GASTO GATOS
Buenas noches nocturnas… En el sorteo de la adjudicación de temas, perteneciente al día de la fecha, que se celebró en el palacio de las especulaciones mentales, ha resultado ganador un sustantivo: «gato». Gato o gatos, es decir, felinos. De buenas a primeras, por ejemplo, la pantera nebulosa o leopardo longibando, también conocido como *Neofelis nebulosa*.
Al ver un documental de los llamados de naturaleza, apareció el terrícola del que les hablo, común en territorios boscosos «tropicales y subtropicales del este de India, sur de China, Birmania (también Burma hasta 1989 y, a partir de entonces, Myanmar) e Indochina. La subespecie propia de Taiwán se encuentra extinta debido al impacto de la actividad humana en la isla». Esto es así si se concede crédito a Wikipedia: referencia popular que no excluye posibilidades más doctas y exactas, claro.
El caso es que me gustó el bicho, y además supe de sus andanzas a cierta altura para cazar. Es más de amenazar a otros animales arbóreos o caer desde las frondas sobre sus posibles presas en tierra firme. Este gato grande —aunque no tanto como los felinos de más renombre— reúne una serie de características vitales que satisfacen mi curiosidad. Atributo menor, no obstante, como origen e impulso para emprender un viaje a los lugares que mencioné, a fin de observar sus evoluciones *in situ*.
Me conformo con los felinos próximos, los gatos comunes, de quienes conozco su presencia porque se hacen ver en las calles. En esta ciudad —según informan— ya no aparecen en una parcela o descampado donde, se dice, habitan magníficas ratas. Algunas personas las adoptan, o al menos las toleran, las consienten y quizá las alimentan, igual que a los gatos y a las palomas. Pero, bueno, en las calles. Porque, en las casas, desde luego, acreditan discreción. Digo que no son como los perros o los canarios.
A mí me caen bien los gatos. Como me caen bien algunas personas con las que no coincido a menudo ni tengo intención de coincidir. Los gatos establecen relaciones, pero no puede pensarse que te seguirán fácilmente a cualquier sitio. O eso me parece. Un perro, si es leal a ti, obra en consecuencia permanentemente, pero un gato… un gato es un enigma. Y del enigma, con poco esfuerzo, llegamos al mito. Y del mito a la literatura:
Gato, radio-magnético y granuja. Indolente
guardador del secreto de la electricidad.
Elástico, elegante, tu dandismo insolente
es el vago dominio de tu felinidad.
Fierecilla doméstica, graciosa y enigmática,
añoradora, acaso, de soles ancestrales
en atroces maniguas o inmensos arenales,
lejos hoy de tu vida sedentaria y flemática.
¿Qué ves con esos ojos nictálopes, que en vano
adivinar pretendo, en la sombra? ¿Qué miras
–donde yo nada alcanzo– que te halaga o te ofende?
¿A quién maúllas fiero? ¿De quién huyes liviano?
¿De qué presencia pueblas el misterio? ¿Deliras?
¿O bien yo soy el torpe, que ni ve… ni comprende?
Son versos de Antonio Machado, «No se libró ni el gato de un soneto», de *Poesía de guerra y postguerra*.
Pero podría haber acudido a otras muchas fuentes. Por ejemplo, descubrí un cuento que dicen pertenece al folclore cubano, en el que una familia de ratones experimenta graves problemas con un gato. Los ratoncitos de la casa, al burlarse del flexible cazador, ponen en riesgo la seguridad e incluso la existencia. Por suerte, la intervención de la madre, una ratona que sabía ladrar —sabía idiomas— y hubiera triunfado en el programa de imitaciones por excelencia, «Tu cara me suena», logra reconducir la situación. Hizo de su garganta un perro y el gato convino, a favor de su pellejo, que mejor otro día.
Así pues, como ya hemos tenido suficientes gatos por hoy, maullemos al final: «El gato que se ha quemado, al ver la ceniza, corre». Como dice el refranero.
Me destoso.
https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-gatos/
https://www.refranerocastellano.com/animal/gato.html
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GROK




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