CUIDADO CON LOS NUESTROS QUE PUEDEN SER LOS SUYOS
Buenas noches nocturnas… El periódico *New York Times* tiene una edición en español. En ella he leído un artículo cuyo encabezado o título es: “La mujer del video en el concierto de Coldplay está lista para hablar”. La pieza está firmada por Lisa Miller y se refiere a Kristin Cabot, “la mujer que fue captada en la *kisscam* de un concierto de Coldplay el pasado junio en actitud cariñosa con su jefe, Andy Byron, el CEO de Astronomer, la compañía donde ambos trabajaban y de la que salieron tras lo que entonces se consideró una infidelidad por ambas partes”, palabras que entrecomillo de acuerdo con lo que figura en otra noticia, esta publicada en el diario *El País* el 18 de diciembre.
Me llama mucho la atención, aunque no sea un parecer al que quepa calificar de novedoso, el caso de lo que refiere la señora Cabot cuando habla de los comentarios y amenazas recibidas: «Todo el acoso en persona ha sido por parte de mujeres, al igual que la mayoría de las llamadas telefónicas y mensajes. “Lo que he visto estos últimos meses me hace más difícil creer que todo se deba a que los hombres nos están frenando”, afirmó. “Creo que nos estamos frenando tremendamente a nosotras mismas al atacarnos las unas a las otras”». Esto, y la constatación —a su parecer bastante más dolorosa— de comprobar cómo personas muy cercanas la han ido abandonando, constituyen un ejemplo claro. Un ejemplo de las falsedades que se originan en las proximidades, en el círculo de lo que se puede considerar como propio. Cuando los nuestros no son más que los suyos. De ellos.
Una desventura que conecta con estas “fechas señaladas”. A mi juicio, exponente de esa quiebra intolerable que supone la apelación a los buenos sentimientos como parte de un protocolo de fraternidad que se agusana en tanto se observa más de cerca. Si esto de las Navidades queda justificado, por muchos adultos que son padres, en cuanto a que, independientemente de la posición que sostuvieran antes de empezar a ocuparse de sus hijos, consideran un deber velar por la ilusión y la fantasía de la infancia que tutelan, representada por la Navidad, más allá del recinto íntimo de las cuatro paredes que los cobijan, puede esperarse de todo. De todo y poco bueno.
De hecho, declarar que es extraordinario lo que ocurre durante el final de un año y el principio del siguiente, como he escrito en tantas ocasiones, es oportunidad y decisión de realizar una fiesta. Otra fiesta. Y, como tal, no cabe oponerse. Pero hasta ahí. Sin llamaditas a las emociones y los hermosos sentimientos. Tampoco con justificaciones morales, espirituales, elevadas o profundas. No se necesitan. No hacen falta cuando se trata de hacer ruido, de bailar, de brindar y de comer.
Si es eso —y eso es, no me cabe la menor duda—, abjuren de una vez y declaren que solo quieren fiesta. Haciendo lo mismo, ¿por qué no?, pero fiesta. Sin otros apellidos. Compren si tienen dinero, simulen la opulencia, viajen, gasten en lo que sea. Bien. Circulen. No musiten otra cosa que no sea lo propio de su alegría desprejuiciada. Hacen una fiesta porque les sale del cimborrio, de acuerdo. Actúen. No pierdan tiempo. Busquen su disfraz. Preparen el escenario: el regidor les espera. Las luces están prendidas desde hace un mes. Adelante.
Y no lo olviden: si las mayores alegrías pueden estar dentro de la familia, las más bochornosas de las traiciones, los horrores imperecederos, también. Recuerden lo que pasa en una familia cuando hay herencias que dirimir, o intereses económicos de otro tipo, o diferentes sensibilidades. Esto de evitar que en las reuniones como las que van a tener se eludan ciertos temas. Claro. No se hablará de esto o de aquello para tener la fiesta en paz. Y si hay que cuidar tanto la fiesta, y la paz, en estas ocasiones, es que aquello sagrado de lo que tanto se habla durante este mes no es otra cosa que repetitivo y machacón villancico. De los que se fijan en la mente como banda sonora de la necesidad de dormir que no se concilia.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT




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