ORÉGANO
Buenas noches nocturnas… El poeta vendrá a visitarme. Traerá entre sus manos una ramita de orégano y me la ofrecerá diciendo:
«Hoy estoy feliz con las sábanas de la vida.
Lavé las sábanas.
Tendí las sábanas y las vi
aletear y elevarse como gaviotas.
Cuando estuvieron secas las descolgué
y hundí mi cabeza en ellas.
Todo el oxígeno de la tierra en ellas.
Todos los pies de todos los bebés del mundo en ellas.
Todos los calzones de todos los ángeles del mundo en ellas.
Todos los besos mañaneros de Filadelfia en ellas.
Todos los juegos de saltar pintados sobre las aceras en ellas.
Todos los caballitos hechos de trapo en ellas.
Así que esto es la felicidad:
ese agente viajero.»
Será su forma de decirme que se presenta con las mismas emociones y los mismos sentimientos con los que viene revestido. Al repetir estos versos de Anne Sexton y ofrecerme la ramita de orégano, refrenda esta idea. Al fin y al cabo, el orégano es un símbolo clásico: la representación de la alegría y la felicidad; del amor duradero; de la protección, de los buenos augurios, del placer cotidiano y de la sencillez.
Se sabe del orégano que es una planta, miembro de la familia de la menta, cuyo nombre proviene del griego *oros* (montaña) y *ganos* (alegría). De ahí su nombre común: «Alegría de la Montaña». En la antigüedad se la consideraba un presagio de bonanza allí donde apareciera. Por ejemplo, si crecía silvestre en una tumba, el alma del difunto estaba contenta.
Cabe remontarse a los tiempos lejanos en que los dioses gobernaban y el orégano se originó en los deseos de Afrodita, la diosa del amor y la belleza. Al parecer, creó esta antigua hierba y, al modo humano, la cultivó después en su jardín, en lo alto del Monte Olimpo, convirtiéndola en símbolo de felicidad. Es verosímil porque el orégano prospera en condiciones secas y rocosas.
Aunque esto pasó hace mucho tiempo, no demasiado después los antiguos romanos, durante las ceremonias de esponsales, coronaban a los novios con esta hierba. Por lo visto, daban por hecho que el orégano proporcionaba la fuerza necesaria para disipar la tristeza. Ahora, quienes tardan en conciliar el sueño por cuestiones relacionadas con la vida diaria y sus inconvenientes, si llevaran una corona como la que confeccionaban en la Roma clásica, lograrían estimular los sueños psíquicos. Desconozco si buenos o no, pero dormir se duerme, puesto que se sueña.
En todo caso, las costumbres y las tradiciones del mundo rural distinguen actos y procedimientos que se localizan en esa parte pretérita de la vida a la que estoy aludiendo y se transmiten gracias a la voz de los historiadores y de la comunidad popular, siempre de boca a oído. Pastores que alimentaban a sus ovejas con orégano silvestre, para dar sabor a la carne y para protegerlas del veneno de serpientes y escorpiones. Gentes que usaron la planta para tratar espasmos, pruritos, y problemas relacionados con los hongos, como el pie de atleta. Incluso en la época de Shakespeare se creía que el orégano curaba las sobredosis de opio y cicuta. No son las únicas prestaciones medicinales a las que se puede uno referir, mas servidor prefiere solucionar estas cosas cara a cara con un médico.
Por eso me traerá un fragmento cortado tal vez durante un paseo por el campo. Por un paraje que, como el monte, a pesar de los pesares, será algo más que orégano. El poeta me estima y, cuando advierte una posibilidad de dicha, por parcial que sea, por efímera que resulte, no duda en compartirla.
No he pensado en lo que responderé. He de hacerlo y debo darme prisa. Tengo tiempo, pero no tanto. Sé que se presentará aquí porque he visto, en la esfera de la imaginación y de la fantasía, todo lo que me aguarda. Tengo tomillo, romero y albahaca: para valor, fortaleza, memoria, lealtad y afecto. Haré un buen ramo.
Me destoso.
https://www.culturagenial.com/es/poemas-de-felicidad/
https://folkloreofplants.blog/2023/10/18/oregano/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT






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