NADIE
Buenas noches nocturnas… Los aerogeneradores son «aparatos que transforman la energía eólica en energía eléctrica mediante rotores de palas». Se admiten a regañadientes. Quienes participan de la conversación pública estiman extemporáneo su emplazamiento, pues afean el horizonte. Y, como vivía no lejos de una de esas «formaciones» de molinos, recordaba las últimas disputas sin que, en cada ocasión propicia para el recuerdo, dispusiera de nuevas evidencias a las que acudir si alguna vez decidía permutar los principios acuñados.
No obstante, de vacaciones en una localización apartada, pues deseaba soledad, paseó por las cercanías de un pequeño cementerio rural. Se trataba de un paisaje abierto y ventoso. Desde el monolito que se alzaba al otro lado de la verja, en el exterior del recinto, antes de regresar al lugar en el que se alojaba, tuvo tiempo de examinar a esos que don Quijote también hubiera tomado por gigantes, aunque alienígenas. Detalles de una instalación a la que lo llevaba una extraña concordancia: había resuelto que, si allí donde hay una lápida puede descansar un muerto, y no hay otras tumbas, y no suele haber rastro de presencia humana, salvo la de él mismo, merecía la pena venir y acompañar a ese finado contándole una historia. Un cuento, una vivencia, una ficción, en suma, de cuyo testimonio daría fe la piedra de colores elegida para la ocasión y depositada sobre la tierra que debiera ocupar el finado, fuera hombre o mujer.
Tras depositar la piedra elegida, reparó en un detalle que lo acompañaría desde entonces. Como la piedra llana, sujeta contra el viento, estaba allí sin otra llamada que la de su propio menester material, quien hubiera dado con sus huesos en ese paraje santo decía de sí tanto como la nada. Por lo tanto, lo llamó Nadie.
La primera historia que conoció Nadie de boca de su nuevo compañero, a lo mejor con la excusa de la idea de proporcionar una piedra por relato, un canto que traía ya vestido de color, fue narrada con el recuerdo de la extraordinaria ciudad de Córdoba. Porque dicen que, en la calle Armas, que está situada en el casco histórico de la «Bética madre en quien florece el río», a pocos minutos de la Mezquita-Catedral, hay un objeto tomado como ejemplo de romanticismo que a muchos estimula.
Se trata de una pequeña piedra pintada de rojo con forma de corazón. Un testigo, tal vez un faro. De acuerdo con la versión que ha ganado más adeptos, digamos que todos los meses la modesta forma acorazonada perteneciente al mundo mineral aparece lustrosa y como recién concebida.
¿Magia? No. Existe una anciana encargada de tales maravillas. Una mujer que hace lo que hace fiel a una promesa. Una consecución mensual producto de la promesa que le hizo a su marido poco antes de que este muriera. Él pintaba corazones para ella y, por eso, como este testigo casi inalterable del tiempo conserva siempre la misma apariencia, la enamorada lo deja en el sitio donde se encuentra para que, si el difunto viniera a visitarla, supiera que su amor lo recibiría sin falta.
Esta piedra encarnada de Córdoba, por estos oficios de la confianza constituida en cuento, se quedó entre las otras de distintas tonalidades y brillos, correspondiente cada una de ellas a las historias que dejó allí, dichas de viva voz, como cuando se habla para una reunión humana de innumerables personas. Sostenidas en el aire primero y luego quietas para la eternidad como testigo, compañía y distracción. Seguro que, bajo la tierra, todo es muy aburrido.
Y, hasta un día, si acaso bajo aquellos suelos no reposara ser que hubiera vivido anteriormente, él mismo podría ocupar la plaza, abrigado por esa anticipación.
https://viajar.elperiodico.com/escapate_cerca/piedra-corazon-rojo-cordoba-128430686
https://cosasdecordoba.com/poemas-a-cordoba/
La imagen pertenece a JT Mills y aparece publicada en:
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