MALSONANCIAS
Buenas noches nocturnas… La autora del libro se formó, como se recoge en su propia página web, hasta el punto de conseguir, entre otros, los siguientes títulos: Psicóloga colegiada, Licenciada en Psicología; Máster Universitario en Formación del Profesorado de Secundaria; Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanzas de Idiomas; Máster Universitario en Psicología General Sanitaria; Máster en Tratamientos Psicológicos basados en Mindfulness y Compasión; MSC Trained Teacher – Protocolo oficial de Mindfulness y autocompasión y Formación en Terapia centrada en la Compasión (CFT). Es decir, tiene un respaldo académico notable. Se podrá discutir la situación universitaria actual en España, pero esta señora acredita lo que acredita.
Pues bien, hoy, en el escaparate de una librería, veo expuesto un libro suyo: "CÓMO SOBREVIVIR A LAS PUTADAS DE LA VIDA". No lo conocía y, por lo tanto, tampoco lo he leído. Y ya adelanto que no lo haré. Puede que los contenidos de lo que en esas páginas se diga no solo sean interesantes, sino que también sean esclarecedores. Es algo que voy a ignorar en lo que me resta de vida. Y lo haré así porque, cuando más allá del trato de quienes comparten algún tipo de cercanía o quienes avisan expresamente de la cualidad humorística de sus pronunciamientos públicos, las formas de llamar la atención, en un asunto —creo que serio— como la salud mental de las personas, dejan de desear, para mí, lo suficiente, considero que es el momento de dar la espalda a cualquier iniciativa que proponga este género de prácticas.
Me dicen los expertos que existe una corriente o estrategia en publicidad y marketing que se sirve de palabras malsonantes, lenguaje tabú o expresiones consideradas provocadoras o “chocantes”. Por lo visto, algunos de estos presupuestos se diseñan deliberadamente para sorprender o sobresaltar a la audiencia utilizando imágenes, temas o lenguaje que desafían las normas observadas por la sociedad. El objetivo es generar atención inmediata, recuerdo, controversia y promover conversaciones en redes sociales.
Parecido a este es el llamado marketing transgresor o provocador. Se centra más en la intención de romper las reglas establecidas y desafiar a la autoridad o las convenciones lingüísticas. El uso de palabras malsonantes es un medio para asemejarse a lo que está etiquetado como “auténtico y rebelde”, territorio propio de audiencias juveniles, y propiciar la cercanía a lo que es el lenguaje real y coloquial de la calle. Todo encaminado a originar atención mediante la estratagema de decir aquello que resulta tabú entre la mayoría. Como cuando los chavalines dicen “caca, culo, pedo, pis”: actúan divertidamente, en tanto los adultos somos propensos a escandalizarnos y hacer reproches.
Las marcas logran una posición, un lugar de interés y adoración, y se distinguen de otras por el aura de audacia, atrevimiento, modernidad e inconformismo que demuestran. La polémica que suscitan estas iniciativas da lugar a ese movimiento tan deseado, en casos concretos, al que denominamos “viralidad”. Y la viralidad es buena para los objetivos de comunicación de un producto, puesto que lo que sea que se proponga se reproduce a una velocidad increíble.
Así pues, el cultivo de las malas formas para destacar inconfundiblemente, en ciertos contextos, podría ser incluso lúdico, pero no creo que valga para todo. Sé que hay que vivir y que cada uno defiende su pan como puede. Y carezco de argumentos mediante los que negar esa ley de vida. Mientras funcione, mientras haya clientes, bien. Lo que pasa es que no se me encontrará entre ellos. Personalmente, prefiero que se sepa de mis ventosidades en privado. Me han educado así y, seguramente, estoy desfasado.
No obstante, recuerdo que Arcadi Espada cita hoy, en su “Jornal”, en el diario *El Mundo*, a Edmund Burke, estadista, filósofo y teórico político irlandés, nacido en Dublín en el año 1729, autor de lo que escribo tal y como Espada lo expone en su artículo: “Los modales son lo que nos irrita o nos calma, nos corrompe o nos purifica, nos exalta o nos envilece, nos embrutece o nos perfecciona”.
En consecuencia, ya que soy de este parecer, porque el título del libro al que me remití desde el principio carece de modales —y de gusto— y a personas como yo nos irrita, actúo considerando la anécdota y me retiro: por suerte, vivimos en un mundo en el que nadie nos obliga a adquirir nada. En eso, nos estima la fortuna.
Me destoso.
https://lorenagasconpsicologa.com/sobre-mi/
https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2025/12/20/6946e2eae9cf4a0b6a8b45a8.html
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT




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