LA REINA DEL LUGAR
Buenas noches nocturnas… Recuerdo la letra de una vieja canción, quizá ya material arqueológico:
«Ahí viene la plaga; le gusta bailar.
Ahí viene la plaga; le gusta bailar.
Y cuando está rock and rolleando,
es la reina del lugar».
Dicen quienes saben de estos temas que la versión más cercana a los oyentes de música del ámbito hispanoamericano, interpretada por Enrique Guzmán —cantante, compositor y actor nacido en Venezuela, con nacionalidad mexicana, miembro fundador del grupo Los Teen Tops—, es una versión de la pieza original, *Good Golly, Miss Molly*, «canción de rock and roll grabada por Little Richard y publicada en 1958 por Specialty Records, escrita por John Marascalco y Robert “Bumps” Blackwell, y uno de los temas más emblemáticos del primer rock estadounidense».
«Mis jefes me dijeron:
“Ya no bailes rock and roll;
si te vemos con la plaga,
tu domingo se acabó”».
De ahí que me pusiera a pensar en la plaga o, mejor dicho, en las plagas. Era de lo que habló un especialista, entrevistado por unos reporteros radiofónicos para comentar los pormenores de su trabajo. Detalles, por cierto abundantes, sobre procedimientos nada extraños y que tienen, a mi entender, dos particularidades dignas de ser tenidas en cuenta siempre.
Me refiero a que los profesionales que se ocupan de estos trabajos insisten en calificar sus labores como control de plagas: no son exterminadores. Según su vaticinio experto, roedores y cucarachas no desaparecerán nunca.
Por otra parte, parece que no hay consenso a la hora de definir qué es exactamente una plaga, pero cabe apelar al perjuicio que se produzca más que al número de ejemplares que pueda reunirse en un momento dado.
Si esto es así, por el daño que hacen, muchas veces las plagas están formadas por un solo individuo. Un solo individuo que irrumpe, de alguna forma, en las casas ajenas. Tengo varios nombres en mente, conocidos, por supuesto. Para todos los gustos y colores, con el riesgo de ser desmentido en unos casos y apoyado en otros, precisamente por quienes negaron ese parecer primero.
Ahora bien, ¿todas las evidentes plagas son indeseables?
A ver: ¿no sería una plaga —de las que conviene alentar— la formada por un gran número de seres sintientes que admiten haberse equivocado y lo declaran sin ambages?
¿Y no sería también una plaga —digna de aliento— la formada por vecinos silenciosos, incapaces de alzar la voz, conscientes de la endeble separación entre viviendas, para que la vida transcurra sin sobresaltos?
¿Y no sería igualmente una plaga —deseable— la formada por materiales bien hechos, como ese imposible que son las tapas que encajan con cualquier recipiente?
La plaga, entendida como afluencia insuperable, es preferible cuando trae consigo motivos para disfrutar de la vida.
Eso sucede en un concierto, en un parque temático: lugares donde hay mucha gente para divertirse, y donde todos están contentos de que sea así, aunque a mí me produzcan desazón.
Pero ya estoy mayor. Si viene la plaga, pies quietos. Qué le vamos a hacer.
Me destoso.
https://www.letras.com/enrique-guzman/864426/
https://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Guzm%C3%A1n_(cantante)
La imagen se obtuvo gracias a los servicios que proporciona GROK.




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