LA REPRESENTACIÓN TELEVISIVA DEL MILAGRO NO ADMITE PREGUNTAS
Buenas noches nocturnas… Todavía nadie considera si a los adultos se nos ha de prohibir o no contemplar las pantallas. La verdad es que, contra las de los cines, no hay reparo; además, decrecen sin otra intervención que la ley de la oferta y la demanda. Supongo que, con el paso del tiempo, tal vez ocurra algo similar. No obstante, en la “caja tonta”, que es como se llamaba a la tele apenas hace unos años —ahora, según algunos intereses e interesados, cosa de viejos—, observo las emisiones publicitarias de turno, con creciente presencia de los anuncios de perfumes. Para hombres y para mujeres. Bipartidismo.
De momento, que yo sepa, el colectivo —o los colectivos— LGTBI… etcétera, no están retratados en estos comerciales. Tal vez por eso no aparecen otros cuerpos ni otros relatos. El perfume necesita certezas: qué es ser hombre, qué es ser mujer, qué se espera de cada uno. Cualquier matiz adicional pondría en riesgo el milagro. Y el milagro no admite preguntas; solo pulverizaciones.
Los protagonistas de estas historias diminutas —porque el segundo televisivo es muy caro—, salvo excepciones, responden a medidas bastante tradicionales. Las esencias para ellos proponen un modelo de masculinidad autosuficiente: hombre solo o emocionalmente inaccesible, que no da explicaciones, no sonríe y evita actos obvios de seducción. Un muestrario de poder silencioso: lujo sobrio, movimiento mínimo, mirada firme. Y, en este contexto, el deseo obra como un efecto colateral de todo lo anterior: quienes se sienten atraídos por este héroe acontecen sin que el protagonista solicite aprobación alguna.
El ritmo de lo que vemos es lento; las escenas son nocturnas o crepusculares: azoteas, desiertos, carreteras vacías, lugares en los que destaca el ser impávido, autónomo, intocable.
En cambio, la plantilla con la que trabajan los publicitarios para darnos a conocer su mensaje, en el caso del espectro femenino, tiene que ver con la constatación de que los usos de la vida en los que la mujer sobresale son un acontecimiento: la mujer misma puede ser calificada así. Hay un antes y un después explícito o implícito. La ropa cambia; cambia el gesto, la actitud. La fragancia propone el advenimiento de un ego más intenso. El cuerpo, en este sentido, se torna lenguaje: movimiento, danza, contacto con la piel. Todo lejos de la neutralidad: comunica deseo. Y se valida en la mirada. Y se reconoce la emoción en las sonrisas, y cierto grado de placer visible.
Se nos está diciendo que el hombre preferible denota estabilidad, firmeza; y que la mujer dispone de un potencial expresivo fuera de toda duda.
Por supuesto, a la hora de la verdad, lo primero que entra por los ojos son las formas, la particularidad estética de los cuerpos. Se podría decir: “¿Quieres ser como este hombre?, ¿eres este hombre? Solo será posible si utilizas esta colonia”. Como el hombre que afirma no tener caspa porque lava su pelo con el champú que elimina esas escamas blancuzcas que, originadas en el cuero cabelludo, caen indeseadamente sobre la ropa y nos delatan.
Y con la mujer pasa lo mismo. Solo que pocos son los que están en condiciones de demostrar unas prestaciones similares a las de los artistas que aparecen ante las cámaras. Pocos, pero numerosos, si aceptamos que los consumidores admiten el desafío y se autosugestionan: con esta loción soy como el tipo del anuncio, soy como la mujer admirada que aparece en mi canal favorito; tengo sus valores, me conduzco como se narra que se hace y, por lo tanto, soy.
Ahora bien, ¿y si se nos viene abajo la arquitectura? ¿Y si este bien líquido, delicado, diseñado para gustar, para la estimulación de las perspectivas ajenas, no funciona? Es decir, remitiéndonos a Popeye, que las espinacas solo funcionen con él.
Por suerte, la modernidad aparece al rescate. Ni la mercancía ni el comprador tienen la culpa. Cabe acusar al contexto, a la oportunidad, a los otros… Más aún: no sufra, compre más; tarde o temprano va a dar con el suyo, con el apropiado. Entonces olerá de maravilla, transmitirá lo que desea, será percibido como quien de verdad es. Entonces, será.
Hace falta tan solo un poco más de dinero. Unos miles más, y será suyo.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GROK




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