GANADOR NO HAY MÁS QUE UNO
Buenas noches nocturnas… Si se sintoniza La 1 de Radio Televisión Española, una de las informaciones que suelen facilitarse en todas o casi todas las emisiones es lo que acontece en el llamado “Benidorm Fest”: un certamen de música y canciones que, este año, carece de correspondencia internacional directa a causa de la retirada de la emisora pública estatal del concurso europeo, Eurovisión.
A mediodía, uno de los participantes —que salió bien parado tras la primera prueba y, por lo tanto, estará en la final— declaró, como suele hacerse en muchas otras competiciones relacionadas con la disciplina que fuere, que se sentía ganador por el solo hecho de haberse clasificado. Inmediatamente, quienes especulan con el futuro de manera profesional se han puesto en contacto con el ganador o ganadores —no se ha querido decir si es uno o son varios los que triunfarán— para decirles que desistan.
Un compañero ha manifestado estar en condiciones de reclamar para sí la corona de los que alcanzan la victoria y, por eso mismo, ocurra lo que ocurra, cuando menos habrán de compartir el podio. Los demás, al conocer esto, han hecho lo mismo: se han declarado campeones, e incluso eso se han apresurado a decir quienes fueron eliminados. Así, todos se sienten ganadores y, si se perciben como tales, no hay otra respuesta que ofrecerles sino callar y asentir.
Son ecos de lo que podía haber sido sorprendente verdad. Pero es que no basta con decir que sucede lo que es imposible. Por otra parte, la anticipación, de acuerdo a los presupuestos anteriores, resulta un truco de ventas extraordinario. Si me adelanto y explico que merezco una determinada gloria porque declaro que la experimento, muchos van a estar del lado de quien pone tanta ilusión y elegirán su producto. “Está tan entusiasmado que, por lo mucho que desea sus propios logros haciéndolo bien, calculamos sin acierto al establecer que otro haya cometido menos errores”. Por lo menos, es el ganador moral.
Hace apenas unos días tuvimos otro ganador moral: VOX, el partido político que preside Santiago Abascal. Fue tercera entre las agrupaciones que respaldaban a sus propios candidatos con objeto de presidir la Comunidad Autónoma de Aragón. De hecho, solo por eso, PP y PSOE meditan la posibilidad de renunciar a lo que les corresponde para que sean los rudos representantes del partido verde quienes se ocupen de los destinos de los aragoneses. Y, claro que no es así. Porque no han ganado. Habían doblado sus apoyos, pero ese crecimiento ha resultado insuficiente.
Como cuando, en el último minuto de un partido de fútbol, el club que ha sido dominado de largo durante los anteriores ochenta y nueve, comete un error y encaja un tanto. Es lo mismo. Perdieron. Esta es la realidad. Si no hubo injusticias, bochornosas connivencias o delito, el ganador es solo uno. De lo contrario, no puede decirse que lo sea.
Y esto, que parece una perogrullada, no lo es. No lo es porque ha de decirse todos los días. Quienes, por muy bien que hayan hecho algo, por mucha destreza y puesta en juego de las emociones y sentimientos más reconocidos que acrediten, quedan segundos, o terceros, o cuartos, pueden estar felices, ya que no figuran en puestos inferiores. Sobre todo si, en anteriores citas, eran de los del vagón de cola. Pero hasta ahí.
Ser ganador moral en algo es una atribución que concede el público afín, así como quienes, no siendo declarados forofos de los ganadores, se manifiestan de esta manera para lograr un pedazo de la tarta. El ganador moral es un falsario. Puede que haga las cosas bien y, aun así, merezca un sitio que no es el de los que triunfan. Harán las cosas estupendamente, pero no tanto como para ganar. A veces un pequeño error, uno de esos errores críticos, sin embargo, da al traste con una larga vida de consecuciones magníficas.
Según los expertos, designar al “ganador moral” durante una competición no supone aludir a una victoria real; es una recalificación del resultado desde otro criterio de valor. Y esos otros criterios, los que resultan relativos, los que se miden mal, provienen del antojo, de la apetencia.
Queda dicho por mí. Lo sostengo. Es mi opinión.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GROK.




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