FIESTICULTORES
Buenas noches nocturnas… La gente anda que te anda, y en sus semblantes se puede apreciar la melancolía. Muchos, en los días anteriores, durante las Navidades, partidarios de la fiesta, se declaran ahora satisfechos con que haya concluido. Esto es cierto solo en parte. Cuando los festejos duran mucho tiempo, la energía para vivirlos disminuye y, al cabo, los seres humanos detectan en sí y en los demás, cansancio. Hace falta recuperarse. Parar. Y, en este sentido, efectivamente, las personas dicen verdad al estimar que este precioso día, miércoles, día siete, haya llegado.
No obstante, ¿cabe referirse a esta parte de los sapiens reconocidos, e incluso a otra más dotada para aguantar esfuerzos, como declinante en lo que al gusto por la emotividad y por la asunción de unos valores y costumbres de sobra pregonados? No parece tal cosa, sino atributo de minorías propensas a mostrar el lado más áspero de la vida, de sí mismas. Porque, con independencia de la ocasión, la fiesta es un logro en el que confían tantos como para hacer irrelevante el número de los que la desdeñan. Y los partidarios de la farra, andan rebuscando en calendarios y en almanaques a fin de ponerse en sintonía con cuanta otra celebración haya.
Los expertos que se renuevan cada vez que se inician comunicados como este, designados a los efectos por el propio redactor de las palabras que leen, han facilitado, ungidos por la autoridad de su mucho conocer, algunas de estas fiestas que vienen antes de que lleguen los carnavales. Mañana, día 8, se celebra el tradicional Día de la promoción de los valores odoríferos que desprenden las confecciones textiles en contacto con los pies. Profesionales de toda España, gente que asume riesgos de mucho cuidado —si no directos y fulminantes, a largo plazo, en forma de pesadas enfermedades—, como personal de lavandería en comercios, establecimientos hoteleros, personal sanitario y comunidades de vecinos con patios para tender la ropa muy estrechos —sépase que tanto apesta el mal olor como el exceso de perfume—, saldrán a las calles para desfilar realizando sus danzas rituales.
Los llaman “Pies Descalzos”, una forma de reivindicar el contacto con la naturaleza, porque bajo el asfalto la “Madre Tierra” existe y porque, si acaso calzados, bailar es un sano ejercicio que no solo reconstituye, sino que sirve para el amor. Y amor, como ya dijeron los “escarabajos” clásicos, es lo que necesitamos.
Pocos días después —porque la inercia así lo hace posible y coincidiendo con el aprovechamiento de espacios públicos y privados— ocurrirá el festejo que paso a comentar, luego repetido por sus protagonistas durante muchos meses: “Ya que nos hemos puesto, continuemos”. Se trata de empujar el jolgorio, como cuando se presiona un bote de tomate y se disfruta de la salsa colorada o, en su defecto, de la cerveza. “¡Otra ronda!” y “¡No será la última!”, son los lemas más escuchados durante esta ocasión propicia para la felicidad en compañía.
Y, como estas que acabo de citar, hay más: el 14 de enero, la “Fiesta del semáforo en rojo”; el día 16, “Día del primer mordisco crujiente”; el día 20, “Novena del mensaje extraviado en la bandeja del spam”; el día 22 de enero, “Festival de los santos olvidados”; el día 25, la “Noche del plato sospechoso”, y, el día 29, para acabar el mes, “Gala y brindis por la materia oscura”.
Un calendario que promete más acontecimientos en cuanto los carnavales finalicen, pues, aunque todo cuerpo tenga unos límites, la función debe continuar. Esto es. Como dijo el poeta… un poeta: “No dejes que la melancolía por aquello de lo que disfrutaste te empañe los ojos, te remueva el corazón: sal y haz una llama con tus ropas viejas y, si vienen los bomberos, haz de tu capa un sayo con ellos”.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT




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