CONVERSACIONES DE BAR
Buenas noches nocturnas… Ahora no recuerdo qué, aunque sospecho de la procedencia. Lo que me estimuló, no obstante, fue responsable de que escribiera: «Conversaciones de bar». Y, cuando una cosa así sucede, cuando reservo una palabra o una expresión, es porque, como del cabo de un hilo que alguien dejó para conocer la ruta por la que se desanda lo que se anduvo —pienso en el hilo de Ariadna, enamorada de Teseo, a quien entregó el extremo de un ovillo que ella mantuvo sujeto, mientras su héroe se internaba en el laberinto para matar a Asterión, y luego fue recogiendo para que el hijo de Etra y Egeo regresara sin equivocarse—. He de servirme de él para explorar un territorio, en esos instantes, ignoto.
Así que estoy frente a la hoja en blanco, no tan nívea, al fin, llegados a este renglón, con unos diálogos que se producen en establecimientos de hostelería muy comunes para casi todos los mortales… entre los que no me encuentro. Porque nunca fui mucho de bares. Al menos, no de pasarme las horas, de coincidir con clientes y simpatizantes, de hablar con unos y con otros de las cosas del día o de los acontecimientos particulares. Algo que, espero se entienda, no quita para que tenga curiosidad. Curiosidad por saber si, en esos templos de la bebida y el alterne, se dicen grandes cosas, aunque sea mediante las palabras más modestas o, como es habitual entre seres humanos, predomina la bajeza.
Tras ese punto que acabo de situar al finalizar el último párrafo, no debería añadir más cosas. Si abunda el desprestigio de la especie, mejor buscar en otros «mentideros». Pero me apetece la tozudez, ser perseverante aunque no haya motivos. Por eso, escruto la red y me voy a una de esas cafeterías universales: X, antes Twitter. Un alojamiento infame, según muchos; tanto que incluso quienes pregonan esto con no oculta indignación tienen abierta cuenta para disfrutar de los servicios que ofrece su dueño de ahora, don Elon Musk.
Ingreso, por tanto, en la aplicación y encuentro una comunicación de Gregorio Luri, filósofo, pedagogo y ensayista navarro, que dice lo siguiente:
«Niños de 6 a 8 años responden a la pregunta: “¿Qué es un abuelo?”
– Un abuelo es una abuela, pero hombre.
– Los abuelos son gente que no tiene nada que hacer; solo están ocupados cuando nosotros los vamos a visitar.
– Los abuelos son tan viejitos que no deben correr».
«—Cuando salimos a pasear con ellos, se detienen para enseñarnos cosas bonitas como hojas de diferentes formas, un ciempiés de muchos colores o la casa del lobo.
– No nos dicen: “¡Date prisa!”
– Las abuelas son señoras gordas, pero se agachan para atarnos los zapatos».
«—Son unos señores que, para leer, usan gafas y siempre las pierden.
– Algunos abuelos tienen papás: esos sí son muy viejitos. La mamá de mi abuela se puede quitar las encías y los dientes… a la vez.
– Responden preguntas como: “¿Por qué Dios no está casado?”».
«—Todo el mundo debe buscarse unos abuelos; son las únicas personas grandes que siempre están contentas de estar con nosotros.
– Saben que antes de dormir podemos comer algunas chucherías y, antes de acostarnos, nos besan y consienten».
«—A un niño de 6 años le preguntaron dónde vivía su abuelita y contestó: “Vive en el aeropuerto: cuando la necesitamos, vamos allá y la buscamos; y cuando queremos que regrese a su casa, la volvemos a llevar a su aeropuerto”».
Tras todo esto, una usuaria, Cecilia Ordeig (@CeciliaOrdeig), escribe su contribución a lo que, hasta ahora, parecía un monólogo:
«Un niño uruguayo de esa edad es más probable que responda: “Los abuelos son los papás de mi mamá y mi papá”».
Engracia, otra usuaria (@gil22035), interviene en catalán:
«Això que diuen dels avis és perquè cada vegada més els pares impedeixen que els seus fills tinguin un vertader vincle amb els avis. Jo mateixa veig els meus nets perquè el meu fill em visita amb ells un cop cada quinze dies durant una hora. Estic bastant trista per aquest motiu».
Lo que, traducido al español, es:
«Aquello que dicen de los abuelos es porque cada vez más los padres impiden que sus hijos tengan un verdadero vínculo con los abuelos. Yo misma veo a mis nietos porque mi hijo me visita con ellos una vez cada quince días durante una hora. Estoy bastante triste por este motivo».
José Luis Díaz (@JL__Diaz) responde en francés:
«Un grand-père demeure, tout simplement, dans l’existence présente».
«Un abuelo permanece, simplemente, en la existencia presente».
Markus Mendez (@MendezMarkus), el penúltimo de esta serie, propone:
«El proceso a largo plazo es lo único rescatable de este torneo. Así se hizo con Tuca y así se hará de ahora en adelante. ACHASPT los jugadores tibios».
Lo cual representa una variante entregada al delirio, un fallo del sistema o un tipo que se despistó y quiso introducir un nuevo tema sin darse cuenta de que nadie le prestaba atención.
Por último, María Macia (@iaBertran) se decantó por la participación mediante el lenguaje iconográfico y, tal y como explica la inteligencia artificial asociada a este sistema, «El post de @iaBertran es una reacción con emojis de risa a un hilo sobre respuestas de niños de 6 a 8 años a la pregunta “¿Qué es un abuelo?”».
Claro, a veces, los intercambios son menos jocosos y las personas, en una demostración de que pueden haber acreditado una condición distinta, en el peor de los casos, se lanzan a lo más abyecto que se cultiva dentro de los intestinos del más asqueroso de los seres. Pero esto pasa hasta en las mejores familias, como ya se sabe.
Por hoy, solo una cosa que no debiera faltar luego de haber pasado un rato en tan buena compañía: los proverbios que, en azulejos y pizarras, quedan a la vista en algunos establecimientos. De una retahíla que examiné, me quedo con este:
«Este bar invita dos veces cada semana: uno lo hizo ayer, y el otro lo hará mañana».
Me destoso.
https://revistasuma.fespm.es/sites/revistasuma.fespm.es/IMG/pdf/57/117-122.pdf
https://x.com/GregorioLuri/status/2040120100057956434
https://baresautenticos.com/proverbios/
La imagen se obtuvo gracias a los servicios que proporciona COPILOT.








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