EN LA CAJA DE LOS TRUENOS NO SE ESCUCHAN LOS CAÑONAZOS
Buenas noches nocturnas… El señor con el que hablé por teléfono —escribo lo que recuerdo— atribuía cierto despiste general, que él cree que existe, respecto a la celebración del Día del Padre, a esos grandes almacenes españoles de los que usted me habla. Antes, sostiene, como un gran hermano de la propaganda, avisaban a los ciudadanos, porque a todos se nos suponía clientes de esa casa, lo fuéramos o no, y nadie hubiera podido permanecer en el mundo de los vivos sin enterarse.
Pero los monopolios se acabaron, la diversidad llegó, la variedad e incluso la magia representada por internet se hicieron con el mundo, y por eso las sirenas cantaron tantas canciones a la vez que no hubo soga suficiente para amarrarnos al palo mayor mediante el que los Ulises de la vida contuviéramos el hechizo. Ahora estamos desnortados, confusos y somos adoradores de casi cualquier reclamo comercial. Todas las fechas, actualmente, son oportunidades festivas y contienen múltiples ofertas de compra o de venta. Lo que era relevante por único ahora es materia indistinguible de cualquier otra.
Así es como llega la primavera sin que apenas nos demos cuenta. Los meteorólogos aseguraron que, para ellos, ya había comenzado a primeros de este mes, aunque en los noticieros dijeron que el viernes día veinte, hacia las quince horas, la estación que precede a los altos hornos de Vizcaya se consideraba oficialmente en curso. Poco ruido se produjo y, si sonaron trompetas de alborozo, como estábamos gritando, además de llegar los ecos de los misiles de las guerras, nada se pudo advertir en la clamorosa insistencia del sinsentido.
Presiento, por tanto, que este comunicado no va a destacar. Ni suponiendo que escribiera con chillonas letras mayúsculas que hoy es, de acuerdo con lo que determinó la UNESCO, el Día Mundial de la Poesía…
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido,
sino solo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama corazón.
Y, como se aprecia en este poema de Fernando Pessoa titulado «Autopsicografía», aunque el modo expresivo de la existencia al que me refiero ocurra sin que haya un ser humano de por medio, resulta pertinente el poeta para que la poesía pueda transmitirse.
No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión que pudo
volar, pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.
Y, si de poetas y poesía digo, con este otro poeta, Claudio Rodríguez, he de escribir «Gorrión» con mayúscula, porque es el título y hoy se celebra su Día Mundial. ¿Lo ven? Hay tanto y tan junto. Por suerte, escudriñando entre los estímulos que se producen al "estar entre gorriones", para mi alivio y disfrute, he leído una fábula de las que me gustan, por cómo acaba, y la comparto a continuación tal y como apareció redactada en las páginas electrónicas de *La Vanguardia*:
«Una vaca estaba pastando tranquilamente en un prado cuando se dio cuenta de que un pajarito se había caído de un nido, en pleno territorio de un zorro. La vaca se apiadó del pajarito y defecó sobre él para ocultarle a los ojos del zorro. Pero el pajarito, que se asfixiaba entre los excrementos, comenzó a piar, a piar y a piar... hasta que el zorro le escuchó. Se acercó a la vaca y rescató al pajarito, que se estaba ahogando en las heces. Lo cogió con la boca, lo llevó hasta el río, donde lo lavó con delicadeza y, a continuación, cuando ya estaba bien limpio, se lo zampó».
Este final me reconcilia con la mala leche. A veces es todo tan melifluo que parece espuma de jabón: si no se descarga un balde de agua fría, parecerá que bajo las burbujas existe algo trascendente.
En todo caso, ese hombre con el que hablo —y cada vez que ocurre puede que sea la última vez— tiene razón. La culpa de todo es de esos grandes almacenes de los que ustedes me hablan. Y del gobierno, por supuesto. Y de Tip y Coll, por demorar tanto aquello que iban a decir —y que nunca llegaron a concretar— sobre los gobernantes de antaño.
Me destoso.
https://www.unesco.org/es/days/poetry
https://narrativabreve.com/2019/06/3-poemas-escribir-poesia.html
https://ciudadseva.com/texto/gorrion-rodriguez/
https://x.com/FBiodiversidad/status/2034918789620400414
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.





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