EL TIEMPO SUEÑA CON EL TIEMPO QUE SUEÑA UN SOÑADOR QUE SUEÑA CON EL TIEMPO
Buenas noches nocturnas… Estuvo de acuerdo con aquella frase que se atribuye al escritor estadounidense Ambrose Bierce:
«Si deseas que tus sueños se hagan realidad, ¡despierta!».
Así, cuando percibía que estaba experimentando uno de sus sueños, abandonaba el sopor para concluir lo que fuera acerca de su viabilidad. Esto había sucedido en innumerables ocasiones, porque soñaba mucho. Tenía la costumbre, además, de anotar cada una de esas manifestaciones oníricas. Había tanto material como para escribir un libro. Sin embargo, como nunca tuvo ensoñaciones literarias, guardaba los cuadernos en los que había redactado todos los detalles. En ese silencio.
Ahora, por razones que sería complejo explicar y que exceden el espacio de este comunicado, pues tengo a mi disposición uno de esos cuadernos, ofrezco aquí parte de su contenido. Por ejemplo, este suceso enigmático.
El protagonista rememora y dice encontrarse en una habitación cerrada, pequeña y blanca, que no se asemeja a ninguna de aquellas del domicilio en el que reside ni a ninguna otra que recuerde. En la habitación no hay muebles. No hay ventanas. Solo se aprecian, a la vista, tres cosas: una puerta sin pomo; un reloj redondo, sin números ni marcas, colgado en la pared; y una frase escrita sobre la puerta:
«Engorda al tiempo y sal afuera».
Dedujo que estaba preso y que esa era la frase que sus captores habían dispuesto para ofrecerle una alternativa, tal vez una escapatoria.
Engordar al tiempo suponía alimentar la existencia de sucesos, provocar que ocurriera algo. Pero, ¿cualquier cosa? Se dio cuenta de que las agujas del reloj estaban inmóviles. Debía, por tanto, ponerlo en marcha. Enseguida comprendió que era imposible manipularlo apartándolo del muro y que no existía ningún resorte a la vista que permitiera llevar a cabo su propósito: dar cuerda, cambiar las pilas, conectar… Así pues, el reloj se activaría gracias al empleo de un agente externo. Podría decirse que había que dar de comer al reloj mediante una materia o material indeterminado, como cuando se carga cualquier dispositivo tecnológico que tenga batería. ¿Usando propiedades inalámbricas?
No sabía qué hacer. No obstante, al igual que tantas veces ocurre en los sueños, devino algo inesperado. Como sentía que lo apremiaba la vida, dijo en voz alta:
«El tiempo es oro».
En ese momento la aguja del minutero se estremeció. Parecía dar señales de vida. Repitió la frase para comprobar si se trataba de una clave, de una voz de mando, de una contraseña, y no sucedió nada. Acto seguido probó suerte con otras sentencias, sin obtener resultados, hasta que dijo:
«Vuela el tiempo de corrida, y tras él va nuestra vida».
Entonces, otra vez, la aguja se estremeció.
Se preguntó por qué. Ambas expresiones aludían al tiempo, lo nombraban. Así que intentó recordar otras:
«El tiempo, que es lo que más vale, no lo da Dios de balde».
«El tiempo cura más que el sol».
«El tiempo todo lo cura y todo lo muda».
«Aprovecha el tiempo, que vale el cielo».
«Con el tiempo y la paciencia se adquiere la ciencia».
Y así, valiéndose de refranes y sentencias, el tiempo pareció estar bien alimentado, siguió su curso natural y, con ello, se abrió la puerta. Después no se sabe. O concluyó el sueño o quien soñaba se abstuvo de realizar menciones al respecto. Todo esto he sabido y lo dejo en este comunicado, por si resultara de interés a quienes cultivan la lectura por el hecho mismo de leer.
https://proverbia.net/autor/frases-de-ambrose-bierce
https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/refranes-alusivos-al-tiempo/html/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT





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