LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ
Buenas noches nocturnas… He descubierto una revista. Todo porque, ahora que sopla el viento con menos ínfulas, reparé en aquellas cosas que los desplazamientos más que enérgicos del aire se habían llevado o se podían llevar. Como deseé empezar este comunicado con una alusión lírica, tuve que eludir las referencias al cine y a la película *Lo que el viento se llevó*. Ya saben, esa obra maestra del cine, según sostienen muchos, cuyo título tiene que ver, de manera simbólica, con la pérdida y la transitoriedad de la vida tal como la conocían los personajes principales: Scarlett O'Hara, Rhett Butler, Ashley Wilkes, Melanie Hamilton Wilkes, etcétera.
La frase refleja cómo las estructuras sociales, la riqueza, las relaciones y el estilo de vida de la aristocracia sureña fueron destruidas o desaparecieron con el fin de la Guerra de Secesión en Estados Unidos. El “viento” funciona como metáfora del tiempo y del cambio inevitable, que arrastra consigo todo lo que antes parecía asentado o permanente, incluyendo los sueños, las seguridades económicas y los afectos personales. Así, el título encapsula la sensación de despojo y nostalgia que atraviesa toda la historia.
Todo esto lo sé y queda expresado de esta manera porque los expertos a los que consulto así me lo dicen. Para servidor, que vio este filme hace tiempo, nada hay que suponga estímulo distinto al que pueda encontrarse en cualquiera de los folletines que en el mundo son y han sido.
En mi viaje en busca de resonancias di con un viento alojado en la poesía de la poeta, narradora y guionista venezolana Sonia Chocrón. El material a mi mano aparecía en la revista de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, ANLE. Estuve revisando uno de los últimos números aparecidos y en él, para la sección INVENTOS, aparece una composición de Luis A. Ambroggio, poeta, ensayista y promotor cultural, que se llama “Ojos de haikus”. Los tres primeros versos son estos:
El viento azota.
Rama seca incapaz
de defenderse.
Por lo tanto, se cerró el círculo. En cuanto a la revista, examinaré, en su momento, con detalle, los contenidos para tener una opinión y, ahora, salvo al final, debe quedar en reposo. El viento ha derribado árboles, consecuencia de su poder y tremendismo, y muchos artefactos humanos no diseñados para resistirse con éxito a fin de salir adelante en contra de las rachas huracanadas.
Habrá casos en los que los imponderables del meteoro permiten hablar de sucesos de infortunio, pero no se hacen las cosas para que duren ni se prevé lo casi imprevisible. Y es en ese “casi”, en el dominio de lo poco común porque nunca ocurre, en la fracción de lo que nadie garantiza que no sucederá, donde el horror encuentra su ventaja.
No obstante, como la lluvia, el viento puede resultar una experiencia confortable. Llega, en ocasiones, como llega la escoba o la manga de regar: con la fortaleza de lo diseñado para el buen oficio de la limpieza. Despeja nuestros sentidos, los sitúa en posición de ser restaurados y no se riñe con la variedad, donde, para algunos, reside el gusto.
Así pues, independientemente de los enseres, puede que hayamos visto volar para siempre una gorra de vestir, una maceta mal colocada o un suspiro de España. ¿Quién lo determinará? Mientras no se hayan producido desgracias personales, podremos decir que ya era hora de adquirir un nuevo tocado, disponer de un jardín mejor o cantar otra copla.
Y, hablando de copla, este poema de la mujer a la que me referí hace unos minutos, Sonia Chocrón, va a ser la despedida de este comunicado. Se llama “Lo que el viento se llevó”.
Se ha llevado tantas cosas el viento
que sopla por los alrededores de mi casa profunda
que casi olvido enumerarlas:
Un amor inconveniente que no pudimos coronar
la tersura de las manos de mi madre
la virginidad exacta
el jazmín que perfumaba las tardes necias
los abrazos rotos
el iris cielo azul de papá
el perro mullido que un día escapó de mí
las nalgas firmes y el vientre austero
el amor de Scarlett por Ashley
(“francamente, querida, eso me importa un bledo”)
mis barbies desnudas y hacinadas
como escombros de una cámara de gas
la calle empinada de los patines
corduras y escrúpulos
la ciudad clemente y dócil
el vértigo en la bragadura
La edad de la inocencia,
abreviando.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT





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