PRECAUCIÓN
Buenas noches nocturnas… Desconozco si se trató de una vivencia propiamente dicha o de la sublimación de un suceso al que se le dota de cierta forma para que surta sus efectos. Lo escucho en la voz de la editora, escritora y narradora Ana Cristina Herreros, Ana Griott, durante una conversación con Isabel Gemio en el magacín nocturno “El último tren”, que se emite de lunes a jueves en Radio Nacional.
Herreros confiesa que, cuando fue contratada para contar cuentos en una residencia de ancianos, comprobó al terminar sus primeras sesiones que las personas mostraban desánimo. Entonces tomó una decisión que, a mi entender, la emparenta con la legendaria Sherezade de “Las mil y una noches”. Lo cierto es que la entrevistada se refiere a una técnica narrativa consistente en suspender una historia antes de que llegue a su final, para reanudarla una vez empieza la sesión siguiente.
Atribuye este proceder a un pueblo o grupo del que no tengo referencia escrita y, como su pronunciación tampoco me saca de dudas, debemos atenernos a lo que explico. El caso es que todo cambió. Los ancianos experimentaron un creciente interés y, fruto de esa inesperada apetencia, lo que resultara desalentador adquirió carácter de adecuada bonanza.
Sin embargo, un día —dijo Ana Cristina— recibe la llamada de la directora del centro para comunicarle su despido. Una medida refrendada por la necesidad de contar con plazas en la residencia, que era un establecimiento municipal, mediante la lógica alternancia, pues las personas de ciertas edades terminan por fallecer, como es norma natural, y esto no estaba sucediendo.
Ana Griott —que es el nombre que Ana Cristina utiliza cuando narra solo encomendada a la palabra dicha— finalizó este pasaje afirmando que “la curva de mortalidad había descendido vertiginosamente porque, si te cuentan un cuento y lo dejan a la mitad, te vas no muriendo”.
Tan cierto o tan peregrino como ese otro chascarrillo escuchado en un corro de adultos que almuerzan en espera de reanudar unas clases a las que asisten. Quienes actúan de este modo argumentan que otros, afortunados de tener un profesor que comienza a su hora y termina con la misma puntualidad —ya que da su clase independientemente de las personas que estén presentes a la hora del inicio y sin interrumpirse en el caso de que los rezagados se presenten de improviso—, no temen perderse nada porque, rotativamente, uno de ellos permanece en el aula a fin de registrar para los demás todo aquello que se diga.
Es como cuando las gentes jóvenes, o no tanto, salen de fiesta: uno, por turnos, se queda sin probar el alcohol a fin de servir de chófer al resto, para que no haya contratiempos. Quienes actúan así sostienen que es innecesario que estén todos a la vez en el aula, porque el profe es automático y no suele sorprender.
En definitiva, todo tiene su explicación. Hay supuestos desarrollados para obtener credibilidad o, al contrario, pueden suponer el ejemplo de una estrafalaria mentira. ¿Importa poco si está bien contada? Lo que se hace bien, incluso para el mal, tiene su éxito. Digo que los criminales aciertan cuando no se equivocan. Es verdad que, cuando las fuerzas están equilibradas, unos triunfan gracias al descuido de los que combaten al otro lado.
Y así, saber lo que es cierto o no, cada día resulta más difícil. Haremos bien en buscar todos los puntos de contraste si no deseamos recibir inesperadas sorpresas. Incluso harán bien —yo ya lo hago— si, al levantarse, cuando comparecen ante el espejo por primera vez y descubren una imagen extraordinariamente parecida a la que tienen acerca de sí mismos, piden explicaciones: ya saben, la respuesta a la frase truncada: “cuando el grajo vuela bajo…”.
Y si el otro, o la otra, no contesta o lo hace inadecuadamente, machetazo contra el cristal: se trata de un comando enemigo.
Me destoso.
https://www.rtve.es/play/audios/el-ultimo-tren/ultimo-tren-cuentos-ana-cristina-herreros/16883706/
La imagen se obtuvo gracias a los servicios que proporciona GROK




Comments
Post a Comment