SORBE TERNURA Y ELÉVATE CON DULZURA
Buenas noches nocturnas… Un recurso del que me valgo a la hora de exponer por escrito aquello que todavía no he llegado a concretar son las asociaciones libres. Y con esto no me refiero al así mismo denominado método que, según la Wikipedia, fue “descrito por Sigmund Freud como la «regla fundamental» o «regla de oro» del psicoanálisis, constitutiva de la técnica psicoanalítica y que consiste en que el analizado exprese, durante las sesiones del tratamiento, todas sus ocurrencias, ideas, imágenes, emociones, pensamientos, recuerdos o sentimientos tal cual como se le presentan, sin ningún tipo de selección ni estructuración del discurso, sin restricción ni filtro, aun cuando el material le parezca incoherente, impúdico, impertinente o desprovisto de interés”.
Mi caso es otro, aunque no sé si digno de aparecer en los libros de la psiquiatría universal. Lo que hago es buscar la mínima oportunidad que me permita establecer vínculos entre dos asuntos en apariencia tan alejados como para pensar que nunca llegarán a encontrarse. Pongamos por caso una zapatería y ese tipo de tazas de loza para tomar bebidas que llevan impresos letreros ridículos, a menudo admonitorios y, según sus autores, divertidos.
Pues bien. Imaginemos un establecimiento comercial dedicado a la reparación de calzado, a la venta de complementos y a la confección de todo tipo de llaves. Supongamos que los dueños deciden diversificar el negocio con la intención de generar otros ingresos. Las temporadas de compra a veces provocan una disminución del negocio o generan problemas derivados de la competencia y de la ley de la oferta y la demanda. Todo ello puede compensarse con los ingresos procedentes de otros apartados comerciales.
Así que, si reparamos zapatos y vendemos llaves —se dicen los gestores de la empresa—, cuero y metal, a nadie debería resultarle extraño que vendiéramos agujas, tijeras y cuchillos. No una gran variedad, solo algunos ejemplares afines a nuestra idea de empresa, nos los proporcionen nuestros proveedores o no, e incluso parte del menaje del hogar, ya que nos ponemos.
Ahora bien, si vendemos menaje de cocina, también podemos vender alimentos y productos sanitarios: artículos como esparadrapos y tiritas, porque la gente se corta o tiene rozaduras a causa de la mala elección de su calzado, y alguna variedad de comida precocinada sencilla.
Una vez logrado esto, podemos pensar en la gente que camina: sale a la calle, cierra sus puertas cuando abandona el domicilio, consume buenos productos para mantener la energía, se sirve de las herramientas necesarias y adopta las precauciones oportunas cuidándose en salud. Después de todo eso, procede unirse a otras personas para disfrutar de la vida. Y si es así, acudir a un sitio para tomar un café o una infusión, o recibir a los amigos y familiares en casa y disponer de unos instantes de sosiego, resulta más divertido usando una de esas tazas simpáticas que compramos un día porque ya no nos gustaba la que teníamos o se nos rompió.
Además, son muy expresivas y dicen tantísimas cosas de nosotros que, con solo enseñarlas, hacemos gasto autobiográfico. De esta manera, los zapatos que aguardan al remendón —o a su dueña o dueño, que pronto los recogerá porque ya están listos para volver a ser protagonistas— se juntan con las tazas bobas en armonía y normalidad.
Asociación libre concluida. Trabajo terminado. Solo me falta idear una majadería para conectar el zapato de uno de mis pies con la taza de mi desayuno… A ver… “En este pozo trasiega el campeón de los caminos a pie”. O, mejor: “Bebe en el suelo y camina hasta el cielo”.
Se entiende, ¿no? Pues eso.
Me destoso.
https://es.wikipedia.org/wiki/Asociaci%C3%B3n_libre





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