MIOMBO Y TIMBÓ
Buenas noches nocturnas… Tal vez por su altura, su fortaleza o su grandiosidad, tal vez por ser criaturas vivas y eficaces a las que no encuentro contraindicaciones, me gustan los árboles. Eso no quiere decir que sea un experto. Ni mucho menos. Me asombran, los admiro, pero apenas los conozco. Me refiero a la identidad de la mayoría como especie. Mal por mí.
Además, hay dos de ellos a los que puedo identificar por sus nombres, y he logrado conectar, a partir de esta consecución, dos continentes, valiéndome de un mecanismo elemental en mí: me digo que, si tiene pasado histórico, habrá una leyenda, un cuento.
En África hay un bosque de unos cinco millones de kilómetros cuadrados. Al parecer, es el de mayor superficie entre los bosques secos del mundo. Se llama Miombo y comprende territorios de Zimbabue, Zambia, Mozambique, Angola, la República Democrática del Congo, Tanzania y Malaui. El árbol más común de este bosque se llama también miombo: «una palabra bantú para designar a *Brachystegia*, un género de árboles que abarca una gran cantidad de especies. El arbolado de miombo se caracteriza por la presencia predominante de estas variedades que crecen en las áreas semiáridas de la sabana tropical o rocosas. Una característica de los árboles es que sus hojas cambian por un período corto a los colores dorados y rojos, que enmascaran la clorofila subyacente, de manera coincidente con lo que ocurre en el periodo otoñal del hemisferio norte, y vuelven al color verde cuando la estación de lluvias comienza».
Al enterarme de su existencia, descubro que hay unas orugas capaces de devorar sus hojas hasta hacerlas desaparecer. Pero los árboles miombo se recuperan y vuelven a brotar. De esta segunda etapa se benefician los elefantes, que son menos, pero de mayor tamaño y necesidades alimentarias.
Como dije, una vez establecido todo esto y algunos datos más, examiné el mundo conocido para ver si existía una leyenda relacionada con el afán que he notificado como propio. Y no hubo suerte. Quiere decir, nada más, que he de invertir más tiempo en esa investigación.
No obstante, durante este proceso exploratorio di enseguida con otro árbol, alejado del miombo, es verdad, pero con una historia que se presume cierta, aunque ni se aportaron pruebas ni parece que se puedan aportar. Ese otro representante de las criaturas a las que me siento afín se llama timbó. Es un "árbol caducifolio de 10 a 25 metros de altura, con una copa ancha y un tronco recto y grueso, cilíndrico, a veces algo tortuoso, ramificado normalmente a cierta altura, con la corteza lisa en los ejemplares jóvenes, de color gris claro a pardo grisáceo, tornándose gruesa y algo agrietada en los árboles adultos; ramas sin espinas, grisáceas y con abundantes lenticelas transversales de color blanco. Crece en lugares del sur de Brasil, pasando por Paraguay y Uruguay hasta Bolivia y la precordillera. En Argentina habita en la región del Litoral, como en la selva misionera y en las selvas en galería de la cuenca del río Paraná y del Plata, en la región chaqueña y en la selva de yungas en su región oriental".
Wilson Mesa, en su blog, narra una historia que puede resumirse conforme a este presupuesto: un viejo cacique guaraní pierde a su hija, que huye con el hijo del cacique enemigo —todo cacique tiene a su gerifalte rival— para unirse por amor pese a la prohibición originada en las normas tradicionales. Desesperado, el padre inicia una larga búsqueda que lo lleva a cruzar montes, ríos y serranías durante meses. Sus guerreros lo abandonan al creerlo enloquecido, pero él continúa solo, sostenido únicamente por su amor paternal. Cada tanto se detiene y apoya la oreja en la tierra, esperando oír los pasos de su hija.
Al cabo, cuando llega la primavera, los guerreros lo encuentran muerto, con una oreja literalmente adherida al suelo. Al levantar el cuerpo, la oreja queda enraizada, y de ella brota una planta que crece hasta convertirse en un gran árbol. Ese árbol, el timbó, produce frutos oscuros con forma de oreja humana, recordando la del cacique que murió escuchando la tierra en busca de su hija.
Por tanto, de árbol a árbol, atravesando continentes, navegando por océanos, gracias al motor de la curiosidad, me siento más cerca de la naturaleza por cuanto he aprendido. No está mal para una tarde de martes.
Me destoso.
https://es.wikipedia.org/wiki/Sabana_arbolada_de_miombo_del_Zambeze_central
https://es.wikipedia.org/wiki/Miombo
https://es.wikipedia.org/wiki/Brachystegia
https://elescribidorserrano.blogspot.com/2021/01/camba-nambi-la-leyenda-del-timbo.html
La imagen se obtuvo gracias a los servicios que proporciona GROK
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