LA LUNA AHORA: CONDICIONES


Buenas noches nocturnas… Esta mañana, con el respaldo que se percibe tras haber estrenado una edad —independientemente de la fecha de nacimiento de cualquiera, puesto que eso es lo que sucede cuando advertimos en nuestras agendas y almanaques que la cifra de referencia para datar los trescientos sesenta y cinco días por venir ha cambiado—, me adentré por los renovados senderos pavimentados de la ciudad. Sigo siendo peatón. Salí en busca de otras cosas.


Y tuve suerte.


En una de esas calles estrechas en las que no se espera otra cosa que puertas que dan acceso a domicilios privados, tal vez alguna oficina, me sorprendió un rótulo: "VIAJES A LA LUNA". De no ser por esa referencia, habría pasado de largo.


La fachada era lisa, de panel mineral en tonos claros. Un ventanal translúcido impedía la visión concreta de lo que existía en el interior. Marcos discretos de acero mate y una puerta de entrada automática —esto lo supe después— de apertura lenta y silenciosa. Para entrar había que hacer contacto, con la palma abierta, sobre un tablero integrado en el marco. Lo descubrí de manera fortuita. Al no haber picaporte ni pulsadores, empeñado en pasar al establecimiento —la curiosidad es poderosa— empujé y, enseguida, pude adentrarme.


Ante mí, una mujer.

Ni joven ni vieja.

Ni alta ni baja.

Ni gorda ni flaca.

Una mujer.


Pregunté. Y, sin que mediara oportunidad alguna de entremeter observación por mi parte, me lo contó todo.


Se trataba de la primera "Estación Autónoma para Estancias Lunares sin Traslado Físico", *ESAUSES LTF*. Un servicio común en los Estados Unidos que acababa de llegar a España. La propuesta de aquella inesperada agencia de viajes huía de la variedad para centrarse en un único objetivo, o destino: la Luna.


Hasta el momento, la alternativa había sido desplazarse mediante la formación aeronáutica necesaria para ejercer como astronauta y tener cierta fortuna para participar en alguna misión como miembro de pleno derecho. Sin embargo, eso no era lo que deseaba el ciudadano común. Quien ansiaba estar en la Luna no pretendía otra cosa que recreo. El turismo exigía, desde hacía tiempo, la superación de nuevas fronteras.


Pues bien: gracias a ESAUSES, ya era posible. Ir a la Luna sin costes académicos, sin preparación física especializada, sin entrenamiento y sin inversiones millonarias. Se podía estar en la Luna sin dejar de estar en la Tierra. Y no cabía remitirse aquí a esa forma de expresar el despiste, voluntario o inconsciente, de algunas personas.


Con ESAUSES, vivir la experiencia lunar no tenía límites. Eso me dijeron. Ningún límite, aunque, sí, condiciones lógicas.


En las instalaciones se accedía a una cabina de traslación, similar a un confortable lecho de residencia de lujo, que tenía su correspondencia exacta en el satélite. Allí, gracias a la asistencia sanitaria y tecnológica de los mejores especialistas, apoyados por inteligencias artificiales en constante actualización, el viajero experimentaba un coma inducido, un adormecimiento singular y progresivo.


Al cabo de veinticuatro horas, en las estancias de la Luna se completaba una réplica funcional del ser humano en trance, plenamente operativa, capaz de experimentar la existencia como su verdadero yo en la Tierra. Los expedicionarios podían caminar, dormir, leer, escribir, trabajar, observar la Tierra desde la superficie selenita, experimentar una gravedad distinta, habitar el tiempo de otro modo, durante siete días terrestres completos.


Transcurrido ese plazo, era obligatorio situarse de nuevo en la cabina disponible en las instalaciones lunares para renovar el ciclo o establecer un “regreso” seguro y definitivo, a la Tierra. Lo contrario daba lugar a sanciones y a graves emergencias de salud, sin descartar algo irreversible.


Se garantizaba que todo lo que en la Luna sucediera ocurriría en un entorno estable, privado, no turístico, sin multitudes ni espectáculo. No hacía falta preparación especial alguna. Uno llegaba a ESAUSES como llega a la cafetería de su preferencia. Eso dijo la mujer.


Luego expuso los términos del contrato.


Y el precio.


Por eso no he viajado a la Luna.


Solo los usuarios *premium* disponían de la posibilidad de acceder a bonos de utilización que reducían los costes hasta en un noventa por ciento. Pero para alcanzar esa categoría había que realizar un mínimo de diez viajes, y, en mi caso concreto, hubiera debido repetir mi vida diez veces, a fin de lograr la cantidad de dinero que se me pidió, según he comentado con otras personas, a precios de productos del campo, actualmente.


De modo que, todavía, no.


La Luna sigue a distancias prohibitivas. Y se sabe que se aleja.


Un día, incluso los astronautas tardarán tanto en llegar como los pasajeros de esos trenes en los que gobierna el ministro Puente.


Me destoso.



La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT





Selección gráfica del día...

TUTE en X 31 de diciembre de 2025



FLAVITA BANANA en Telegram.



Mohamed Aouamri en la cuenta de X de @lavidaenvinetas 31 de diciembre de 2025




Selección de contenidos...

Primera: 

Vaya Con Dios - Don't Cry For Louie (Live)

En el Canal Vaya Con Dios

https://www.youtube.com/watch?v=j0vGpJG5e2E&list=RDj0vGpJG5e2E&start_radio=1



Segunda:

Aurora Beltrán y Ariel Rot – “Tocaré” | Un país para escucharlo (2024) HD

En el Canal RTVE Música

https://www.youtube.com/watch?v=ZrrDhVhDlYo&list=RDZrrDhVhDlYo&start_radio=1



Tercera:

The Pioneers 'Long Shot Kick De Bucket'

En el Canal Trojan Records Official

https://www.youtube.com/watch?v=XhAec0h4lds&list=RDEMPrTAaE2UAtSMcEUOnY5fCQ&index=21
















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