación. Luego, que no se nos reproche dejación: actuamos y cumplimos con nuestra parte, desde la denuncia.
Hemos dicho.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona Microsoft Designer AI




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