VIAJAR A MANCHESTER PARA SALVAR EL DÍA
Buenas noches nocturnas… La desorientación conduce a la ansiedad, sobre todo de existir cierta presión para convertir el tiempo en resultados. Digo esto porque debo admitir cierta incapacidad para encontrar la mejor iniciativa con la que cubrir el trayecto escrito de este comunicado sin que lo que se lea suponga un fastidioso acontecer. Con lo anterior confirmo haberme expuesto a algunos estímulos dominicales sin que haya obtenido respuesta.
Bastaría, por tanto, satisfacer el compromiso que tengo conmigo mismo: la disciplina de escribir como ejercicio mental llevado a las instancias de utilidad, no carente de valores estéticos o filosóficos, o, al menos, pródigo en elementos que logren entretener, para cubrir el expediente: se realiza, se da a la lectura y se archiva en espera de tiempos mejores. El funcionario ha concluido.
Sin embargo, ni es este mi propósito ni cederé fácilmente a esa gatera. Además, estoy muy gordo para pasar por ese agujero. De ahí que —no tengo problema en confesarlo— acuda al encuentro de mis cómplices habituales. Tras haberles interrogado por un periodo temporal de la historia, me sugieren el siglo XIX. Y me aconsejan que visite la ciudad de Manchester.
En la web *Science and Industry Museum* se puede leer:
“Manchester fue la primera ciudad industrial del mundo. De sus imponentes fábricas, sus bulliciosos almacenes y sus calles abarrotadas surgieron nuevas formas de vivir, trabajar y pensar, que transformaron la vida en Manchester y en todo el mundo”.
Mis colaboradores justificaron su consejo en algo de lo que acabo de escribir y en un atractivo que consiste en la ocasión de experimentar en primera persona lo concerniente a una “ciudad que crece demasiado rápido, que huele a carbón y algodón húmedo, donde las fábricas laten más fuerte que las iglesias y donde el ruido es una especie de ideología”. Esto me lo he anotado porque deseé conservar las palabras originales.
Añaden que “es el lugar donde la ciudad moderna se inventa sin pedir permiso: barrios obreros que parecen diseñados por la prisa, máquinas que dictan el ritmo vital, calles que mezclan miseria y ambición, y una sensación constante de que todo está a punto de desbordarse”. Y, al conocer estas opiniones, pienso que el vértigo no ha hecho sino incrementarse. No solo en esa ciudad, sino en el resto del planeta. Sometidos a las velocidades de ahora, los habitantes de la ciudad industrial por excelencia, los de entonces, perecerían incapaces de resistir el día a día actual.
Y por si quiero examinar más de cerca qué fue aquello, me permiten acceder a la existencia de un personaje literario: concretamente Margaret Hale, heroína de la obra de Elizabeth Gaskell, de 1855, *Norte y Sur*. En la web Lecturalia se puede leer esta sinopsis:
“A través de la historia de Margaret Hale, una joven del sur de Inglaterra que por circunstancias familiares se ve obligada a trasladarse al norte, Elizabeth Gaskell plasma los conflictos sociales y políticos derivados de la revolución industrial en la Inglaterra de mediados del siglo XIX. Para la heroína, el sur donde ha nacido simboliza el idilio rural; frente a él, el norte es sucio, rudo y violento. Sin embargo, a medida que va penetrando en ese nuevo mundo y sus distintos estratos —desde Bessy, la joven obrera enferma, y su padre, líder sindical, hasta John Thornton, dueño de una fábrica textil por quien siente una creciente atracción—, tendrá que ir corrigiendo sus prejuicios; y, del mismo modo, su condición de mujer subordinada evolucionará hacia una madura aceptación de sí misma y de sus sentimientos”.
Mis sicarios aceptan que haga una pregunta a la protagonista de la ficción, antes aludida: “¿Qué es lo que más le desconcierta de esta ciudad? ¿Qué cree que revela sobre el futuro de Inglaterra?”, y, de acuerdo con lo que estos servidores míos me indican, dijo:
“Lo que me desconcierta no es el ruido, ni el humo, ni siquiera la prisa. Es la manera en que todo parece depender de algo que no se ve: una fuerza que mueve a hombres y máquinas por igual. En el sur, la vida se organiza alrededor de la tierra; aquí, alrededor de un propósito que no alcanzo a comprender del todo.
Creo que esta ciudad anuncia un futuro donde el trabajo será más fuerte que la tradición, donde las relaciones entre las personas estarán marcadas por intereses que no siempre se confiesan. Manchester es un lugar duro, pero también honesto: no pretende ser lo que no es. Y quizá por eso me obliga a mirar de frente cosas que antes prefería no pensar”.
Así pues, con todo lo que se asemeja en el pasado a lo que hoy es curso cotidiano de las cosas, en lo referente a la despoblación rural y el traslado masivo a las grandes ciudades y todos los cambios culturales que ello conlleva, me retiro para curiosear, de incógnito, en esa ciudad inglesa. Por lo visto, cabe la posibilidad de que viaje en el tiempo. O, con leer *Norte y Sur*, novela que tengo a mano —porque tampoco supone complicaciones adicionales—, soluciono la operación logística.
Me destoso.
https://en.wikipedia.org/wiki/Margaret_Hale
https://www.lecturalia.com/libro/24367/norte-y-sur
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT




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