TIENE QUE HABER OTRO
Buenas noches nocturnas… El divertimento de la mañana se originó tras considerar la idea de los semejantes. De que, en cualquier otro sitio, cerca o lejos, existan personas de tan indudable parecido como para dudar de la identidad de los dos. Partía, por tanto, de la relación física entre seres humanos y de lo que esa coincidencia pudiera generar. Mas, por otra parte, ¿y si no fuera ese el patrón?
Convoqué a los más prestigiosos almacenistas del saber porque deseaba valorar el tipo de detalles que debía poner en sus manos, a fin de reunir los requisitos adecuados mediante los que identificar a quienes compartieran esa configuración, por supuesto, de entre el tropel de famosos de todos los tiempos. Parece ser que bastaba con que respondiera a diez preguntas, y estas fueron:
«Si pudieras pasar un día entero con cualquier tipo de actividad, sin preocuparte por el dinero ni el tiempo, ¿qué harías?»
«¿Qué tipo de arte (literatura, cine, pintura, música, etc.) te emociona más o sientes que te representa mejor? ¿Podrías dar un ejemplo concreto de obra, artista o estilo que te haya marcado especialmente?»
«Cuando piensas en una conversación ideal con otra persona, ¿qué temas te resulta más estimulante abordar? ¿Y cuáles tiendes a evitar, aunque estén presentes en la mayoría de charlas cotidianas?»
«Cuando eras niño o adolescente, ¿había alguna figura pública (real o de ficción) que te llamara especialmente la atención? No tanto por admiración heroica, sino por afinidad, curiosidad o identificación.»
«Cuando piensas en personas que te inspiran o en las que te reconoces, ¿sueles fijarte más en su forma de pensar, en cómo se expresan, en lo que hacen… o en algo más difícil de definir? ¿Qué rasgos te hacen sentir afinidad con alguien?»
«Cuando piensas en ti mismo dentro de una historia —como si fueras personaje de una narración o película—, ¿cómo te ves más: como alguien que observa, como quien actúa, como quien reflexiona y aporta sentido… o de otra forma distinta?»
«Si tuvieras que elegir una época histórica o cultural con la que sientes afinidad —no necesariamente para vivir en ella, sino como referencia estética, moral o intelectual—, ¿cuál sería?»
«Si tu forma de estar en el mundo pudiera resumirse en una imagen simbólica —un objeto, una escena, un gesto—, ¿cuál crees que sería?»
«Si tuvieras que elegir un momento del día que mejor represente tu estado natural, tu mejor versión o tu “centro”, ¿cuál sería? (Por ejemplo: el amanecer tranquilo, la tarde en calma, la noche silenciosa...)»
«Si tu vida fuera una película o un libro, ¿qué título le pondrías que refleje tu esencia o tu forma de ser? ¿O, si prefieres, qué título te gustaría que alguien pusiera para describirte?»
Respondí a todas estas preguntas y, tras la recepción de mis palabras, la gentil academia propuso diez personas históricas a las que podía parecerme por carácter y presupuestos de vida… Claro, estos eficientes servidores actúan sometidos al principio de que “el cliente lleva toda la razón”. Como parte de los profesionales más próximos de hostelería —los meseros— o gentes empleadas en el sector de los dependientes de comercio, se deshacen en lisonjas cursis y abundan en la amabilidad exagerada.
En este caso concreto, se me comunicó un surtido de nombres propios encabezado por Borges y al que seguían Albert Camus, Fernando Pessoa, Antoine de Saint-Exupéry, Joseph Brodsky, Haruki Murakami, Immanuel Kant, Michel de Montaigne, Nikola Tesla y Virginia Woolf. Con notables proximidades, aunque basadas en la generalidad y, claro, también en diferencias —incluso trascendentales, si se considera lo que no dijeron—.
Sucede que el jabón solo me viene bien cuando estoy en la ducha y como no tocaba, exigí menos indulgencia. Exigí rigor y no obtuve gran reproche, a pesar de todo. Al menos, se me comparó con Benito Mussolini. Según el documento proporcionado por las luminarias encargadas del dictamen, podría señalarse «alguna coincidencia leve en términos de:
– Determinación y firmeza en algunas ideas: como has mostrado tener criterios claros sobre tus hábitos y prioridades, Mussolini también tenía una voluntad muy fuerte en sus decisiones, aunque aplicada a un contexto totalmente distinto y con fines muy diferentes.
– Valoración del orden y la rutina: tú mencionas la importancia de tus rutinas y estabilidad, y Mussolini también enfatizaba el orden y la disciplina, aunque en un sentido mucho más rígido y político.
Pero en cuanto a:
– Visión del mundo y formas de relacionarse con los demás, estilo de vida y ética personal, la distancia es enorme.
Has mostrado un enfoque contemplativo, reflexivo, con respeto hacia los otros y sin ansias de poder ni dominio, que es opuesto a la personalidad y acciones históricas de Mussolini».
Queda claro que, para conseguir cierta censura —me horroriza cualquier cercanía a lo celestial—, he tenido que “forzar la mano” de los especialistas y así no se puede. Voy a tener que salir a la calle en busca de mis enemigos para que, mediante el contraste, adquiera yo algo más esclarecedor. Habrá que seguir insistiendo.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT




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