SOMOS LOS QUE GRITAMOS
Buenas noches nocturnas… No es la primera ni será la última. Por eso, en ocasiones, cuando no tengo algo claro que exponer para estos comunicados que compartimos, dispongo de mis recursos y, entre ellos, está lo que concierne a la publicidad. Los publicistas, creativos y productores, siempre llevan razón. Lo he dicho en cuanta oportunidad se me presenta. Están al tanto de todo lo que nos mueve y saben cómo seducirnos. Que se valgan de nuestras debilidades y que respondamos a los estímulos que nos proporcionan es, simplemente, una prueba de su éxito.
Si el resurgimiento de Televisión Española, “La 1”, es una evidencia, concuerda con el vuelco que se produjo en tanto Telecinco dejó de ser lo que era: es decir, Telecinco, ahora, es TVE 1. Se trata de un hecho. La identidad ha cambiado y se constata, por tanto, que la tan denostada cadena de origen italiano llevaba razón. Somos como somos y no nos casamos con nadie: si en otro lugar nos ofrecen lo mismo que demandamos, cambiamos de sitio sin rechistar.
Telecinco llevaba razón, como los publicistas, a los que regreso porque esta digresión tenía como objeto establecer un paralelismo: si nos sometemos es porque nos gusta. Sería muy sencillo decir que nos engañan, que somos individuos y colectivos débiles y sin capacidad de reacción y aprendizaje. Desde luego, o débiles o tontos. No cabe otra.
Ahora bien, al igual que encontré en estos oficiantes —los profesionales de la publicidad— mi inspiración, poco después de la hora de comer, con la tele puesta, un comercial en el que se detallan las fortalezas y virtudes de un fármaco sostiene que “aquí somos de hablar muy alto”, me interpelaba. Pues bien: ¿alguien puede negarlo? Naturalmente, habrá quien levante la mano para señalarse como ejemplo de lo contrario. Porque las unanimidades solo ocurren cuando se apunta con una ametralladora a quienes se pregunte por algo.
Somos de hablar como pregoneros o como vendedores de mercado. En esto se reconoce a los españoles. Somos de dar voces y eso nos resta matices. Perseveramos en el alarido —cada vez que escribo esta palabra me acuerdo de la soprano infantil y protagonista de series de horror que vive dos plantas más arriba, y de que utilizar guiones emparente este escrito con la supuesta autoría del mismo atribuible a una inteligencia artificial— y prescindimos de muchas cosas. Porque la sutileza, si se produce, queda ahogada por el fragor: el propio y el de los extraños. Porque la ternura a voces es imposible. Porque somos más gañanes que galanes… me refiero a los varones, y, aunque ellas también gritan, no se me ocurre nada elegante para una comparación.
Ahora bien, me pregunto, no obstante, si no podremos sacar ventaja. Recuerdo una lectura, durante mis tiempos infantiles, de un episodio de la Historia Sagrada —creo que una batalla de los israelitas contra los filisteos— en la que los primeros hacían tremendo alboroto para amedrentar a sus enemigos. Mucho tiempo después he visto que eso de comportarse como las bestias cuando anuncian el ataque es muy propio de humanos.
Y ahora, durante estos días, tras lo que han llamado “extracción” y no fue más que detención o secuestro del dictador Maduro por parte de militares estadounidenses, se menciona la posibilidad de que se hayan usado ingenios preparados para utilizar fuentes de sonido con resultados violentos a fin de neutralizar las defensas venezolanas a cargo de militares cubanos.
Si esto es así, en España podría haber una industria. Digo para el mal y para el bien. Imaginen: junten a dos aficiones de clubes de fútbol rivales y canalicen todo el esfuerzo sónico que utilizan para imponerse los unos a los otros. ¿Lo ven? ¿Habría algo que se sostuviera en pie tras una acometida de ese tipo de energía? Reducir a pedazos obstáculos que tienen un alto coste en maquinaria podría beneficiar en tiempo y en coste económico. ¡No me digan que no!
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI




Comments
Post a Comment