MEJORA
Buenas noches nocturnas… Atribuyen a Esopo la fábula de la rana y el buey. El anfibio contempla cómo, no lejos de su posición, un buey pasta. El tamaño del macho bovino es impresionante desde el punto de vista de la ociosa protagonista. Llega así a una conclusión: basta con inflarse —cosa que, cuando quiere, no se le da mal— para aumentar de tamaño hasta codearse con el imponente herbívoro.
Sin embargo, necesita una certificación externa. Pregunta a sus amigas si, efectivamente, ha crecido lo necesario y, como cosecha negativas, sigue hinchándose hasta que su cuerpo estalla… Porque la mejora, además de catastrófica, llevada por el empecinamiento hasta el extremo, es —o puede resultar— insuficiente incluso frente a datos objetivos que puedan aportarse a fin de consolidar los valores que se hayan puesto en juego.
Mejora quien mejora, pero su alivio puede resultar un bien o una pena. Pongamos por caso el de un sanitario que trata a un paciente en estado grave. El sujeto, al cabo del tiempo, merced a los cuidados que se le proporcionan, va recobrando la salud. Es decir, se sobrepone. Sus constantes vitales cambian hasta el punto de acercarse a lo genuinamente positivo. No cabe duda de que el médico acaba de obtener un triunfo inobjetable. Mas, ¿lo es?
La respuesta a esta pregunta tiene, al menos, dos consideraciones distintas cuando se pormenorizan los detalles del suceso. El galeno, profesional sin tacha, pertenece al equipo encargado de mantener la salud de los reclusos que permanecen en custodia dentro de una institución penitenciaria. El enfermo es un asesino en serie.
Esto significa que, desde las circunstancias profesionales del funcionario, todo se ha llevado a cabo con un grado creciente de eficacia. Sin embargo, enterados del incidente, los familiares y amigos de las personas que fueron víctimas de ese criminal considerarán un grave infortunio la noticia de su recuperación.
Y esta divergencia no se limita al ámbito moral o humano: se extiende a cualquier situación en la que intervengan intereses o formas de vida distintas.
De modo que «mejora», sí, pero depende. ¿De qué depende? Como decía la canción de Jarabe de Palo:
«Depende
Depende, ¿de qué depende?
De según cómo se mire, todo depende.
Depende, ¿de qué depende?
De según cómo se mire, todo depende».
Lloverá mucho y se detendrá la lluvia. Saldrá el sol, manera de referirnos al efecto de la dispersión de las nubes. Cabe proponer, en consecuencia: «El tiempo ha mejorado». De acuerdo, dirán los suricatos, los reptiles, los lémures, los gatos, las mariposas monarca, diversas especies de aves, los hipopótamos, incluso los jabalíes africanos.
Y no debe extrañar si, a la voz de «¿Pero qué es esto?», replican con enojo los anfibios, las lombrices de tierra, los caracoles y babosas, los mosquitos y algunos otros insectos, las garzas y otras aves de humedales, los mamíferos de pantano y las cucarachas.
Si hay valores, si hay beneficios e intereses, el parecer de unos choca con el de otros y, salvo que los hablantes se manifiesten en conformidad con algunos sobreentendidos, todo lo que se pueda sacar en claro proviene de la negociación, del acuerdo, de situar las cosas en su sitio.
En la fábula del asno y del caballo, también atribuida a Esopo, un hombre gobernaba la existencia de un caballo y un asno a fin de obtener rendimiento de la capacidad de ambos animales para cargar con mercancías. El asno, a punto de desfallecer a causa del peso que se le asignaba, solicitó ayuda al caballo. Encontró nula receptividad por parte del equino y, poco después, murió. Acto seguido, el dueño de los animales dispuso que el caballo realizara su tarea y la del fallecido asno también.
Seguramente el caballo realizó un cálculo equivocado. Pensó que la muerte del asno le beneficiaría: «Más pienso para mí». La mejora.
Y no: tal vez nada mejora sin que en otro sitio se produzca un grave retroceso. Y, si puede ocurrirte a ti, te ocurrirá. O a mí.
Me destoso.
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona ChatGPT.





Comments
Post a Comment