LA MILI
Buenas noches nocturnas… Estuve escuchando una pausa. O, mejor dicho, “un pausa”. Un episodio de la serie de pódcast *Pausa*, que dirige y presenta Marta García Aller. En esta ocasión, abordaban el tema del servicio militar, de lo cerca o lo lejos que se está de la reanudación de la mili. Y, bueno, bien.
Durante la charla, se mencionó al escritor y periodista Sergi Pàmies. Al parecer, refiriéndose al tiempo que pasó entre cuarteles, declara haber aprendido no otra cosa que a escaquearse. Una experiencia más. Pero las personas no solo se escaquean vestidas con uniforme militar. Lo cierto es que todos, en algún momento, lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo.
No obstante, a modo de brújula, debe saberse que, "Evitar algo, especialmente una obligación, o librarse de ello con habilidad", es como define el diccionario el verbo *escaquearse*. Sé que ustedes lo saben, pero lo dejo escrito para ordenar este comunicado y emplearme con más eficacia.
Ahora bien, aunque no se dispone de documentación que lo acredite, en algún sitio ha de haber un campeón, un as del escaqueo. Según estudios que se publicarán próximamente, un titán en esta materia actúa con el respaldo de una inteligencia social aguda, capaz de leer el entorno con precisión y detectar oportunidades para eludir tareas sin despertar sospechas ni rechazo.
Quien domina este arte ha optado por una vida de actividades a la carta: pocas y escogidas por sí mismo. En realidad, como dicen que sostuvo José María García, cuando campeaba por la radio —como el Cid por el Levante—: “No ha venido a servir, sino a servirse”.
A este perfil pertenecen quienes eluden responsabilidades no solo por costumbre, sino por rechazo activo, incluso por profesionalidad. No se trata simplemente de evitar la acción, sino de perfeccionar el arte de aparentar, de tener una ocupación constante, de desplazarse o simular productividad sin aportar resultados concretos ni despertar sospechas.
Saben justificar su ausencia o dar crédito a su pasividad con excusas verosímiles, a menudo construidas con argumentos técnicos, compromisos personales, o imprevistos convincentes. Manejan un repertorio amplio de recursos según el contexto, con notable habilidad para dilatar plazos, posponer decisiones o delegar responsabilidades con sutileza.
Su carisma, aunque no siempre evidente, funciona: pueden caer bien o, al menos, no generar rechazo abierto. Nunca se ubican en los extremos jerárquicos, pero siempre orbitan cerca del centro del poder, donde su inactividad pasa más desapercibida. Manejan con soltura una memoria selectiva que les permite recordar lo que les favorece y olvidar lo que les compromete. Moralmente, no incurren en faltas graves, pero son capaces de deformar lo cierto con habilidad, sin que se note.
Al respecto, algunas frases que suelen emplear estos especialistas resultarán familiares:
“Estoy esperando confirmación de arriba antes de actuar.”
“Justo estaba a punto de ponerme con eso.”
“No me ha llegado esa información, ¿puedes reenviármela?”
“He estado con otros asuntos urgentes que se me cruzaron.”
“Tengo una reunión ahora, pero luego lo retomo sin falta.”
Y no digamos estas:
“Uf, justo me pillas saliendo de casa.”
“Te juro que me acordé… pero se me fue.”
“No tengo cobertura, no vi el mensaje hasta ahora.”
“Es que me llamó mi madre y me tuvo pillado un buen rato.”
“Estoy sin un duro ahora mismo, la próxima invito yo.”
Pero, ¿y estas?:
“Me llamó el doctor para decirme que, tras unos exámenes urgentes, descubrieron que tengo una extraña mutación genética que me obliga a evitar cualquier esfuerzo físico o mental durante 72 horas exactas.”
“Perdí el teléfono porque un cuervo sumamente habilidoso logró arrebatármelo de las manos y voló con él hasta una torre abandonada; después, tuve que organizar una misión de rescate con unos amigos para recuperarlo.”
“Quedé atrapado en un ascensor que misteriosamente se abría solo, dando acceso a un edificio abandonado en otra ciudad: logré salir gracias a la pericia de un okupa que acababa de instalarse en esa planta.”
Y, mi favorita: “Me robaron la cartera, pero el ladrón resultó ser un ilusionista profesional que desapareció en una nube de humo y me dejó solo, con una carta manuscrita en la que se detallaban acertijos irresolubles. Para recuperarla, tuve que matricularme en un curso de adivinación y cábala intensiva, lo que me ha llevado mucho tiempo.”
Todos aquellos que son capaces de interponer estos universos entre la realidad y su conveniencia, sin que los receptores de esas trolas parpadeen de disgusto, se escaquean con garbo, celeridad y triunfo. Quizá por eso, algunos estén pensando que la mili tiene —tuvo— sus ventajas.
Me destoso.
https://www.youtube.com/watch?v=FDaoJxmapXE
https://www.rae.es/diccionario-estudiante/escaquearse
La imagen se obtuvo gracias a los servicios que proporciona GROK




Comments
Post a Comment