MI TESORO
Buenas noches nocturnas… Tengo un mapa, un plano en el que se representa el itinerario informativo que ha dado lugar a esta porción de realidad —o de ficción— que ahora comienza. He de reconocer que se trata de un modelo rudimentario. Carece de ilustraciones artísticas y todo lo que se recrea son marcas situadas de acuerdo con un orden sucesivo, como la equis que señala dónde hay que excavar para encontrar el tesoro, al lado de las cuales hay un nombre.
Junto a la primera, Arcadi Espada y Yaiza Santos, «habitantes» del pódcast «Yira yira». Como ya he señalado en otras ocasiones, estas dos personas —periodista y escritor, él; periodista y editora, ella— conversan. O, mejor dicho, Arcadi perora y Santos interviene puntualmente. Por lo tanto, Yaiza escucha, lo cual es muy de agradecer. Como hago yo.
Sale a colación el nombre de Vito Quiles. Otra equis en mi mapa. Sé quién es por sus actos, que son frecuentemente pregonados y, sin embargo, no encuentro información imparcial alguna. Lo último que sucedió, y que es objeto de comentario durante la emisión a la que acabo de referirme, resulta otro escándalo. Por lo visto, con el pretexto de actuar como periodista, intentó abordar —o lo hizo, no estoy seguro— a la esposa del presidente del Gobierno, que estaba en un lugar público a título particular.
He conocido noticias según las cuales Begoña Gómez habría denunciado por acoso a Vito Quiles.
Y me parece bien. Los jueces deben dirimir este tipo de casos.
A mi entender, los periodistas no debieran ir por las calles dispuestos a entrometerse en la vida de otros, por muy conocida que sea su actividad. Menos aún cuando quienes podrían ser objeto de su interés niegan cualquier contacto. De hecho, lo educado es preguntar antes si la persona indicada admite ser entrevistada y, luego, cuando se haya obtenido permiso, realizar las preguntas.
Eso, los periodistas. Los que no lo son...
Ahora bien, ¿qué dice la ley? No tengo ni idea. Pero la ley existe. Los jueces son aquellas personas que hemos decidido que deben estar al frente de la aplicación de las normas. Y, si las leyes están mal o se necesita una modificación porque no están sirviendo, los legisladores deben reformarlas o aprobar otras nuevas.
Mas, ¿en qué va a quedar este recorrido?, se estarán preguntando ustedes. De momento, no hay tesoro alguno. Pues verán que, tal vez, sí. Lo que pasa con los tesoros es que no siempre están a la vista. No tanto como desearíamos.
Porque estuve pensando en los otros famosos. Hablo de los músicos, los actores, los periodistas y presentadores de televisión, la gente adinerada, a quienes se menciona en las publicaciones llamadas del corazón. Los famosos pedestres. Muchos de extraño oficio y notable beneficio.
A estos también los abordan y persiguen otros Vitos. Los acosan, desde luego. Son fotógrafos de prensa —dicen— que persiguen a las celebridades para captar imágenes sin su consentimiento, a menudo invadiendo su intimidad. Por lo que sé, el término deriva de «paparazzo», un personaje de la película «La dolce vita», y se asocia con el chisme, la cultura de la fama y la venta de exclusivas. Y, además de los fotógrafos propiamente dichos, hay «reporteros» que trabajan para reputadas empresas de comunicación, o no; están los que acuden a los juzgados para lograr siquiera un eructo de parte del personaje en cuestión, o los que recorren las calles en busca del famoso venido a menos, en horas bajas, a ver si llora o rompe el mobiliario urbano, rojo de ira.
Pues bien, ¿para cuándo un estatuto del famoso? En la fiesta del día 1 de mayo, fecha en la que cada vez menos personas salen a las calles para adorar a los secretarios generales de los sindicatos mayoritarios y sus comparsas, es legítimo reclamar una cosa así. Ya va siendo hora, me parece.
Los artistas y los espectáculos, en España, tienen su regulación. Los deportistas profesionales también. Existe una ley orgánica que recoge el «derecho a la propia imagen» y el «control sobre el uso público y comercial». Hay un «Reglamento General de Protección de Datos». Incluso pueden invocarse normas, dentro de la «Ley General de Comunicación Audiovisual», que protegen a los influencers.
Esto que propongo aquí sería como el anillo único. Uno para dominarlos a todos.
Es decir, «mi tesoro»… ruego se lea esto con el mismo soniquete que empleó Andy Serkis en las películas de «El señor de los anillos» al interpretar a Gollum.
Y, como dice una muchacha —Naira Martínez Tezanos— de la que he visto vídeos en Instagram jugando con una peonza que domina a las mil maravillas, al acabar su truco, «ya estaría».
Me destoso.
https://open.spotify.com/show/5S0EbeLFy9uaGOjlYhGmN0
https://www.instagram.com/p/DW4h9XVDS2u/
La imagen se obtuvo mediante los servicios que proporciona GEMINI.




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