EL VALOR DE LO QUE NO SE HIZO
Buenas noches nocturnas… En un escritorio familiar, guardado en un almacén o trastero a la espera de venta, regalo o desmantelamiento, encontré un documento sin firma ni destinatario. Ignoro si perteneció a alguno de mis antepasados próximos. A mi entender, se trata del esbozo de un proyecto más ambicioso y definido que nunca se llevó a cabo; al menos, carezco de noticias que desacrediten tal pretensión. Lo comparto a continuación, por si existen personas interesadas en desarrollar la idea, dotando al proyecto de recursos. Dice:
«No toda omisión es negligencia. Incluso podría hablarse de virtud. Estar ante un enemigo y sufrir la irritación que sus gestos y sus actos producen en el propio ánimo, negándose uno a sí mismo la satisfacción de correrlo a gorrazos, impidiendo, tal vez, que otros lo hagan, es una determinación loable fundada en la abstinencia de toda criminalidad. Un propósito convertido en hecho que merece laureles.
No obstante, sin llegar a estos extremos, a veces eludir aquello en lo que otros demuestran indudable pericia también es constitutivo de benevolencia. Por eso mismo, cuando se declara que se evitó participar en este asunto o en aquel, y se permite el examen de los pormenores de esa incomparecencia, para valorarla como sea conveniente, aparece a la vista un territorio social todavía inexplorado.
Rehusar una acción puede tener un impacto más profundo que ejecutarla.
Cabe considerar el futuro de la civilización como el de las sociedades orientadas a la hiperproductividad, en las que el valor de lo provechoso se mide en términos de consecuciones, visibilidad y resultados tangibles.
Ofrecer unos galardones que impugnen este proceder ahora es una enmienda a ese porvenir que no se desea y, más adelante, una garantía de prosperidad no vinculada a fenómenos que pudiéramos llamar esclavizantes.
Solo hay tiempo para hacer lo que cada uno entiende que ha de hacer con los periodos de actividad de los que se responsabiliza. Llevar al límite las capacidades adquiridas supone exponerse a un reventón. Renunciar sin la pátina de desdicha que lleva aparejado el sometimiento, la derrota, es una forma de autoafirmación valiosa.
De ahí que, ante la posibilidad de competir en un torneo entre vendedores de apartamentos turísticos en ciudades de mediana densidad urbana, se alce, por ejemplo, la voz de quien sostiene públicamente que nunca estará entre los de esa partida. Por supuesto, si quien así se manifiesta —pongamos por caso— es un panadero, un redactor de noticias o un conocido escritor de libros con mucha tirada, tiene menos valor que si el interesado es un profesional del gremio.
Resoluciones como esta merecen ser examinadas y tenidas por importantes, siempre y cuando haya otros que opten por conducirse de esta manera, a fin de atribuir los méritos más altos a quienes los hayan alcanzado en justicia. Es posible que la especie de los vagos se desperece, siquiera durante unos segundos, para ver si encuentra en esto algo en beneficio propio. Es cierto que son personas campeonas de la quietud estatuaria y, por tanto, candidatos casi inobjetables a estas gratificaciones honoríficas. Pero, si son gandules a conciencia, ni siquiera moverán una pestaña por todo esto. Y, si no lo son, difícilmente van a prestarse, porque las circunstancias de su falta de dinamismo siempre penalizan.
Es decir, no basta con decir que no se ha hecho algo. Es imprescindible ofrecer pruebas de lo que podría haberse realizado, incluso en condiciones de calidad superior».
Aquí termina el documento, y ustedes dirán qué les parece; si les resulta útil o si supone una oportunidad para dialogar acerca de lo que no deseamos acometer y de lo bien que una actitud así habla de nosotros.
Por otra parte, si han concedido credibilidad a mis palabras hasta estos momentos, es que he fingido bien y podrían premiarme con una nueva lectura la próxima vez que abra este blog para comunicarme con el mundo. De no ser así, nos habremos entretenido, lo cual no es poco.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.





Comments
Post a Comment