LE BAISER DE RODIN
Buenas noches nocturnas… A algunas cosas se llega tarde. Sin excusas: es servidor quien llega tarde, de modo que no desvío el foco. Es la verdad. Llego con retraso al día del beso, en esta ocasión: Día Internacional del Beso, que se llama, celebrado ayer lunes. ¿Hubiera sido de otro modo si hubiera reparado en la citada circunstancia social? Creo que no. No, porque lo que diré a continuación diferiría poco de la comunicación prevista para comentar un acontecimiento como el aludido.
Y es como acabo de mencionar, ya que, ante los besos, mantengo la misma postura: se dan y se ofrecen, se comparten de manera natural en función del trato que se tiene con otras personas. Es verdad que muchos de mis semejantes besan a sus mascotas o besan objetos que son de su predilección. Pero, a la hora de besar, no será ese mi caso.
Ahora bien, independientemente de la opinión que tenga yo de las fiestas, tampoco conectada con valores mayoritarios, me llama la atención que se festeje el beso sin reparar en las intenciones. Los besos no son autónomos, digan lo que digan los poetas. Somos quienes besamos los que damos verdadero sentido a un gesto presuntamente afectuoso.
Para los besos, como para otros ademanes de proximidad, contamos con innumerables medios de tergiversar los significados y propiciar, por ejemplo, la traición: la deslealtad, la alevosía, la infidelidad, el engaño, la felonía, la ingratitud, la infamia, la vileza, la insidia, la delación, el perjurio, el complot, la maquinación y la conjura. Y no me refiero al más cercano de los referentes icónicos: Judas Iscariote. Es a quien siempre se visita cuando se toman en cuenta las distintas modalidades de perjuicio que pueden acarrear los besos ejecutados con ánimo de dañar. Sin embargo, salvo por esta consideración, que descanse en su columpio el suicida.
El beso que traigo para esta postrera mención a lo que, al menos en sus más aceptables versiones, debiera ser pan nuestro de cada día, es otro beso fatal: «El beso de Rodin».
Con este motivo, cedo la palabra a Lucía Montejo, historiadora del arte y profesora, en *Hojas de Acanto*:
«Esta escultura impresionista de 1889, a menudo utilizada popularmente como símbolo del amor, encierra una historia de traición, celos y muerte. La escena, que muestra una pareja desnuda besándose, está inspirada en un fragmento de la *Divina Comedia* de Dante Alighieri; en concreto, el poeta italiano utiliza a los protagonistas, Paolo Malatesta y Francesca de Rímini, como ejemplo de lujuria en la cántica del *Infierno*, representando el beso adúltero de ambos personajes, emparentados como cuñados. La doble traición es descubierta por Giovanni Malatesta, marido de Francesca y hermano de Paolo, quien los asesina».
Llevan algunos besos a la tragedia e importunan el ánimo de los tranquilos, puesto que su demostración evita toda complacencia romántica. Son quienes los reparten solo para su provecho, responsables de cuanta fatalidad quedó registrada en distintas manifestaciones del arte y en la vida misma. Por lo tanto, puede que haya poco que celebrar y, si se hace, que resulte una iniciativa emprendida con todo el cuidado que necesitan las cosas frágiles.
Por cierto, ¿qué harán hoy los que festejaron ayer con besos de un solo uso, válidos nada más para ese día magno que fue lunes?
Me destoso.
https://www.eldiario.es/spin/dia-internacional-beso-13-abril-historia-hay-detras-pm_1_13133797.html
https://www.hojasdeacanto.com/post/el-beso-en-el-arte-celos-traicion-y-muerte
La imagen, una escultura del artista francés Auguste Rodin, aparece en la Wikipedia:
https://es.wikipedia.org/wiki/El_beso_%28Rodin%29




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