SI ME ATREVO A ESCRIBIR, ESCRIBO: ESTAREMOS DE ACUERDO
Buenas noches nocturnas… Encuentro un refrán, que dicen en desuso, cuyo enunciado afirma: “Mientras se gana algo no se pierde nada”. Puede ser un ejemplo de lo que conocemos como una perogrullada. Ya saben: “Verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla”.
A ese vuelo me apunté por la mañana y, con voluntad de reírme, elaboré lo siguiente: “Si una paloma negra te pica en los ojos, sucede lo mismo que si te pica una paloma blanca, e incluso si se trata de un grajo cuando vuela bajo”. Fue porque vi una paloma de plumaje gris carbonizado y pensé en la posibilidad de hacer un registro adverso de la ocasión, como cuando se observa pasar, según los teóricos de la mala suerte, a un gato negro.
En la web de la agencia de noticias “AF Medios” hablan, no de palomas, pero sí de aves de la muerte. Se refieren a supersticiones indígenas en el “Estado Libre y Soberano de Colima”, en México. Para referirse a este agente de la parca, presentan por escrito lo que sigue:
Le llaman de muchas formas, pero tal vez la más conocida es Pichucuate. Este nombre se le atribuye al tecolote, y es que dice el refrán: «Cuando el tecolote canta, el indio muere».
Y citan a Juan José Delgado, misionero jesuita y escritor, en 1754:
“De los pájaros nocturnos hay gran variedad; el que llaman bucos, porque así canta, es el mismo que llamamos mochelo en España, y en la Nueva España tecolote; no ve de día, y así no vuela, sino que descansa en los árboles altos; tiene notable olfato, y dicen los indios de él que siente el olor malo o de corrupción, y si llega a las casas donde hay algún enfermo que esté para espirar, allí se está voceando con melancólico acento. No es de extrañar, pues, que en la Nueva España existan arraigados algunos abusos y supersticiones por causa del cantar de este pájaro”.
Pero nada de palomas negras que confieran desgracia o mal alguno. Y porque, en ocasiones, las frases trascendentes me dan grima, mientras que en otras me parecen un simple propósito de humorada, elaboré esa frase que puede citarse en la categoría de la broma más o menos conseguida y ejemplo, a la vez, de perogrullada.
Podría decir, claro, que no, que se trata de un muy bien pensado argumento contra la discriminación de los diferentes por cualquier motivo o condición, pues nos igualamos en el bien y en el mal. Pero, de ser así, si eso hiciera, estaría protagonizando una majadería con ínfulas. Un verdadero despropósito.
Lo cierto es que me vino a la cabeza, lo anoté y lo dejé reposar. Una vez puesta en juego la frase, quise ver a dónde podía llevarme. Ahora, de nuevo cerca de la perogrullada —pues a ella parece que me deba—, constato alguna que otra muestra:
“El primero día de enero que vendrá será primero día del año, que todo el mundo no lo estorbará, si con tiempo no se remedia. Este día amanecerá al alba. Y tañerse han todas las campanas del mundo en tirándolas de las sogas, y harán tan grande estruendo, que no habrá cabeza de hombre sin su colodrillo. Vendrá una niebla tan grande y tan oscura que cubrirá el cielo, y no habrá hombre, por ciego que sea, que vea las estrellas a medio día”.
Son palabras que se atribuyen a un desconocido que se hizo llamar “Evangelista”. Lo cuenta Arturo Ortega Morán en “Cápsulas de lengua”. Y, a juzgar por los muchos días que han pasado, cualquiera que, también desde este uno de enero, repase lo sucedido para esa fecha estará de acuerdo en coincidir. Y si coincidimos, estaremos a punto de saludarnos, felices por haber encontrado algo en común.
Creo que es material suficiente para detenerse y admitir las felicitaciones que correspondan: de tan peregrina situación, por obra y gracia de la necedad, hemos alumbrado una concordia. No son malos réditos. Algo facilones, eso sí. Pero a caballo regalado…
Me destoso.
https://dle.rae.es/perogrullada
https://www.afmedios.com/el-ave-que-anuncia-la-muerte/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT




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