EL CLAMOR SALE DE PASEO
Buenas noches nocturnas… Al examinar distintas informaciones, se ha dado cuenta de que la moda terminaría por interferir en iniciativas como la que tiene en mente. En la etapa inicial de aquello que ha decidido acometer, tal cosa no se vislumbra. Sin embargo, como el cántaro va a la fuente mientras no se dispongan servicios de toma de agua en los domicilios privados, todo puede esperarse. Entre otras cosas, que los materiales textiles cambien de forma y de color. Así, tejidos térmicos o fotosensibles podrían reaccionar ante lo que suceda alrededor o lo que allí se encuentre.
De esta forma, el cuerpo se convertiría en un sensor del entorno visible, proporcionando, de manera automática, las condiciones precisas de lo que se pretende transmitir. Un caso sería el de fibras que se arrugan, se deshacen o se endurecen según el uso o el entorno. Incluso podrían reaccionar al estado de ánimo de quien las viste. Esta versatilidad de las prendas propone, o puede proponer, distintos alegatos en favor del paso del tiempo, del desgaste y del esfuerzo que supone llevar a cabo las cosas.
Del plano material se pasa al plano simbólico: el origen de los materiales lleva aparejado un determinado mensaje social y político. Las condiciones laborales y el marco regulatorio por el que se logra el acabado final de uno de estos trajes están diciendo algo, cuentan su historia, hablan por sí mismos. Por tanto, cuando existe la posibilidad de trabajar con trajes que emiten ondas sonoras dependiendo de los movimientos que se hacen con ellos, o que generan resistencia táctil en ciertas zonas para limitar gestos superfluos, el activismo individual puede alcanzar momentos de refinada consecución.
Es cierto que, para que estos supuestos triunfen, hacen falta muchas más personas, y el alza de los intereses incontrolables enrarece los principios desde los que se asumen los actos a realizar. Por eso, no será del todo buena idea trascender al ámbito de la negación a lo individualmente concebido. Sea como fuere, nada se pierde por intentarlo. Tanto es así, que la decisión es firme: el traje, la ropa que vista, llevará incorporada una serie de arreglos de sastrería estratégicamente situados para permitir la adherencia de estampaciones intercambiables, mediante las que, recordando el tránsito de los antiguos “hombres anuncio”, se paseen consignas de todo tipo.
La idea es intervenir en el diálogo de los individuos que se reúnen sin fomentar el ruido y la congestión de los espacios públicos. Una sola persona, además, puede llegar a lugares inconcebibles para una masa que, habitualmente, despierta recelos. El mensaje, en un principio artesanal, casero y sin ataduras como las que se observan al atender a grupos formalmente constituidos, por su espontaneidad y lenguaje llano, debe suponer la novedad que muchos esperan: hay que abrir nuevos caminos, y esta puede ser la forma de proporcionar alternativas.
Además, la comunicación no se limitará a la parte que afecta al lenguaje, a la parte escrita. De este modo, la manera de llevarlo, de cómo se muestra, tiene una importancia fundamental. Este diseño convierte al portador en objeto estético de preferencia, sujeto seleccionado, sin necesidad de intercambios intrusivos como los que se realizan durante la captación de recursos por parte de colaboradores remunerados a sueldo de organizaciones sin ánimo de lucro. Se trata de influir sin confrontar. De pasear con las ideas a la vista. De hacerlas convivir con la población como un agente más de la vida.
No hace falta decir que otra de las debilidades de una aventura así es el contagio: que, enseguida, los avispados, los pícaros, influencers, modelos, performers, se percaten de la acción y acudan al chocolate como goloso industrial. No obstante, los asuntos que merecen la pena tienen sus servidumbres, y para hacer que renten de una manera adecuada hay que adquirir firmeza y perseverar. Dentro de poco lo verán por las calles.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI




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