GESTAS DE CARNAVAL A DIARIO
Buenas noches nocturnas… La verdad es que no tengo ni idea. Me informaron de que, en una capital castellana, una asociación cultural, con motivo de promover los usos y costumbres tradicionales, convocó a todos cuantos quisieran participar para bailar la jota. El argumento principal aludía a la posibilidad de batir un récord. Por cuestiones de rendimiento propagandístico, se sirvieron de las redes sociales y, efectivamente, convocaron a un buen número de personas. En fotografías tomadas durante la aventura dicha que he podido examinar, se aprecia la plaza del ayuntamiento de ese municipio rebosante de personas, con más o menos acierto, bailarines o joteros.
Pues bien, desconozco por qué la posibilidad de conseguir un honor o de obtener premios vinculados al mérito y la habilidad gusta tanto a los seres humanos. Al fin y al cabo, solo uno resulta vencedor —o, en el caso de las colectividades, una sola—. Y me incluyo, aunque no sea, precisamente, el prototipo de este género de personas.
Competir y las competiciones, los concursos, una vez se tiene aviso de su realización, llevan aparejados curiosidad e interés creciente, movilizan grandes cantidades de dinero y facilitan la interacción entre diversos individuos por numerosas circunstancias. Entre estas, las de la conversación y la pugna. En un ascensor suele hablarse del tiempo o de las vicisitudes del club de fútbol local: tanto si se constata una racha ascendente como si se lamenta una adversa.
Están los concursos televisivos, los deportes y los certámenes culturales, así como otras experiencias vinculadas a ellos, de menor rango.
En ese inmenso almacén de materiales que llamamos internet existen informes que remiten a sucesos que pudieran estar próximos a la convocatoria de la que acabo de escribir, como la «Carrera del queso rodante», que acontece en Reino Unido; el campeonato de lanzamiento de teléfonos móviles, prueba originada en suelo finlandés; también en el Reino Unido, el campeonato de comer ortigas; la carrera de cortacéspedes en EE. UU., y el lanzamiento de atunes, en Australia.
Por otra parte, recuerdo que, en algunos lugares, hay personas que abandonan el recinto donde estuvieran para competir, como los toreros —cuando salen a hombros, no en ambulancia— por triunfo evidente, luego de enviar un hueso de aceituna más lejos que nadie, escupiéndolo.
En fin.
Esta tarde, antes de redactar esto, he sabido que en Bélgica se ha desarrollado un concurso para imitar el canto de las gaviotas. Ha sido en la localidad de De Panne, en la costa. Concretamente, el Campeonato Europeo Anual de Sonidos de Gaviotas. Por lo visto, con independencia de la noticia que se tuviera de todo esto, es ya una tradición. Sus organizadores dicen llevar a cabo esta iniciativa para cambiar la imagen que se tiene de las gaviotas. Lamentan que el público, en general, considere a estas aves seres intrusivos.
Tal vez la oportunidad futura esté en clasificar a los ganadores de esta modalidad como representantes legítimos de la televisión belga a fin de concursar en Eurovisión.
Habrá que esperar. De momento, para atender las necesidades de representación de algunos ciudadanos y ciudadanas, cuya presencia es objeto de desconfianza por parte de quienes en estos instantes son mayoría indiscutible, quiero ponerme en contacto con personas, profesionales que sepan de asuntos publicitarios, porque convendría institucionalizar lo que pudiera llamarse «Campeonato de Paseo con Perro Imaginario». Perro o cualquier otro tipo de mascota. Serviría para la integración de muchos y para dar a entender que quienes no cuentan con la fauna a su servicio también son dignos de compartir los bienes sociales que las administraciones disponen en general.
Eso, sin olvidar que, en aras del capitalismo, la red social del postureo cobraría nuevos adeptos, y esa es otra fuente económica no desdeñable.
Así pues, me pongo a la tarea.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona COPILOT.





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