FEBRERO FEBRERÍN, EL MÁS CORTO Y EL MÁS RUIN
Buenas noches nocturnas… Se desarrollan, desde el día 6 de este mes de febrero y hasta el día 22, los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina. Justo un 13 de febrero de 1972, el deportista madrileño Francisco Fernández Ochoa, natural de Cercedilla, obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos disputados en Sapporo, en la prueba de eslalon.
Por otra parte, el 13 de febrero de 1967 se descubre en la Biblioteca Nacional de España (Madrid) un manuscrito de Leonardo da Vinci de casi 700 páginas, que contiene anotaciones y dibujos a mano, conocido como los “Códices Madrid I y II”. El 13 de febrero de 1946, en el Reino Unido, es derogada la ley antihuelga de 1926. Sucesos más que notables desde el punto de vista de los acontecimientos cuyo valor concuerda con los requisitos propios de la fortuna.
Esto ocurre a pesar de la tradición supersticiosa que atribuye a fechas como la de hoy un grave riesgo de mala suerte. Según lo poco que sé, tal creencia es propia de la cultura anglosajona; aquí ya tenemos nuestro martes, señalado en el refranero como ocasión para eludir las bodas y la navegación.
Hecha esta aclaración, podríamos observar el ruedo de la vida desde la barrera, pero ya es tarde. Desde que hemos abrazado tanto lo *yankee* como lo británico, los efectos de la desventura se multiplican. Sucede como con tantas otras cosas indeseadas. Y es a causa de esta pulsión adversa que se me ocurrió encontrar un detonante, un ejemplo capaz de arrasar cualquier resistencia a la bienaventuranza.
Los expertos a mi servicio han manipulado la historia para que concurran fenómenos registrados en la fecha que fuere, de modo que puedan atraerlos a este presente como recién salidos del horno. Por eso, un viernes 13 de febrero de 1972, la azafata yugoslava Vesna Vulović sirvió en un vuelo que no debería haber tomado, debido a un error en los turnos. Durante el trayecto, una explosión destruyó el avión en pleno aire y los restos cayeron sobre una zona montañosa nevada, donde se asumió que no habría supervivientes.
Contra todo pronóstico, Vesna fue encontrada con vida dentro de un fragmento del fuselaje, aunque gravemente herida. La versión oficial atribuyó el siniestro a una bomba en el equipaje y explicó su supervivencia por una combinación excepcional de factores físicos, aunque un testigo local ofreció después un relato alternativo que generó dudas. Más tarde, tras un complejo proceso médico —fracturas, coma, cirugías y rehabilitación—, la atención internacional convirtió su caso en un símbolo de supervivencia extraordinaria.
Con los años surgieron teorías que cuestionaron la causa oficial y plantearon un posible derribo encubierto. Finalmente, como sucede en otras ocasiones, cabe considerar el contraste entre la fama mundial y la visión de Vesna, quien consideró su experiencia una tragedia marcada por la pérdida de sus compañeros y por una notoriedad que nunca deseó, en contra del aura milagrosa que muchos atribuyeron a aquel asombroso caso de supervivencia.
A partir de esto, y con la realidad ya transformada, los influjos malignos se disipan y, fruto de cierta fabulación, al arrimar el ascua a la sardina propia, todo descansa en la tranquilidad de los días y las noches apreciados con sosiego. Retornamos enseguida a la paz del sábado— mañana— siempre y cuando no nos adentremos en territorios donde diluvia y la presión atmosférica provoca desplazamientos del aire casi titánicos.
Febrero siempre estuvo loco, pero este de 2026 amplía los horizontes de su indisposición mental. Con estas nuevas hemos de tratar, y a ello nos dedicaremos.
Me destoso.





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