BUBBLEGUM PINK
Buenas noches nocturnas… Por razones que no debieran ser difíciles de explicar para mí —puesto que conozco los detalles, a pesar de lo trascendente que me proponga ser—, es tardísimo y, cuando pulse la tecla que corresponde para que figure impreso el punto que designa la finalización de esta frase, habré concluido el primer párrafo, en verdad, baldío.
Arrastro —como se puede comprender— una falta de medios evidente y la clara incapacidad que se manifiesta cuando, tras llegar al fondo de los bolsillos, se comprueba que nada hay dentro, salvo tela y aire.
Por suerte, luego de insistir en el rastro —porque ni siquiera doy con la perdiz para marearla—, me acabo de interesar por unas publicaciones relacionadas con los neologismos. Ya saben, en lingüística, «Vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua». Para este comunicado, el español.
Me entero, gracias a una publicación del Centro Virtual Cervantes, de que «rosa chicle» es una expresión, para mi sorpresa, vigente. Hasta la fecha, tenía para mí que este recurso expresivo estaba relacionada con una moda antigua y cercana al entorno juvenil de lo ñoño. Craso error —esta sí, expresión antiquísima— el de este pasante:
«El neologismo constituye un calco del término en inglés *bubblegum pink*, el cual se popularizó durante la década de los ochenta. En el caso del español, su introducción en el léxico llegó unas décadas más tarde, en los años 2000, y fue en este momento en el que el extranjerismo se adaptó acorde al sistema gramatical de dicha lengua».
Entonces, lo que se dice en este artículo, del que es autor Ismael Fernández, de la Universitat Pompeu Fabra, es que el rosa chicle no solo no ha desaparecido, sino que triunfa, si triunfar es aparecer en la plaza pública como algo representativo durante algunas transacciones:
«Así pues, este se ha convertido en las últimas décadas en una unidad perfectamente lexicalizada y que monopoliza las revistas de moda:
Es por esto que Pedro Almodóvar ha lucido un traje rosa chicle hecho a medida por Loewe, formado por pantalón recto y *blazer* cruzada con doble botonadura. [*El Periódico* (España), 3/9/2024]
Durante esos años la llegamos a ver atreverse con tonos llamativos como el verde, el turquesa y, cómo no, el rosa chicle al que ha querido volver ahora. [*Vogue* (España), 17/1/2024]».
Es cierto que las referencias aportadas como pruebas tienen fechas de hace dos años y que en setecientos treinta días pueden pasar universos completos con todos los acontecimientos que caben en ellos, pero, a ver, yo hubiera jurado que lo único que podía designarse con esa especificidad, y nunca alegre gusto, eran los vestidos de la muñeca Barbie. Y ya se sabe que todo en el cine es mentira.
Pero aquí está y aquí estamos, con el rosa chicle amenazando un arreón de moda y dispuesto a colonizar todas aquellas cosas que puedan resultarle necesarias a uno. Como cuando nos dirigimos a comprar ropa y solo se encuentran aquellas prendas y tejidos cuyos formatos, texturas y colores son los que hacen imposible sostener ante el espejo un semblante serio sin que cunda la desesperación.
¿Es, por tanto, una amenaza el rosa chicle? Si lo viste Rosalía o lo lleva George Clooney, que es muy payaso, ¿las factorías del mundo elaborarán una gama de productos en ese color que se impondrá como tsunami imperialista?
Alerta, compañeros y compañeras. Concluyo como lo hace la gente de izquierdas para generar confianza y compadreo: todavía estamos a tiempo de detener este horror. Si hay extraterrestres, morirán de risa al vernos en un trance estético en el que domine una abominación ridícula. Morirán al observarnos y, desde que hemos decidido que las sociedades que se comen a los perros son colectivos abyectos, estamos en contra de cualquier exterminio. Decid conmigo: no; no al rosa chicle.
Me destoso.
https://blogscvc.cervantes.es/martes-neologico/rosa-chicle/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.






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