SARDINE-BLOOD
Buenas noches nocturnas… En un artículo que leí mientras examinaba un listado de las piezas que, para la publicación en línea HuffPost, escribe Uxía Prieto, aparece el siguiente párrafo:
«Las sardinas son un alimento que aporta proteínas y mucho omega 3. Además, tienen un alto contenido en calcio y vitamina D. Por ser ricas en ácidos grasos omega 3 marinos, pueden desacelerar el envejecimiento biológico, probablemente al favorecer que la disminución de los telómeros sea menor», explica Elena Vargas, dermatóloga del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica de la AEDV y del Hospital Severo Ochoa de Leganés.
Tiene que ver con una nueva moda. Al parecer, los profesionales y comerciantes, a los que, por regla general, se alude con el tratamiento de «influencers», estiman —por propia experiencia o por valoración delegada— que estos pescaditos, incluidos en la dieta, ofrecen una modificación orgánica tal que los haría responsables de mejoras en el aspecto y la salud de las personas.
Si esto fuera «verdad de la buena», ya comunico que me mantendré al margen de la belleza…, cosa que, por otra parte, es una realidad a la que me atengo en mi caso. Pocos alimentos de mi dieta proceden del medio acuático. Si fuera a pasar hambre, aún lo consideraría, pero…
En fin. Sardinas. Pongo en marcha la máquina de resonancias que está instalada en algún lugar de mi cerebro y, si repito «sardinas», escucho…
Por el mar corren las liebres.
Por el mar corren las liebres.
Por el monte las sardinas, tralará.
Por el monte las sardinas, tralará.
Por el monte las sardinas.
Ya saben a qué canción pertenece esto y cómo ha de vincularse con el imaginario infantil. Y, como entre el patrimonio de los niños, como receptores de un bien, están los cuentos…
El párrafo anterior, para cambiar de escena y de asunto sin dejar de lado los materiales propios de este comunicado, prosigue a continuación con otra pieza alusiva: así se garantiza la continuidad.
Entonces, las sardinas en los cuentos. O los peces. ¿Qué hacen?
Los expertos dicen:
«Los peces sí pueden ser mágicos, pero suelen ser singulares (pez dorado, pez parlante) y no aparecen como alimento crudo consumido con efectos mágicos. En cuentos como el del pescador y el pez dorado (variante difundida por Alexander Pushkin), el pez concede deseos, pero no se come: su poder depende de mantenerlo vivo».
Así que, para que el pez, la sardina o lo que fuere ofrezca signos de poder mágico, no puede cocinarse. Las latas que se venden para darse un festín no obran milagros. No. La tradición lo asegura.
Lo que procede —y sucede, por ejemplo, en algunos lugares de la Polinesia— es comerlas crudas. Esto, por sí solo, no garantiza efecto alguno. En todo caso, algunos pescadores, no de los que faenan con anzuelos o redes, saben identificar a los escasísimos ejemplares que pueden conferir la capacidad de obrar maravillas.
Entonces sí. Si la sardina es uno de esos pescados con cierta edad y reúne las características propias de todo ser prodigioso, al consumirse sin cocinar sus poderes —transferibles— pasan al torrente sanguíneo del comensal y se comportan como la picadura de la araña en el cuerpo de Peter Parker.
Pero, claro, esto no es tan sencillo como dibujar un tebeo. Dicho sea con todo el respeto por quienes desarrollan este arte. Es solo una forma de hablar, por más que equivocada, lo admito.
Así que voy a investigar por si en algún lugar el legendario poder de las sardinas nos proporcionara, al menos en ciernes, algún superhombre o supermujer.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.





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